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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La Estrella de Belén

Pedro J. Piqueras (Gerona)
Redacción
jueves, 30 de diciembre de 2010, 16:02 h (CET)
El día 28 hemos celebrado la fiesta de los Santos Inocentes, aquellos niños que el cruel Herodes mandó degollar, “a todos los niños de dos años para abajo decía el edicto”. Según cuenta San Mateo, (Mt. 2, 1-16) que unos sabios, supuestos astrónomos, habían visto una brillar estrella en el Oriente que les había conducido hacia Belén, porque allí nacería el Rey de los Judíos. La habían perdido justo cerca de ese pueblo y no sabían cómo llegar, razonablemente se dirigieron a quien les podía informar, fueron a preguntar al rey por si él sabía algo sobre el nacimiento del Niño que les indicaba la estrella. Herodes después de oírles atentamente, consulto a los sabios y consejeros de reino, ¿alguien sabía dónde y cómo nacería ese Niño-Rey? Una vez informado, indico a los Magos el camino hacia Belén, expresándoles que volvieran a notificarle para ir él también a adorarlo. La verdad era otra, por miedo a que le quitara su reino, “la poltrona”, quería matarlo y así perpetuarse en el poder. A los Sabios les fueron revelados en un sueño los propósitos de Herodes. Estos marcharon por otro camino distinto. Herodes al verse engañado por los Magos y por el miedo a perder aquello que tenia, cometió la crueldad que ya conocemos.

Pues bien, aquí en España tenemos muchos herodes (consejeros y consejeras, médicos abortistas, legisladores, etc.) que quieren hacer negocio del ser humano antes de que nazcan, a algunos de los niños, como Herodes, los degüellan, a otros los matan el seno de su madre, a otros, los más, los sacan miembro a miembro –despedazados-, a otros los tiran al cubo de basura, finalmente, los que no cuentan en las estadísticas, algunos no llegaran ha formarse por culpa de la píldora abortiva. Estos herodes (hombres, mujeres y muchas de las que abortan), son los que luego vemos que acarician a los hijos de aquellas madres valientes, mostrando que ellas no tuvieron narices ni valentía para seguir con su embarazo y decidieron abortar para quitárselo, tal vez por miedo a perder, como Herodes su reino. Su reino puede ser su libertad, su comodidad, el deseo de placer sin compromiso, etc. Son aquellas muchas mujeres que vemos tristes, amargadas, pensativas, alguna hasta llorando por el hijo que le arrancaron de sus entrañas. ¡Pena! ¿No les parece? No sabemos como siguió la vida de Herodes, pero si que fue corta.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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