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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La cuenta atrás

Lorenzo de Ara
Redacción
jueves, 30 de diciembre de 2010, 15:53 h (CET)
El bolsillo del españolito enflaquece. Los economistas aseguran que el empeoramiento de la salud de ese bolsillo en 2011 seguirá agudizándose. Todo lo que cuesta dinero –hasta el amor- se encarece. No hay respiro. El españolito empequeñece y se siente observado por un gran ojo que le acusa de todos los males. No hay castigo para el poderoso. Lo que hay es un varapalo al españolito que nunca ha tenido nada, y al que mintieron con fiestas, oropeles, datos macroeconómicos y ocupación de sillas en reuniones de ricos. Todo se desintegra.

La luz, el agua, el gas, el teléfono, la vida entera, todita la vida para que no se mueva con ligereza un cierto optimismo. Dicen los sabios que así nos equiparamos a la Europa civilizada y social. Pero los bolsillos por aquí abajo siguen vacíos. Los sueldos son un insulto, la ayuda a la familia –denostada pero baluarte para no caer en el abismo- no existe, el paro es el infierno en casa. Y dicen que todavía hay guardados en el cajón del otrora optimista antropológico, otras medidas más severas, todavía con un mayor grado de despiadada insensibilidad.

Y el castigo nos lo propina el hacedor de libertades, el sujeto que llegó con la mentira en la boca, con la zafia y mostrenca adulación, con la convicción de que al españolito se lo podía hacer cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier circunstancia: robarle, insultarle, despojarle de sus derechos, humillarle sin piedad.

La crisis económica –nos olvidamos de la otra, la que mordisquea el corazón y la cabeza todos los días-, ha servido para que algunos, no todos, vean con claridad que los mandamases de esta democracia corrupta y sucia se aferran al poder con la trampa y el cautiverio de un voto cada vez con menos peso y valor.

Los políticos aparecen en la tele italianizada y nos hablan del trabajo que realizan para que se salve lo del bienestar social. Trabajemos más, cobremos menos, y así todos felices en la vejez con dieta mediterránea. Los políticos ya no aburren, ahora asquean, porque mientras nos exigen sacrificios, ellos entregan poco, siempre sonríen, y con ocho añitos currando a su manera, tienen una pensión tan alta como inmensa es la ruina del españolito.

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