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Una de tradiciones

Pablo Lázaro
Pablo Lázaro
jueves, 30 de diciembre de 2010, 08:19 h (CET)
Otro año que se acaba, y todos pensamos ya en lo que nos va a deparar el próximo: salud, felicidad, amor, éxito, dinero… y buena suerte. En definitiva, un próspero año nuevo. Como manda la tradición, la mayoría de los españoles despediremos el nuevo año con una copa de champán y las doce uvas de rigor, que comeremos al ritmo de las doce campanadas para atraer la buena fortuna para el venidero.

Como ocurre con muchas tradiciones, solemos repetir este gesto año tras año de forma instintiva, sin pararnos a pensar en el por qué. Lo hacemos “porque es lo que se hace” y “para tener buena suerte”. Pero, ¿cuál es el origen de las doce uvas?

Según parece, ya en el siglo XIX existía la costumbre entre los burgueses españoles, importada de la aristocracia francesa y alemana, de comer uvas y champán durante la cena de Nochevieja. Pero fue por el año 1896 cuando empezó a extenderse entre las clases populares de la capital. Ese año, un grupo de madrileños, a quienes se le había prohibido mediante una ordenanza municipal “desfasar” en la noche de Reyes, decidieron ironizar la costumbre burguesa, acudiendo a la Puerta del Sol a tomar las uvas al son de las campanadas.

En pocos años, la costumbre empezó a ser conocida fuera de la capital y algunas ciudades siguieron su ejemplo, pero no fue hasta 1909 cuando se convirtió en cita obligada para todos los españoles. Ese año, los agricultores de Murcia y Alicante se encontraron con un excedente sin precedentes de uva, y decidieron aprovechar la incipiente moda para sacar al mercado la producción. Lanzaron una campaña para convencer a todos de que despedir el año de esta forma sería sinónimo de fortuna y felicidad. De esta forma, lograron popularizar la costumbre y darle el impulso definitivo que, desde entonces, acabaría por convertirla en consolidada tradición, tal y como la conocemos hoy en día.

Así ha sido en nuestro país, y en algunos de América Latina como Argentina o México, pero en cada lugar tienen diferentes tradiciones: en Italia celebran la “notte di Capodanno”, donde no faltan las lentejas, en Noruega acompañan con aguardiente y cerveza la típica cena a base de pescado, y en Inglaterra nunca falta el Pudding de Navidad. Las hay para todos los gustos.

Todas estas costumbres tienen su explicación, diferente según la cultura y el devenir histórico de cada país. Clima, influencias externas, épocas de abundancia y otras de crisis económica, todo ello influye y converge en una noche especial para todo el mundo, que no entiende de religiones, creencias o ideologías. Nos limitamos a celebrar el fin de una era, porque a todos nos gustan los finales felices, y a desear a todos nuestros seres queridos que el próximo año sea mejor.

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