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Etiquetas:   La delgada línea roja   -   Sección:   Opinión

Las cuentas opacas de las ONG

Antonio Pérez Omister
Antonio Pérez Omister
@esapo1
jueves, 30 de diciembre de 2010, 08:04 h (CET)
Felipe González fue presidente del Gobierno de España entre 1983 y 1996. Entre sus “hazañas” más destacables figura la creación en 1986 de La Fundación Española para la Cooperación y Solidaridad Internacional. Ahora, como recompensa a su cuestionable gestión al frente del Gobierno de España, que se vio notablemente afeada por las acciones terroristas de los GAL, y diversos casos de corrupción por los que fueron condenados varios de sus colaboradores, Felipe González ha sido recientemente “enchufado” en Gas Natural Fenosa como consejero independiente. Un eufemismo para definir un cargo ficticio consistente en recoger la pasta gansa a fin de mes sin necesidad de dar un palo al agua.

Este bochornoso ejercicio de nepotismo ha sido perpetrado cuando a los pensionistas se les escamotea hasta el último céntimo de su raquítica pensión. Para más inri, a éste, además del “pensionazo” como ex presidente, ahora le complementan la jubilación con un sueldazo que saldrá de los bolsillos de todos los españoles a través del aumento de las tarifas del gas y la electricidad. La subida de estos servicios básicos servirá, entre otras cosas, para hacer más ricos a los accionistas de estas compañías gasistas y eléctricas, y para pagarle un inmerecido sueldo al “compañero” González. A este nauseabundo tráfico de influencias se resume el ideario político de unos socialistas que presumían de haber observado “Cien años de honradez”. Desde entonces han pasado otros cien años.

Para congraciarse con la opinión pública, y hacerse perdonar alguno de sus muchos pecados, este millonario paniaguado ha declarado recientemente que pudo matar a la cúpula de ETA en 1989 y no lo hizo; y que, sin embargo, si dos años antes hubiera tenido la ocasión de ordenar la muerte de los etarras que atentaron en Hipercor, y salvar así a las 21 personas que fallecieron en el supermercado barcelonés, probablemente habría dado el visto bueno.

¿Más terrorismo de Estado? No, gracias. A la banda terrorista hay que combatirla con la ley en la mano, hacerlo de otra manera deslegitimaría la esencia misma de la lucha antiterrorista. El señor González y sus correligionarios olvidan a menudo que, por vivir en un estado de derecho, todos los españoles estamos sujetos al cumplimiento de la Ley.

No obstante, el escándalo que desató este sujeto con sus inoportunas declaraciones hace algo más de un mes, al desvelar que se planteó la posibilidad de acabar, mediante una acción terrorista, con la dirección de ETA, y que aún hoy no sabe si acertó al negarse, ha servido para desplegar una oportuna cortina de humo sobre otros asuntos que le afectan más directamente.

Resulta que el PP quiere ahora que las ayudas a La Fundación Española para la Cooperación y Solidaridad Internacional, fundada por González, y que años más tarde presidió Leire Pajín, sean auditadas por haber recibido 34 millones en seis años y estar gestionada por varios individuos que fueron ministros de Felipe González. En consecuencia, dignos merecedores de la más profunda de las desconfianzas.

Desde la llegada de Zapatero a La Moncloa, esta ONG (La Fundación Española para la Cooperación y Solidaridad Internacional) ha visto incrementadas las subvenciones estatales en un 45 por ciento. Algo que resulta chocante si tenemos en cuenta que se supone que las “organizaciones no gubernamentales” (ONG) no están sujetas a ningún control del Estado, pero, al mismo tiempo, no hacen ascos a las suculentas dádivas del Estado, libres de impuestos y de cualquier auditoria, fiscalización o control parlamentario. Vamos, como si de unos “fondos reservados” se tratase.

Unas generosas subvenciones que, además, no han disminuido, sino todo lo contrario, han aumentado considerablemente a pesar de la grave crisis en la que nos hallamos inmersos desde hace bastante tiempo. En realidad, desde el mismo aciago día en que Zapatero fue elegido presidente.

“Somos una organización no gubernamental para el desarrollo no confesional, progresista e independiente”. Así de ambiguamente se define, en su página web, esta peculiar ONG dirigida desde sus inicios por iniciados socialistas, y que estuvo liderada durante cuatro años (desde 2000 a 2004) por la ex secretaria de Organización del PSOE, y actual ministra de Sanidad, Leire Pajín.

De esta sospechosa ONG, donde dice “no confesional” debemos colegir anticristiana y proislamista; donde dice “progresista” léase excluyente y de proyección exclusiva a la élite de nuevos ricos vinculados al PSOE; y por independiente, debemos suponer que se refiere al hecho de no estar sujeta a ningún tipo de control para poder dilapidar a su antojo el dinero que le regala el Gobierno. Un dinero que no es del PSOE, sino del Estado. Es decir, de todos los españoles. Incluidos los católicos, los pensionistas y los parados.

Actualmente, al frente de La Fundación está Juan Manuel Eguigaray, que fue ministro de Administraciones Públicas de 1991 a 1993. Uno más de los innumerables “sin rostro” que debido a su mediocridad innata, pasaron desapercibidos para la mayoría de los ciudadanos de este país. Entre los vocales de la organización se encuentran otros zascandiles de los que se intuye, o se sabe, que tomaron parte en los gobiernos socialistas de la olvidable etapa de Felipe González, como la balbuciente Rosa Conde, ramplona y entrecortada vocera del ejecutivo socialista hasta 1993; o Santiago de Torres, subcomisario político de Cultura. Todos miembros del Partido.

Además de estos “recomendados” de postín también figuran currutacos como Xoan Cornide, director de la Fundación Ideas (¿qué ideas?), Enriqueta Chicano, comisaria de la Federación de Mujeres Progresistas (¿?) y ferviente militante socialista; y una sujeta llamada María Virtudes Monteserín, diputada del PSOE por Asturias y que también ostenta la vicepresidencia de dicha ONG. Es de suponer que sus “virtudes” y buen hacer como diputada del PSOE le dejan mucho tiempo libre para dedicarse a estas obras filantrópicas donde se mueven importantes sumas de dinero. No obstante, damos por sentado que todos éstos, y éstas, realizan su labor en La Fundación de forma desinteresada y altruista. Impelidos a hacer el bien por su buen corazón y su profundo sentido de la caridad, siempre que no sea ésta de inspiración cristiana.

La Agencia Española de Cooperación Internacional es la encargada de financiar a La Fundación, que recibió, que se sepa, y hasta diciembre de 2004, 12,2 millones de euros procedentes del Estado. Es decir, de esos mismos pensionistas, parados y asalariados, a los que ahora el PSOE ha recortado sus ya de por sí escuálidas pensiones, subsidios y salarios. Congelados, liofilizados y cubiertos de gruesa escarcha desde hace más de dos décadas.

Todo sacrificio es poco para que a estos zánganos no les falte de nada. Por esto, en los Presupuestos Generales de 2005, los primeros de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente, su gobierno otorgó a La Fundación 21,77 millones de euros hasta 2009, lo que supuso un incremento del 45 por ciento de un porrazo. Para el periodo 2010-2013, el ejecutivo socialista ha aumentado la financiación de La Fundación hasta los 30 millones.

Todo esto en plena crisis, y a pesar de los recortes de salarios y pensiones impuestos por bemoles a unos adocenados ciudadanos que han asumido el trágala sin rechistar. Como de costumbre. Al menos, siempre nos quedará Belén Esteban para hacer más llevaderas nuestras anodinas vidas con sus chismes de alcoba.

La política de ayudas estatales emprendida por el gobierno de Zapatero incumple, según el PP, la Ley General de Subvenciones, que establece un límite de 20 millones de euros procedentes del dinero público para las opacas cuentas de las ONG.

Lo que no entendemos algunos es que si éstas son organizaciones no gubernamentales, por qué se han de beneficiar del dinero de Estado. Otra cosa es que sus integrantes gasten su propio dinero en lo que les venga en gana. Nada que objetar mientras sea su dinero, no el nuestro. Porque, seguramente, si le preguntan a un parado o a un pensionista qué prefieren; que sus impuestos se dilapiden en África o en el Altiplano andino, o bien que sirvan para pagarles a ellos sus subsidios y pensiones, elegirán lo segundo. La caridad empieza por uno mismo.

Si un grupo de sofisticados “progres” quieren experimentar las emociones del París-Dakar, que lo haga, pero con su dinero. Si unas mujeres progresistas y militantes del PSOE, quieren experimentar en sus propias y trémulas carnes las experiencias de Debra Winger en “El Cielo Protector”, que lo hagan. Siempre que se rasquen el bolsillo para costearse sus caprichos.

Es exigible que no se subvencionen esas “vacaciones pagadas” de unos cuantos privilegiados, con el dinero de pensionistas y desempleados. Y mucho menos, que se desvíen fondos públicos para pagar sospechosos “rescates” a grupos, supuestamente terroristas, pero que actúan como auténticos bandidos. El bandolerismo en esa región motivó que el famoso rally París-Dakar se trasladase a Sudamérica. Luego, si se sabe fehacientemente que ésa es una zona de alto riesgo: ¿por qué se permite que partan caravanas “humanitarias” hacia esos lares? Ni por un momento se nos ha pasado por la cabeza que todo forme parte de un montaje. Pero lo cierto es que da en qué pensar.

Por otra parte, la risueña expresión en el granítico rostro de alguno de los secuestrados, no la hemos visto en ninguno de los desafortunados rehenes de Al Qaeda en otras partes del mundo. ¡Ya está bien de burdas tomaduras de pelo!

Esta cuestión, nada baladí, unida a la cuantía de las subvenciones que el ejecutivo socialista está haciendo en una situación de profunda crisis económica como la actual, ha impulsado al Grupo Popular en el Congreso de los Diputados a realizar una Proposición no de Ley para que el gobierno de Zapatero incluya las ayudas a La Fundación Solidaridad Internacional en el Plan Anual de Auditorías.

Pero lo que debería haber hecho la Oposición en pleno, es exigir directamente la disolución de La Fundación, y de todas las ONG. Con la que está cayendo, no se puede despilfarrar el dinero público en el extranjero, al tiempo que se imponen dolorosos ajustes a los españoles más desfavorecidos. Que pregunten a los parados a los que les han suprimido por arte de birlibirloque los míseros subsidios de 426 euros, qué opinan de esa “solidaridad” practicada por progres ricos, con el mismo dinero que a ellos les niegan.

Y en el caso de mantenerse esas subvenciones, el Estado debería ejercer un exhaustivo control financiero sobre las mismas, determinando “quién” es realmente el destinatario final de las ayudas, y averiguando si el importe de éstas sobrepasa o no el límite legal. Es muy importante establecer si se ha desviado dinero público a través de las ONG para otros fines distintos a los que dicen promover.

Con motivo de las fiestas de Navidad, el PSOE ha emitido una felicitación en la que aparece el nombre y el logotipo de La Fundación Solidaridad Internacional, con el siguiente mensaje: “Esta tarjeta contribuye a la financiación de proyectos de lucha contra la pobreza en América Latina, África y Oriente Medio”.

Hay que ser muy sinvergüenza para seguir regalando fuera lo que ahora se niega a los de casa. Y utilizo el término “sinvergüenza” por no emplear otras palabras más gruesas plenamente justificadas.

En España, gracias a la pésima gestión del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, ya hay muchos pobres. No hace falta ir a buscarlos a remotos desiertos ni a lejanas montañas.

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