Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Y guárdanos de nuestros cacharros

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 30 de diciembre de 2010, 07:59 h (CET)
WASHINGTON - Sr. presidente, por favor, no lo haga.

Adelante, si no hay más remedio, y baje los impuestos. Recorte el gasto público. Derogue la reforma sanitaria. Lo entiendo. Las elecciones tienen consecuencias. ¿Pero las BlackBerry y los iPad en el hemiciclo? Piénselo mejor, antes de que sea demasiado tarde.

El actual reglamento de la Cámara prohíbe el uso de "teléfonos móviles u ordenadores personales en el hemiciclo". Las nuevas normas, dadas a conocer la semana pasada, añaden tres palabras peligrosas. Prohíben cualquier cacharro "nocivo para el normal funcionamiento de la sesión".

En otras palabras, mientras baje el sonido del politono y no se pasee por el hemiciclo chateando con su corredor de bolsa o ayudando a los chavales con sus deberes, es libre de utilizar los cacharros todo lo que quiera.

Si el Senado es el órgano de deliberación más grande del mundo, la Cámara está a punto de ser el órgano twiteante más grande.

Un acuse de recibo antes. En primer lugar, no soy quien para hablar. Soy famosa por vigilar a hurtadillas alguna vez, ó 10, mi BlackBerry durante las reuniones. Durante un tiempo mi hija me tuvo puesto el tono de llamada de un pato graznando; siempre que con regularidad me olvidaba de dejarlo en modo vibración, el móvil empezaba a graznar durante las reuniones. En resumen, he perpetrado mi parte de alteraciones del orden.

En segundo lugar, vamos a no ser demasiado soñadores con el pleno. John Boehner, el presidente entrante, en tiempos repartía talones de campaña de tabaqueras. Uno de sus antiguos colegas llegó una vez a la sesión con una bolsa de papel en la cabeza para dramatizar su supuesta vergüenza con los descubiertos de sus correligionarios legisladores en las dietas de la Cámara. Cosas peores han pasado en el hemiciclo que una partida al Angry Birds -- ¡haga la prueba! - en el iPad.

No obstante, hay que poner límites y el hemiciclo no es mal lugar donde ponerlos. De alguna forma se ha vuelto aceptable enviar correos electrónicos en mitad de los debates. Hasta la autora de manuales de buenos modales Emily Post ha sucumbido a lo que en tiempos se habría considerado grosería, decidiendo que "pinchar en un dispositivo es correcto siempre que tenga relación con lo que se debate".

La guerra puede estar perdida, pero no la batalla por proteger parte del espacio vital que queda libre de artefactos electrónicos y sus distracciones. No estoy hablando de vivir como el ermitaño Henry David Thoreau en Walden Pond - sólo hablo de unos minutos de vida cotidiana sin estar enchufada a algo. Hay lugares - la mesa de la cocina, la iglesia, el colegio y sí, el hemiciclo -- en los que la multitarea es inapropiada, hasta irrespetuosa.

No es que todo el mundo vaya a estar absorto durante cada momento transcurrido en esos lugares. Pero es un error posibilitar y legitimar las inevitables transgresiones, y es saludable tener unos cuantos minutos de ausencia forzosa del adictivo mundo de la comunicación instantánea.

Y hay algo particularmente deprimente en el simbolismo de un hemiciclo como democracia fragmentada, con cada legislador individual encerrado en su burbuja tecnológica, más inmerso en el mundo virtual que en el órgano real. Estoy en contra del iPad en el hemiciclo por el mismo motivo que estoy a favor de dejar que el Presidente Obama conserve su BlackBerry. Es una manera de mantener la conexión - conexión del tipo humano.

La nueva mayoría representa el cambio como cuestión de actualizar "reglamentos arcaicos", tal como el presidente de transición Brendan Buck dijo a Major Garrett, del National Journal. "Prohibir el uso de todos los dispositivos electrónicos en el pleno de la Cámara es un obstáculo a la eficacia", dijo Buck.

Puede, pero la eficacia no siempre es lo primordial. ¿Qué pasa con la tradición, la dignidad, y ese concepto rancio, el orden? El juez Antonin Scalia ha dado lectura a escritos en su iPad, la juez Elena Kagan en su Kindle, pero sería desconcertante verlos presidir la sesión dispositivos en mano.

Hay algo encantador en el Senado como institución que conserva las escupideras pero prohíbe los smartphones. Al menos en teoría: como adolescentes que se envían mensajes de texto bajo la mesa de la cena, los senadores son famosos por saltarse el reglamento. Como informaba Michael Shear en el New York Times, el Demócrata de Massachusetts John Kerry estaba absorto en su BlackBerry el otro día mientras su colega de Pennsylvania Arlen Specter pronunciaba un discurso de despedida.

En la Cámara, el líder entrante de la mayoría, el Republicano de Virginia Eric Cantor, era sorprendido pinchando en su BlackBerry durante el discurso del presidente a una sesión de las dos cámaras del Congreso en materia de reforma sanitaria. (Cantor dijo estar leyendo el texto presidencial y tomando nota).

Pero un guiño previo no exige un gesto de aprobación actual. Sr. presidente, baje ese iPad.

Noticias relacionadas

Erradicar el virus

“Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo” Autor Desconocid

Dinamitar para perseverar

“Muchísimo cuidado con quién pacta el PSOE, que los que han fusilado nacionalistas en la historia de este país, nos han fusilado a los progresistas también”

Más de 700 artículos

Escribir es un puro disfrute para la mente

Cuando los golpistas hablan de golpe de Estado

“¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario” Mario Moreno “Cantinflas”

Mayor toma de conciencia

Hay que educar para el respeto. Solo así podremos convivir
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris