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Etiquetas:   Pulsiones de papel   -   Sección:   Libros

Navidad expresionista

Luis López
Luis López
martes, 28 de diciembre de 2010, 08:34 h (CET)
Edvard Munch definió, años antes de la fundación del movimiento artístico Die Brucke (El Puente), la premisa de los artistas expresionistas: "Estaba caminando por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes llameantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quede allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza”.

Podría decirse que la estética de El Puente fue la "estética del grito". El artista expresionista exterioriza su sentir de tal modo que pone su marca subjetiva en la representación del mundo entorno. La presión del pintor expresionista sobre el objeto, necesariamente tenía que producir significativas deformaciones de las apariencias que evocaban en sus cuadros o grabados. Lo característico de las obras expresionistas es una suerte de manifiesta aversión por la armonía y la belleza, una exclusión deliberada de lo agradable y lo elegante, y una ostentación de lo contrario: fealdad, miseria física, brutalidad, grosería. La primera impresión, ante un cuadro expresionista puede ser desagradable, pero concluye por verse reemplazada por un placer estético que se deriva del acierto con que el pintor ha sabido conciliar esas formas inquietas, irritantes, esos colores agrios, esas disonancias, esas estridencias, para alcanzar una vitalísima expresividad.

Si el nacimiento y el desarrollo de todas la literaturas fantásticas europeas están unidas al romanticismo, en Alemania todos los elementos sobrenaturales imaginables se habían convertido mucho antes en palabra escrita o habían poblado las pinturas y grabados renacentistas. El diablo y la muerte, los hombres lobos, los vampiros, las danzas fantasmales, los rituales, etc., son pretextos de los que se nutre el artista expresionista pero provienen de tiempos pasados. Un drama de Klinger, Sturm und Drang (traducible por Tempestad y Pasión) había dado nombre al movimiento que desde1770 a 1790 preparó la llegada del romanticismo.

Con éste despertar del genio germánico, revivieron también los antiguos mitos populares, sobre todo, el culto de la muerte y el sueño, y esa oscilación entre Eros y Thanatos que definen al romanticismo alemán y al género fantástico, que, en adelante, se impondría con esos sentimientos constantes de ensoñación, unidos a la atracción por el abismo de las tinieblas en una especie de revuelta contra el racionalismo. El consiguiente cultivo de la sensibilidad, que había continuado avanzando desde los inicios del movimiento romántico; y que en el curso del siglo XIX había recibido el apoyo de una variedad de fuentes; el misticismo revolucionario de Kierkegaard, el existencialismo de Heidegger, las torturadas preocupaciones sociales de Ibsen y Strinberg, la angustia febril de Whitman y Swinburne, y los agresivos mitos dionisíacos de Nietzsche, terminó por fraguar El Puente.

El expresionismo dio importancia a la validez absoluta de la visión personal, a fin de proyectar en el receptor las experiencias interiores del artista. La preponderancia de lo subjetivo, de los sentimientos, sobre la razón, que aflora el universo mítico y fantástico a través de las formas y las imágenes que reflejan un estado espiritual de angustia, es la respuesta hacia un entorno que se muestra hostil, al cual el hombre no puede integrarse. La Navidad es como la “estética del grito”, periodo lleno de luces y neones que recorre toda la sociedad, en un grito que celebra el nacimiento de Cristo, tiempo que precede a las rebajas.

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