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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Tripartit o Mas ¿hay alguna diferencia?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 27 de diciembre de 2010, 08:21 h (CET)
No parece que el señor Mas, de CIU, haya entrado con buen pie en esta nueva etapa de la Generalitat de Catalunya. No es que nos extrañe, puesto que ya se daba por supuesto que mantendría una política nacionalista, al estilo de sus predecesores en el Tripartit y debemos destacar que fueron, precisamente, el señor Montilla del PSC, el señor Carod y su sucesor, el señor Puigcercós, de ERC y el señor Saura de ICyV, quienes fueron los que sentaron el precedente de saltarse las sentencias de los tribunales y las leyes emanadas del Parlamento de la nación, cuando se negaron a aceptar la tercera hora de enseñanza del castellano y, por supuesto, poner remedio a la exclusión total del castellano en los centros públicos y concertados lo que ha sido, precisamente, lo que ha dado lugar a que varios padres, indignados, recurrieran ante el tribunal Supremo, que ha dictado tres sentencias que les dan la razón. Curiosamente, los políticos catalanes nacionalistas tampoco aceptaron la sentencia del TC que declaró ilegales 15 artículos del Estatuto catalán y encontró irregularidades en otros 27. Deberíamos preguntarnos el porqué los fiscales; el Gobierno del señor ZP, y el Consejo de Poder Judicial, han permanecido ajenos a estos incumplimientos; han pretendido justificarlos con argumentaciones absurdas y han hecho oídos sordos a todas aquellas familias que han venido denunciando esta situación anómala, que se produce en los centros de enseñanza catalanes; en virtud de la cual, un joven que lo pida no puede cursar estudios en español, a la vez que aprende la lengua catalana; cuando su lengua vehicular es el castellano.

Es evidente que, desde la cúpula del PSOE, no quieren entrar al toro y tiran pelotas fuera para evitar tener que enfrentarse a un problema que saben que es muy impopular en Catalunya, principalmente, debido a la labor de los políticos independentistas que han presentado, ante los catalanes, esta cuestión como si la enseñanza del español impidiera que también se hiciera en catalán y no que, como en realidad está ocurriendo de hecho, la norma común sea, en todas las entidades públicas o concertadas, el que quien quiere hacer valer su derecho constitucional a se enseñado en la lengua vehicular, se debe enfrentar a una serie de impedimentos, dificultades, estancias administrativas, presiones políticas y amenazas encubiertas, para que, en el caso de que al fin se acepte la petición, resulte que se vea coaccionado por maestros y educadores que, en todo caso, a lo único que se ofrecen es a darle al infortunado muchacho “clases de refuerzo” para ayudarle. La hipocresía y la doblez de los políticos catalanes, en estas cuestiones, superan con creces los límites de la decencia, de la honorabilidad y de la vergüenza; apoyándose siempre en que el catalán, de no actuarse de la manera que lo hacen, sería un idioma destinado a desaparecer. ¡Miren que curioso, incluso durante el gobierno del general Franco, que duró más de 40 años; en Catalunya se continuó usando el catalán, sin que nunca peligrase esta lengua entre los catalanes!

Hay alguien que me argumentaba que muchos de los jóvenes que terminan sus estudios en las Universidades catalanas, salen de ellas hablando el castellano. Es posible que sea así, porque, en Catalunya, hay tantas personas oriundas como recién incorporadas, entre ellas una cantidad respetable de inmigrantes procedentes de América; lo que justificaría este hecho; pero hay algo que parece que no quieren reconocer: la deficiencia de su conocimiento del castellano. Si ustedes escuchan a los políticos catalanes, la mayoría de ellos, cuando intentan expresarse en castellano, demuestran su dificultad para hacerlo, siendo frecuentes sus errores gramaticales y sintácticos. Escuchen, si no, a un señor Tardá, a un señor Puigcercós o a un filólogo, como el señor Carod Rovira, y tendrán ocasión de “saborear” la forma “exquisita” de rezongar el castellano.

Imagínense, ustedes, a estos muchachos inmersos en el idioma catalán (un idioma que apenas lo hablan 6 millones de personas), obligados a expresarse en dicho idioma desde primaria, estudian en textos catalanes; les enseñan la historia, amañada desde la óptica catalana; les obligar a expresarse en catalán entre ellos y dejan a un lado el español, como si se tratara de una de aquellas famosas “Marias” de nuestros años mozos en la universidad. ¿Cuál será su porvenir al terminar sus estudios?, ¿qué oportunidades van a tener si quieren ejercer en el resto de España? Es posible que se conformen con saber inglés y con ello les baste, pero su base cultural siempre adolecerá de carencias fundamentales relacionadas con la riqueza de la cultura española; con su literatura, con nuestros vínculos con América latina y con nuestra historia común, sin la cual, difícilmente, podrán entender la de Catalunya y sus circunstancias. Los que reclaman su independencia quieren obviar las profundas interconexiones con el resto de España y los vínculos comunes de hermanamiento existentes con el resto de España.

Claro que, la situación de despiste generalizado existente entre las instituciones y las distintas ramas de lo que son los distintos estamentos básicos en los que descansa la fuerza de una democracia moderna: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial; debido a lo que es un falso concepto del poder y de la voluntad popular, que pretende obviar la necesidad de que exista un control mutuo, entre los tres poderes, ha dado lugar a que los socialistas hayan conseguido que las tres facetas hayan quedado, directa o indirectamente, bajo su control; lo que ha permitido que, cuando al PSOE le ha convenido darles alas a los nacionalistas, ni el Legislativo ni el Judicial, se hayan atrevido a protestar, dando lugar a que el nacionalismo catalán se haya envalentonado, haya perdido el respecto por las leyes españolas y se haya burlado de los tímidos intentos de la Justicia de hacer que se cumplan las leyes y la Constitución en Catalunya. Así ha ocurrido con la sentencia del TC sobre el Estatut catalán; así ha sucedido sobre la enseñanza del castellano en la escuela catalana y así se vulneran en Catalunya todas aquellas leyes que, los que dirigen la Generalitat, consideran que no deben tener vigencia en su territorio. Esto fue lo que sucedió con las famosas consultas, en cientos de ciudades catalanas, en las que se ponía en cuestión el que, Catalunya, fuera parte de España y, por tanto, dependiente de las leyes que deben aplicarse en todo el ámbito nacional; y esto hace que, el señor Mas, declare que no quiere el triunfo por mayoría absoluta del PP, por el temor a que acabe con sus pretensiones independentistas.

No parece que, el nuevo gobierno del señor Mas, lleve trazas de rectificar lo que implantó el Tripartito ni hay señales de que sus relaciones con el Gobierno de España vayan a ser más constructivas, al menos para la nación española, de lo que lo han sido con sus antecesores en el gobierno regional. Antes bien, mucho nos tememos que en su deriva hacia el autogobierno o, incluso, hacia una hipotética independencia, el señor Mas va a hacer hincapié, especialmente, en la cuestión de la autofinanciación de la autonomía y en conseguir el famoso “pacto fiscal”, buscando, para ello, el apoyo del PSOE y del PSC, con los que sabe que va a tener menos dificultades en poder doblegarlos; con la clara intención de ir progresando en el desarrollo del Estatut, ¿negándose a rectificar sus artículos inconstitucionales o empecinándose en incumplir la sentencia del TC sobre enseñanza del español?, ¿Es esto o no un delito de sedición? ¿Cómo lo valora Rajoy?, o ¿cómo lo ven el Rey y el Ejército? Hete aquí la gran cuestión: España o una federación de estados. Mientras, pueden hablar de lo que les plazca porque, la verdad es que, España, se dirige a su propia destrucción como nación.

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