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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El orgullo de los 'huérfanos' de Obama

E. J. Dionne
E. J. Dionne
lunes, 27 de diciembre de 2010, 08:16 h (CET)
WASHINGTON - A principios de 2009, la elección que tenían delante los Demócratas que controlaban el Congreso 111 era si promulgar una legislación histórica, aún a riesgo de perder su mayoría, o ir a lo seguro.

Optaron por la opción segura como último recurso, con dos resultados: Esta legislatura pasará a la historia como la más productiva desde el Congreso 89, que fue aún más Demócrata a causa de la histórica victoria de Lyndon Johnson en 1964. Y 52 legisladores Demócratas titulares, elegidos la mayoría en 2006 ó 2008, perdieron sus escaños.

Los congresistas Demócratas que se quedan sin escaño, en palabras de uno de los suyos, son "los huérfanos de Obama". Muchos de ellos depositaron un voto favorable al programa del presidente tras otro. Se quedaron después por el camino mientras la historia pasaba página.

Durante la reciente campaña, estos incondicionales fueron acusados de ser "distantes", y desde luego no estaban en sintonía con la tónica predominante de aquellos que eligieron votar este año. Pero esta acusación suscita un interrogante importante: ¿A quién deben lealtad estos congresistas?

En lugar de dejarse llevar por la corriente, se mantuvieron fieles a aquellos que les apoyaron precisamente por sus promesas de cambiar el rumbo del país. Y cambiar el rumbo del país es lo que hicieron.

Puede pensar lo que quiera de la nueva reforma sanitaria. Fue la respuesta (hay que ver lo fácilmente que olvidamos) a la opinión muy extendida de que nuestro sistema sanitario estaba averiado, que demasiados de nosotros carecíamos de cobertura o temíamos perderla. El producto final fue un punto de partida para abordar estas inquietudes.

Es un tributo al Congreso 111 que sus logros marquen casi en su totalidad la agenda del Congreso 112. La nueva mayoría Republicana en la cámara no está tan dedicada a una agenda audaz propia como a derogar, paliar o descarrilar los logros de la mayoría saliente.

El hecho de que acabar con lo que ellos llaman "el Obamacare" sea la prioridad de los advenedizos conservadores constituye un cumplido ambiguo a aquellos que lo promulgaron: Sí, fue una gran legislación después de todo, y en los próximos debates, los partidarios de la reforma tendrán una segunda oportunidad de defender lo que hicieron.

Los Republicanos también esperan minar la reforma financiera, dando a los defensores del código la oportunidad de explicar con mayor claridad el motivo de que un sistema financiero de ordenanzas relajadas se convierta en una especie de casino supervisado por personas de trajes mucho más caros que los del croupier corriente.

Y algunos de los avances del Congreso 111 destacarán sin contestación por reflejar de manera patente la voluntad del país. Los líderes del Congreso nunca renunciaron a poner fin a la "don't ask, don't tell", sabedores de estar construyendo una revolución de tres décadas en las posturas mantenidas por los estadounidenses de a pie hacia las lesbianas y los gays. Eso es cambio en el que poder creer de verdad.

Que tantas otras reformas hayan pasado prácticamente desapercibidas es otro testimonio de los esfuerzos de los huérfanos de Obama. Los anteproyectos que en otro Congreso habrían estado sentenciados de manera garantizada fueron tramitados sin apenas un murmullo de los medios.

Piense: las nuevas ordenanzas de seguridad alimentaria, la importante corrección del programa de préstamos estudiantiles, reglamentos más duros en la industria de las tarjetas de crédito, la creación de una agencia de protección al consumidor de productos financieros, un programa sanitario infantil mejorado y una importante ampliación del servicio a la nación.

Los sorprendentes logros de esta legislatura coja están en deuda con la decisión del secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid y la presidenta saliente de la Cámara Nancy Pelosi de ignorar los consejos de los que decían que debían largarse por las buenas tras unos malos resultados. Si bien cierta audacia pasó factura a algunos de sus colegas en las urnas en noviembre, la misma audacia permitió a los que se marchan por lo menos dejar huella. Iban a ejercer sus mayorías hasta el último momento.

Nuestros medios y sistemas políticos están obsesionados con los presidentes. También somos muy duros con aquellos que pierden, en las elecciones como en los deportes. Como resultado, los comentarios de última hora se centrarán en lo mucho más consolidado que parece ahora el Presidente con respecto incluso a un mes atrás, y todo lo que logró. Los vencidos de 2010 apenas serán recordados al volver al resto de su vida.

Pero los logros del presidente sólo fueron posibles gracias a un grupo de políticos más jóvenes y casi por completo anónimos - la infantería del cambio político - que se negaron a pensar exclusivamente en sondeos, políticas y sus ambiciones personales. Los huérfanos de Obama merecen un homenaje.

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