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Etiquetas:   The Wshington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Misión cumplida para Biden

Ruth Marcus
Ruth Marcus
lunes, 27 de diciembre de 2010, 07:58 h (CET)
WASHINGTON - Llama el Vicepresidente, más de una hora después de la hora que habíamos acordado, pero con una excusa impecable: Presidía la votación del Senado que ratifica el tratado New START.

El START es el final de unas cuantas semanas estupendas para Joe Biden. Unas semanas estupendas también para el Presidente Obama, pero en cierto sentido aún mejores para Biden porque muchas de las fructíferas legislaciones estaban contenidas en la lista vicepresidencial de asuntos pendientes.

¿Abordar la cuestión de las rebajas fiscales a punto de expirar? Hecho, tras horas de negociación en torno a la mesa del comedor del vicepresidente. ¿Tramitar el START? Hecho, tras docenas de intervenciones vicepresidenciales con vacilantes senadores. ¿Nuevo gobierno en Irak? Hecho, tras un encargo presidencial, "Joe, tú te encargas de Irak".

Es fácil - literalmente, amigos - burlarse de Biden, pero aún más fácil es subestimarle. Es pasto seguro de los cómicos de monólogo. Es como un cachorro demasiado entusiasta con tendencia al accidente retórico que le obliga a retractarse. El último fue su anuncio, a tenor de Afganistán, de que "estaremos totalmente fuera de allí, contra viento o marea, antes de 2014". Totalmente, será, en términos de efectivos regulares. Cuando habla Biden, amigos, no hay que tomarlo literalmente por fuerza.

Pero Biden también ha resultado ser un peón particularmente eficaz para la administración Obama a lo largo de un amplio abanico de cuestiones -- y un peón cuyas habilidades políticas y amistades en el Capitolio podrían resultar ser aún más importantes en la nueva realidad postelectoral.

Biden es la feliz criatura de una institución de la que Obama estaba impaciente por huir. Esas amistades -- la solvencia demostrada, como le gusta decir, de "mi palabra como Biden" - junto a su afinado sentido de la intuición de la distancia que puede ser empujado cualquier legislador concreto, van a ser puestos a prueba desde el primer momento del Congreso 112.

La noción de que es una nueva función para Biden, llenando un vacío dejado por la marcha de Rahm Emanuel, se equivoca. Como le dirá el Vicepresidente antes que nadie, incluso si usted no lo plantea de esa manera.

¿Cómo ha evolucionado su papel, le pregunto? "La línea argumental que está emergiendo - Rahm se marcha, Joe se mete - la llevo interpretando desde el principio", dice. "Vengo negociando con los Republicanos desde el primer momento, y he estado presente en cada tesitura critica siempre que necesitáramos a la Cámara. El año pasado, el tipo al que Nancy (Pelosi) quiso llevar a su retiro para dar un discurso fui yo".

Lo fascinante de la inseguridad evidente de Biden - "Esto es lo que digo a la gente y me doy cuenta de que soy demasiado coloquial y ellos creen que nunca leo nada y leo más que la mayoría de ellos", dice Biden en un extremo, sin venir a cuento -- es que, en lo que se refiere a su papel dentro de la administración por lo menos, parece no tener justificación. Por ejemplo, sin ningún bombo, fue Biden el que ayudó a negociar el último incremento del umbral de la deuda en enero, parte de un acuerdo multidisciplinar que también dio lugar a la comisión del déficit.

¿Puede repetirse ese truco, una vez que la cálida sensación de la legislatura saliente haya cedido paso a la fría realidad de una cámara Republicana y una mayoría Demócrata contraída en el Senado? La respuesta llegará el año que viene, con el umbral de la deuda a punto de ser superado y la financiación de la administración expirando el 4 de marzo. La relación podría dar a los Republicanos un poderoso club de castigo a los recortes.

A Biden, optimista de manera crónica, se le puede perdonar un estallido de alegría navideña. "El único mensaje (de las elecciones) fue, queremos que cooperéis siempre que sea posible", dice Biden. E, insiste, el secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell se cuenta entre los que "captaron el mensaje".

¿En serio? ¿El Sr. "Si le parece que ahora van mal las cosas, espere al año que viene"? ¿El Sr. "Lo más importante que queremos lograr es que el Presidente Obama sea Presidente de una única legislatura"?

Mire más allá de la retórica política, aconseja Biden. "No se deje llevar por todo lo que escucha y fíjese en sus necesidades... No tenemos la sartén por el mango, pero no está claro que ellos la tengan", añade, destacando que una iniciativa Republicana favorable a recortes drásticos del gasto público con efecto inmediato se topa frontalmente con las advertencias de los economistas acerca del impacto sobre una economía todavía frágil.

"Va a haber un montón de margen por aquí. Todavía no es juego, set y partido, en mi opinión". Con esto, Biden se despide. El Vicepresidente de los Estados Unidos tiene que coger un tren, literalmente. El Acela de las 4, de casa a Wilmington.

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