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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La muerte anunciada de CNN+

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 26 de diciembre de 2010, 01:58 h (CET)
Antes del día en que se nos había anunciado, el último día de este año que ya está muriendo, muchos teleespectadores nos quedamos huérfanos, “Hoy”, el programa al que acudíamos con fruición y esperanza cada noche, bajaba la persiana obligado por las circunstancias derivadas de la toma del imperio Berlusconi en España del canal CUATRO. La inmediatez de las fiestas navideñas tal vez ha adelantado la defunción de un medio donde el dialogo tranquilo y con respeto al contrincante ha sido la divisa durante toda su existencia. La muerte de CNN+ era, como la novela de García Márquez, la crónica de una muerte anunciada desde que TELE 5 puso sus manos sobre el canal televisivo del imperio PRISA tan alejado en contenidos y manera de hacer de ese contenedor de basura en que Paolo Vasile ha convertido TELE 5. Desde un principio los dirigentes del canal berlusconiano no contaban para nada con los profesionales del periodismo que trabajaban en el imperio de los Polanco, cuando se anunció la fusión de ambos canales Iñaki Gabilondo abandonó CUATRO para pasar a CNN+, él era ya consciente que nada tenía que hacer en unos informativos que de la mano de Vasile, el hombre de paja de Berlusconi, iban a hacer de todo menos información contrastada e interesante.

Iñaki Gabilondo es un espejo en el que mirarnos todos los que amamos la profesión de periodista, ahora en horas bajas. En la televisión triunfan los gritos, las mentiras, los y las huele braguetas de turno que programa tras programa encumbran a mediocridades que encima van presumiendo de su ignorancia, desde la pequeña pantalla se está embruteciendo al personal con la excusa de que el público necesita distracción al llegar a casa cansado del trabajo y para ello no paran mientes en revolcarse cada día en la basura más hedionda, en revolver, sin tan siquiera ponerse guantes de goma, en el estercolero de la vida cotidiana de quienes venden su intimidad por un buen puñado de euros. Naturalmente en este ambiente de esquizofrenia y mierda abundante no tienen cabida los buenos profesionales del periodismo, ni Gabilondo, ni Basterra, ni San José, ni Calleja ni ninguno de los periodistas que durante años han pasado por las sabrosas tertulias y debates de CNN+, es la zafiedad la que reina, triunfan los presentadores marrulleros, los colaboradores mindundis cuyo único mérito para estar en los platós es el grito, el insulto y la ignorancia. Este es el caldo de cultivo en el que se mueven la mayoría de programas de TELE 5 y por tanto había que deshacerse de quienes tienen por objetivo ser serios en su trabajo y respetar tanto al espectador cómo a los entrevistados en sus programas.

Los motivos aducidos por PRISA TV para no renovar su contrato con CNN+ y dejar libre la señal televisiva por la que se emitía en España han sido económicos, pero mucho me temo que los pactos firmados con la televisión de Berlusconi son los que han acelerado la desaparición de esta emisora de nuestra parrilla televisiva. La muerte de un medio de comunicación siempre es un mal síntoma para el sistema democrático y si en este medio trabajaban grandes profesionales del periodismo todavía más. Hoy muchos periodistas están de luto, se les ha muerto un referente. Pero el último programa de Gabilondo fue toda una muestra de su buen hacer periodístico y humano, no hubo aspavientos, todo el equipo del programa estuvo en su puesto de trabajo hasta última hora e Iñaki nos dijo adiós eligiendo un nocturno de Chopin para terminar diciendo que nos encontraremos en alguna otra parte.

Es de esperar que así sea, que las dotes de un profesional como él no se desperdicien, desde luego Gabilondo ni se va a dedicar a dar de comer a las palomas ni a pasar su tiempo tomando el Sol. Es un buen momento para que TVE le ofrezca un hueco en su programación, hacen falta programas como los que él ha llevado adelante, tanto en radio como en la pequeña pantalla. Pero la desaparición de CNN+ es un toque de aviso de lo que puede avecinarse en este país ante la fusión de las televisiones generalistas entre grandes grupos de poder, un hecho que hará que se resienta la información veraz y bien hecha. Esta semana EL PAÍS nos sorprendió dedicando la portada de su dominical a Belén Esteban, la zafiedad hecha mujer, puede que sea un aviso o puede que sea un guiño del periódico a sus socios en el ámbito televisivo, ni esta vendedora de zapatos, sartenes y lo que se le presente podía llegar a más ni el diario EL PAÍS a menos. Tal vez todo sea un aviso para navegantes.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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