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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

El pijama de Ángela Becerra

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 26 de diciembre de 2010, 01:56 h (CET)
El pasado martes los de TCN me invitaron a un desayuno de Navidad, la diseñadora Totón Comella y su marido Josep María Donat, que lleva las riendas del negocio a nivel empresarial, tuvieron una feliz idea, mezclar la literatura con sus prendas, en este caso concreto crearon un hermoso pijama, pantalón color blanco roto con el bajo rematado en puntilla y la camiseta de color petróleo y que podía ser tranquilamente una camiseta para llevar con tejanos un día cualquiera, lo mismo que el pantalón que se podía usar para salir a tomar el vermut esta mañana de Navidad, cuando escribo éstas líneas en Barcelona luce el sol aunque aprieta el frío. Es decir en la evolución de las prendas siempre creativas de Totón Comella hay una segunda opción, un pijama no sólo sirve para ir a la cama a dormir, sino que se le pueden encontrar otras utilidades, es cuestión de creatividad de la clienta o la persona que se lo ponga.

Pero ahí no quedaba el asunto habían decidido que este pijama lo rubricara una firma literaria de prestigio, la de Ángela Becerra, Ángela recibió el pasado año 2009 el III Premio Iberoamericano Planeta-Casa América por su novela “Ella, que todo lo tuvo” y desde el año 2000 se dedica con éxito exclusivamente a la literatura. El hecho de que fuera Ángela la escogida es porque desde que llegó a Barcelona es clienta de TCN: “Lo primero que me compré fueron los bikinis, me gustan mucho porque es una línea muy limpia, muy moderna”.

La historia de Ángela se podría enmarcar, aderezada con una buena cantidad de ingredientes, como si se tratara de una de las protagonistas de sus novelas. Nació en Cali y en su Bogotá natal trabajaba en una importante empresa con un cargo relevante en el mundo de las relaciones públicas, el que hoy es su marido, Joaquín Lorente, creativo de renombre internacional, fue a dar una conferencia a Bogotá, Ángela que seguía su línea de trabajo fue a escucharle, se conocieron y Joaquín le propuso que viajara a Barcelona para hacer un stage de tres meses en su empresa. Ángela no lo pensó dos veces cogió a su hija e hizo las maletas.

El resto es conocido, los tres meses de stage ahora ya celebran más de veinte años de feliz vida conyugal con otra hija habida de esta relación, Ángela empezó a trabajar en la empresa de Lorente quien no le dio ningún cargo y para desechar cualquier duda de “enchufismo amoroso” ella lo deja claro: “Empecé desde abajo”. Ángela y toda su familia viven en las afueras de Barcelona, en un hermoso lugar para vivir alejados del ruido habitual de una gran ciudad, es por ello que esta escritora de 53 años puede conservar su esbelta figura que no delata en ningún momento sus felices años aparentando muchos menos, la escritora colombiana se levanta todos los día a las siete de la mañana, corre por el bosque que tiene al lado de su casa durante hora y media. Desayuna con su hija pequeña que adora la moda “vintage” según explicó su madre y luego coge el coche y se va a su refugio que tiene en el Born barcelonés para iniciar su jornada laboral como escritora.

Pero no todo su recorrido literario fue una historia de amor y princesas de cuento, cuando Ángela escribió “De los amores negados” en el año 2003 nadie en España quiso publicar su novela e incluso recibió de una agente literaria consejos pocos optimistas: “Me decía que me dedicara a otra cosa, tengo una colección de cartas rechazando mi obra”. Pero la escritora es perseverante y la novela que luego se hizo con varios premios la publicaron en Colombia.

Otro de sus “incidentes” con anécdota es cuando la llamaron de Planeta para avisarla en el pasado año que su novela “Ella, que todo lo tuvo” estaba entre las finalistas y era conveniente que viajara a México, llegó al hotel y en el momento de pedir su reserva obviamente lo hizo a su nombre, en conserjería le explicaron que la editorial la había inscrito con el nombre de Ángeles Balsaz, les replicó: “Pero si mi nombre es Ángela Becerra” en el hotel se atuvieron a lo que les había dicho su cliente, ella pronto supo que el premio llegaría a ser suyo, llamó a su hermana a Colombia y a través de Internet la noche antes de recibir los 200.000 dólares del premio lo celebraron bailando y saltando una en su habitación de hotel en México y la otra en Colombia.

La tienda de la calle Maestro Nicolau de TCN es de novela, así de claro, sus prendas de lencería fina (ojo al dato, el nombre de esta columna lo llevo conmigo desde los años 80), su disposición, los rincones para sentarse, leer la prensa, escuchar música, con probadores espaciosos a los que se accede por una cortina de terciopelo, está llena de detalles de buen gusto, muy en la línea de la confortabilidad de las prendas que diseña Totón Comella, la mujer que descubrió un mundo femenino donde vestirse para estar por casa, para vestir debajo de los trajes de fiesta, y que ofrece desde un principio un abanico de posibilidades mucho más amplio de los que había en el mercado.

Totón empezó haciendo unos sucintos bikinis para el verano y la playa, no había nada parecido en el mercado, luego llegaron los sujetadores y las bragas minimalistas pero con un punto de coquetería, tampoco las había en el mercado, en los años en que Totón se consagra como diseñadora había muy pocas propuestas, líneas sencillas, llevables y con un punto de ingenuidad, gracia y con algo de “Allure”, con un punto de distinción y diferencia. Las mujeres íbamos a comprarnos nuestra necesaria lencería con desencanto, se sabía lo que había, prendas para el gran público, la creatividad estaba en París, en Nueva York y poco más, en nuestras tiendas siempre lo mismo, sota, caballo y rey y los mismos colores: blanco, negro y algún rojo mal teñido.

Cuando aparece Totón es como un soplo de aire fresco en este mundo encerrado en sí mismo, con el tiempo Totón comprendió que su creatividad debía avanzar y se puso a hacer ropa exterior, una falda larga hippy con su sello es de ahora, sus vestidos, sus abrigos y sus jerséis, Totón tiene carisma, sus prendas son ella, tiene una sensibilidad y un conocimiento de lo que le gusta y lo que no le gusta que lo impregna en su estilo ya patentado largos años.

Es por eso que incluso el desayuno en el que estuvimos la otra mañana había mucha mano y un halo embriagador de la diseñadora que es tímida, no le gustan las fiestas sociales pero si es amante de estar en un buen ambiente y ella, sin notarlo, lo crea. Totón aseguró que la idea de contactar con Ángela la habían pensado porque siempre es importante que la moda no está en una isla en donde sólo sea moda: “A mi me gusta que nuestras prendas también estén ligadas a otros mundos, el de la literatura es muy interesante y las novelas de Ángela a mi me gustan porque me explican historias de verdad con mucha magia, me enganchan y esa es la esencia a la hora de escoger un libro. Creo, sinceramente, que debemos trabajar en este sentido de pensar que lo que yo hago puede convivir con otros aspectos de la vida. La moda es vida y la vida está formada por muchas esencias”.

Hablábamos mientras comíamos un croissant relleno de chocolate, un panecillo integral con jamón Jabugo, bebíamos zumos de naranja, de piña y de melocotón, en la mesa rectangular magdalenas artesanas nos hacían la boca agua, parecían de muestrario, eran grandes y aderezadas con muchos colores entre los que había frutos secos, nata, chocolate, eran como esos pasteles americanos que amenizan las fiestas de cumpleaños o bien alguna boda de renombre, las magdalenas, después del panecillo y después del croissant, se quedaron allí, no las toqué, me daba pavor pensar que esa formación dulce cayera como la Torre de Babel.

Pude tocar la nueva colección de lencería que han bautizado con el nombre de Alma, está formada por cuatro piezas que enumeradas salen así: Alma uno, dos, tres y cuatro, siempre con el nombre Alma, me fijé en el Alma dos, un sujetador que bien podría convertirse en un top lencero en donde combina el crêpe con encaje.

El pack de libro de Ángela con pijama, que se vende exclusivamente en la tienda donde celebramos el desayuno, se entrega en una sencilla caja de cartón, como esas de zapatos de toda la vida pero un poco más grande, en el interior el papel de seda blanco de TCN envuelve en cada una de ellas un libro distinto de Ángela y el pijama que hemos detallado. El exterior se cierra con una franja pegada al paquete en donde se lee con letras capital en negro con fondo dorado: “More than Happiness” y a los lados TCN 2011.

A los periodistas que estuvimos en ese desayuno nos desearon unas maravillosas y más y mejores fiestas con una de las cajas que he mencionado, a mi me encantaba el pijama, pues de una pieza me hacia dos, porque ya he comentado que al dormir como llegué al mundo ¿para qué un pijama?, lo hubiera usado para estar por casa, para intercambiar sus dos piezas según el día, pero no, al llegar a casa comprobé que en el reparto me había tocado una camiseta larga de verano, blanca, y de Ángela el premio Azorín de novela de 2005 “El último sueño” este título quizá era premonitorio pues mi sueño desde que llegué a TCN y me enseñaron el pijama era disfrutar de esos colores, de esa pieza con puntillas, la vida está hecha de sueños que a veces no se realizan, a mi me tocó un camisón que usaré en verano como camiseta o para ir a la playa, el libro que no he leído voy a empezarlo cuando acabe los tres que tengo en el suelo de mi habitación, pero hay una frase que me gusta y aquí os la dejo, al tiempo que deseo a todos lo mejor, pero no sólo para estos días que ya se supone, sino para cada minuto de la vida en todo el año, al finalizar el 2011 volveré a renovar esos deseos, hay que intentarlo todo todos los días, sea como sea. Aquí el texto que me gusta de la novela de Ángela que me tocó en suerte: “El largo velo de la novia salía de la cocina y se extendía por la sala, cubriendo íntegramente el piso. Metros y metros de tul finísimo, bordado con maestría, parecían cascadas de ilusiones derramadas sobre el parquet. Había sido la misma Soledad Urdaneta quién había decidido bordarse su propio velo en las largas noches de insomnio, desempolvando sentires mientras hilvanaba agujas que luego florecían en margaritas”.

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