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Ley Sinde-rechos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 25 de diciembre de 2010, 09:13 h (CET)
Con gran despliegue tipográfico y un arriesgadísimo trabajo de periodismo-investigación (por lo insalubremente contaminante), El País decía el otro día que los intelectuales se mueven y que ya habían creado una plataforma en Internet que sumaba la nada despreciable cifra de ¡150! artistas. ¡Bien por El País: ya están todos! Por su parte, otros voceros a sueldo y devoción del partido en el poder, predicen en distintas columnas de algunos medios, con el siniestro batir de su elemental prosodia, una extinción de la intelectualidad por no haberse aprobado la Ley Sinde-rechos, acaso ignorando que esa intelectualidad hace tiempo que ya se extinguió en las riberas de ese partido y que tanto premiados con nobeles, planetas o alfaguaras como los sandungueros que viven del saqueo del canon y la SGAE no son ya sino una camarilla que vive a la sopa boba de los favores concedidos por ley. Del cine y sus eriales, ni hablo siquiera, que es nada más que un mercadillo de subvenciones sólo para hacer pésimas y ridículas cintas capaces de desesperar a la desesperación..., y recibir más subvenciones, claro.

Para todos estos allegados corifeos (por la pasta) del pensamiento del amado líder y su cohorte, la supuesta intelectualidad ésa (ya me gustaría verles siquiera dar palmas, a ver si se les encuentran las manos) sólo puede ser protegida por la restricción de las libertades civiles, circunscribiendo por decreto unificador la existencia de la intelectualidad a las ubres de ese partido en el poder. ¡Y olé, morena! Mamíferos son, desde luego. Tan ignominioso eco del pensamiento chiringuitil en que ha degenerado nuestra cultura oficial sólo puede ser producto del adocenamiento de una clase de elementales plumeadores sin más criterio propio que la promoción por el baboseo, restringiendo la creatividad, por lo que se ve, a quienes militan neuronalmente en las sinapsis alineadas con la fama otorgada a lametones y el acceso privilegiado a los mercados dominado por el stablishment sociata. Los demás creativos que no orbiten este círculo cautivo, no existen, no son, hay que terminar con ellos. Miren, miren el abismo de nuestra cultura, compárenlo con cualquier otra etapa de la Historia de España, la que sea, y díganme si no estamos en las últimas.

El sistema impuesto por estos dictadorzuelos de platanito caribeño es de adoctrinamiento y ninguneo de la sociedad, comenzando, como no podía ser de otro modo, por alicatar los cerebros de los paganinis ciudadanos con un coro de razones de plastilina repetidas por los voceros a sueldo, en la creencia de que por mentir continuamente sobre algo ese algo se termina convirtiendo en verdad. Sin embargo, nada tiene que ver el culo con las témporas o la intelectualidad con el PSOE, como nada tienen que ver los derechos civiles con esa forma coercitiva de legislar para beneficiar a las multinacionales imperiales y a sus tronquetes de casa. Me juego un céntimo a que detrás de esto hay una instrucción muy específica que mañana aparecerá en Wikileaks. Adempero, no sólo la intelectualidad existe extrarradios del partido, sino que es en el único emplazamiento donde puede haberla, porque un intelectual siempre renegará de los uniformes del pensamiento común que pudiera preconizar cualquier poder, especialmente el poder y tanto más si es sociata. Aprobarán esta tropelía de coartar las libertades de libre circulación de los objetos o bienes comprados y pagados, sin embargo, usando como ariete esta retorcida argucia para establecer de facto su anhelada censura y favorecer la implantación de la doctrina única del partido, y lo harán como han implantado tantas otras leyes perversas y coercitivas que favorecen su dictadura y el alineamiento social a sus principios. No tengo la menor duda. Franco también lo hizo, aunque nunca llegara a tanto, y por ahí va su modelo.

Los intelectuales, no obstante estos alineados, no sólo existimos, sino que renegamos de ese partido dictatorial, de lo que representa y de quienes, enmascarándose como artistas, escritores, cantantes o lo que sea, se amparan en sofismas insultantes para coartar las libertades civiles y convertir a la ciudadanía en una manada de sostenedores esclavos. Abjuramos de todos ellos, y nos sentimos insultados como especie inteligente. La libertad no entiende de untos ni componendas, y para perseguir daños tales como la eventual piratería, ya hay un código penal que lo faculta. No se puede condenar a toda la ciudadanía por lo que eventualmente un delincuente haga, y mucho menos se deben pagar derechos ad aeternam a quienes hicieron algunos garabatos sin demasiado talento. ¿Acaso pagan derechos de autor los lectores de las bibliotecas públicas?..., y, en tal caso, qué debemos hacer, ¿cerrarlas?... No es acaso también un creador un diseñador de muebles o de lámparas, y ¿acaso quien pose sus reales en esa silla o prenda esa luz debe pagar derechos de autor cada vez que lo haga?... ¿Qué les diferencia a los supuestos creadores (que ya es soberbia nihilista el término ése de “creadores”) del partido ése de los demonios de otros creadores?... Si he pagado por algo, ese algo es mío para siempre y puedo hacer con ello lo que quiera, incluido regalarlo, prestarlo, copiarlo o lo que sea. Pero es que, además, ninguna idea, ninguna, es propia y privativa del autor, toda vez que la base cultural y social para obtenerla le ha sido entregada por la sociedad misma ésa a la que con estas leyes tramposas saquean. Dicho de otra forma: ningún pensamiento es de su autor, ninguna obra del artista, sino que todo nace de la sociedad y en la sociedad debe desembocar.

Estos desquiciados que reclaman derechos que no son suyos, no son artistas ni intelectuales, sino corsarios, piratas legales. Eso sí que es piratería. Los socialistas están terminando con la libertad, coadyuvados por estos supuestos “creadores” (de bichos) a sueldo y prebenda. Y se lo dice un intelectual que, porque lo es, jamás estará ni próximo siquiera a ese vergonzante partido.

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