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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

¿Transhumanidad?

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 25 de diciembre de 2010, 07:30 h (CET)
¿La Humanidad se superará a sí misma? ¿Reconoceremos el nuevo producto?

Nos queda pequeño el ser humano conocido; no nos gustamos, así como suena. Las imperfecciones nos adornan sin pedir permiso y las insuficiencias nos limitan en cada faceta existencial. Como consecuencia discurrimos procedimientos que subsanen las pegas. Una tendencia es lógica, se busca el arreglo o la reparación de aquello que notamos defectuoso. La segunda actitud no se conforma con un simple arreglo, sus ambiciones son de mayor alcance; intentará la elaboración de unos seres humanos nuevos, sin imperfecciones; suena un tanto presuntuosa y como extralimitada. La disconformidad es un arma adecuada para la superación de los defectos, sirve de motivación; llevada a los extremos nos deja bastante malparados, si no desquiciados.

Por lo tanto, sin medidas drásticas, las primeras actitudes citadas se ciñen a los desajustes del cuerpo y del ánimo. ¿Cómo se podrían mitigar sus incomodidades? Con la evolución histórica se obtuvieron muchas mejoras. Dentro de las más llamativas consignaremos las de tipo ESTÉTICO, desde los diferentes cuidados de la piel, a liposucciones, replanteamientos capilares, pociones, estiramientos o fijaciones. El alivio de alguna molestia en relación con la figura o aspecto de una persona, le cambia en ciertos detalles; mas convendremos en que se trata de aspiraciones adecuadas al sentir y convivir de cada uno. Eso no equivaldrá a la garantía de unas ventajas obtenidas. Como ejemplo, se podría hablar mucho de los logros alcanzados con la piel, demasiado estiradas o desfiguradas en gran número de ocasiones. En un asunto tan personal, los errores de los procedimientos, o las circunstancias ligadas al gusto peculiar de los afectados, generan resultados controvertidos.

Dentro de los cambios adecuados, con modificaciones significativas de la vida humana, incluiremos a los progresivos avances SANITARIOS. Con gran significación en el pasado, alargamiento de la vida media y cambios demográficos derivados, evitación de epidemias con las vacunaciones, el gran papel de los antibióticos y gran número de nuevos medicamentos; así como los mejores conocimientos en torno a la nutrición y la constante investigación ante los nuevos retos. Permanece abierto el campo, con posibilidad de nuevas transformaciones.

Los notables avances técnicos originan nuevos planteamientos conflictivos, mezclan posibles beneficios con indiscutibles manejos de las personas; de tal modo que a su vera suena la gran interrogación, ¿Será posible el establecimiento de unos límites eficaces? La GENÉTICA y la GENÉSICA han adquirido una gran preponderancia, los genes y sus componentes permiten actuaciones imprevistas. El consejo genético ayuda a la prevención de enfermedades y a nivel del feto se consiguen corregir algunos desarreglos; sin embargo, se abre la espita a una posibilidades inmensas que cambiarían la genética de los futuros seres. ¿Admisible? ¿Hasta qué punto? ¿En manos de quién quedará la regulación? Son muchos los rasgos que se prestan a una elección de cara al futuro, sexo, fuerza, tamaño, docilidad y diversas actitudes; es decir, desbordarían el campo sanitario, se convierten en tránsitos por terrenos resbaladizos. ¿Qué serán capaces de promover los nuevos gestores? La respuesta no se presume muy alentadora, sobretodo con la pasividad general y las maquinaciones descubiertas cada poco tiempo, clonaciones y tentativas temerarias incluidas.

No perdamos de vista el complicado asunto de las PRÓTESIS. La gama de posibilidades apunta hacia pequeñeces, como unas células o un diente; y alcanza a miembros de todos los tamaños o funciones. Bien entendido su papel para la cobertura de una deficiencia concreta, no plantearía oposiciones serias, a lo sumo prevenciones de cara a los procedimientos a los que se recurra. Pensemos en los transplantes de cara y en los que se logren en el futuro. En el horizonte se avizoran soluciones fascinantes. ¿Se llegaran a tolerar los individuos que prefieran no recurrir a las prótesis disponibles? ¿Estarán mal vistos los cojos renqueantes? ¿Pasarán las prótesis a ser una obligación establecida democráticamente? Baste la mención de las cruzadas actuales, obesidad, fumadores, toros o simplemente las minorías discordantes. Si dejamos al robot total en un extremo, el hombre de nuevo cuño, con las prótesis establecidas según cada proyecto, también se presta a preocupantes consideraciones; en unos ambientes donde impera la arbitrariedad decisoria.

Los avances surgen con una celeridad pasmosa y con el incremento de su complejidad; con lo cual se facilitan los ocultamientos y los usos fraudulentos, sus practicantes urden los mecanismos necesarios para sus fines incontrolados. Viene a ser como el asunto del DOPAJE, extendido a todas las esferas de la actuación humana, siempre con el objetivo de unos beneficiados, los conocedores de los procedimientos iniciados; con el desdén y la marginación dirigidos a los restantes ciudadanos, pasivos, en la inopia, o simplemente engañados. De nuevo estamos ante un anhelo casi perpetuo, ese clamor por una transparencia y colaboración entre las personas, que no parece asequible. ¿Revertirá alguna vez la tendencia?

Los individuos son verdaderamente molestos cuando intervienen en las agrupaciones, cada uno piensa a su manera, en detrimento de la uniformidad tranquilizadora que no se resigna. Si pensábamos en una progresiva adaptación de las organizaciones sociales, de cara a la libre intervención de cada sujeto; la equivocación es notoria, justo se tiende al mayor distanciamiento entre sujetos e instituciones. ¿Y eso como se produce? Por un feroz FALSEAMIENTO de la PARTICIPACIÓN. Se ofrecen imágenes de mayor atención al ciudadano, votaciones, encuestas e incluso programas televisivos ruidosos; una esplendorosa visión de todas las gentes en una participación masiva. Ni por asomo se acerca eso a la realidad del funcionamiento. Se han generado unas estructuras sociales, partidos, bancos, monopolios en la comunicación, instituciones; con un núcleo de gestión muy alejado de los anhelos, sentimientos y requerimientos de las personas. Los entes se adueñan de las personas. Otra vieja manifestación, alguién aprovechará los desplazamientos de la masa humana.

Aparte de los elementos mencionados, existen muchos otros dispuestos a salir a la palestra. Los posibles efectos de minúsculos chips, drogas de nuevo cuño, fármacos sintéticos o maniobras en fases experimentales; además de unas perspectivas de cambio, reiteran la enorme dificultad de su descubrimiento revelador, dadas sus múltiples interconexiones. No he citado al CEREBRO como órgano sobre el que se centraran las actuaciones con los mencionados medios. ¿Se imagina la compasión, el miedo, el dolor o el amor, controlados por la fuerza y la disposición de otros hombres? La ciencia ficción se empequeñece por momentos con la sola mención de las potencias a disposición de los controladores, algunos ejemplos ya se asomaron. El dios humano en plena efervescencia ofrece las trazas de unas conductas al filo de la manipulación y el desasosiego.

Ningún Dios, pudiera ser; uno y divino, quizá; pero muchos dioses como los endiosados humanos conocidos, arrancan de raíz cualquier solución.

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