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Con la mente en blanco

Raquel Morales
Raquel Morales
jueves, 23 de diciembre de 2010, 23:16 h (CET)
Los últimos partidos del año fueron, cuanto menos, extraños. El Gordo le tocó al Real Madrid, que sacó orgullo y buen juego para igualar el marcador del Barça al Almería en Liga. El Athletic de Bilbao fue una muralla para el líder y el Málaga casi da la sorpresa en el Sánchez Pizjuán. Tarde de locos y de lluvias torrenciales. Sin duda los jugadores están pensando en los turrones y en la cena de Navidad.

Esta semana tuve el privilegio de asistir al lluvioso partido de Copa del Rey entre el Atlético de Madrid y el Espanyol. Sí, digo privilegio porque a pesar del mal día pude presenciar tres acontecimientos realmente destacables. Tres regalos para la vista y para sus propios protagonistas. Me explico. El presente de Navidad, por no decir refuerzo de invierno, estaba ahí sentado, observando el juego de su actual equipo y cómo se las gastan los de Pochettino. Elías, el nuevo fichaje del club colchonero, se atrevió a asistir al encuentro con el frío y la lluvia amenazante. Y valió la pena para ver la victoria de los locales que, aunque poco abultada pudo ser mayor.

Por su parte, Diego Forlán presentó a la afición el Balón de oro que le acredita como el mejor jugador del Mundial de Sudáfrica, un regalo para el uruguayo en este año que termina. Con ello, minutos más tarde se fue de vacaciones antes de tiempo por lesión en el tobillo. De todas formas se notaba que a la vuelta de la esquina estaba el parón navideño. El Espanyol, mermado por la manita del Barça, salió apático, dormido y sin ganas. Sólo despertó poco antes del minuto 40, cuando Reyes se autoexpulsó-una vez más-. Ahora que lo pienso, podría contar esto como otro regalito o quizás todas las oportunidades que desperdiciaron los rojiblancos para sentenciar el partido y la eliminatoria.

Sea como fuere, los de Quique consiguieron su objetivo tras un partido enrarecido por el juego duro del Espanyol que no ofreció la misma cara que su visita en Liga al Calderón. Ambos equipos terminaron con 10 jugadores en el terreno de juego y muchos nervios. El estadio acabó sufriendo y regalándole una ovación a Simao. El jugador luso se despidió de su afición y le brindó el triunfo materializando el penalti bajo una pancarta que rezaba: “Simao, gracias”. Con historias como esta suena anecdótico el 8-0 del Real Madrid al Levante, otro ejemplo más de las ganas que los jugadores tienen de comenzar sus vacaciones.

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