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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

¿Ayudará Más o pondrá palos en las ruedas de España?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 23 de diciembre de 2010, 08:03 h (CET)
Catalunya, como suele ocurrir cuando la situación de España presenta fisuras importantes, es el barómetro en el que se pueden ir midiendo las distintas fuerzas económicas, políticas y sociales que, en un modo u otro, acabarán por influir en el resto de la nación. Empezamos por la deriva emprendida por el señor Rodríguez Zapatero cuando, para cubrirse las espaldas en el Parlamento, no dudó en ofrecerles a los catalanes un Estatuto a su medida que, imprudentemente, se comprometió a aceptar tal y como saliera redactado del Parlament catalán. Podemos afirmar que los 25 escaños de Catalunya, en Madrid, han condicionado, hasta que las últimas elecciones autonómicas catalanas, que han cambiado el panorama político en Catalunya, las dos legislaturas a las que ha tenido acceso ZP; que ha estado coartado por la evidente necesidad de someterse a las continuas peticiones de los nacionalistas catalanes, que han sabido aprovecharse de esta circunstancia para conseguir mucho más de lo que nunca hubieran soñado lograr, en cuanto a autogobierno y ayudas económicas. Claudicaciones tales como verse obligado a ceder ante la evidente exclusión del castellano en la enseñanza o el tener que hacer la vista gorda ante los flagrantes incumplimiento de la obligación de impartir la tercera hora de castellano en las escuelas públicas y obviar la negativa de la Generalitat a cumplir las sentencias del TSJC; así como el saqueo de las arcas públicas a causa de las continuas exigencias de financiación y transferencias; han sido el pago que nuestro Presidente ha tenido que aceptar para mantenerse en su cargo.

Es posible que ZP, sin los chantajes que ha tenido que aceptar de los nacionalistas vascos y catalanes, especialmente de estos últimos, no se hubiera visto abocado a cometer las torpezas políticas en las que ha incurrido. Es evidente que, la tozudez de nuestro Presidente, se ha visto en cierta forma condicionada desde dos frentes: el nacionalista y los Sindicatos. Ante ambas fuerzas ha tenido que ceder, una y otra vez, aunque estos sometimientos le hayan conducido a una situación que se ha convertido en insostenible; tanto que, desde su propio partido, el PSOE, le han tenido que frenar para que no acabara con lo poco que todavía queda en pie de él. Evidentemente que los barones del partido han sido conscientes de que, si no ponían freno a los dislates de su jefe de filas, sería imposible mantenerse durante todo lo que resta de legislatura; en especial, si se tomaba en cuenta la inminencia de las elecciones municipales, en las que es posible que el socialismo se juegue la última baza que le queda para aspirar a mantenerse en el poder.

Pero la primera derrota, de esta batalla por el poder, les ha llegado de donde más les podía doler, de Catalunya, donde las urnas han proporcionado un duro golpe ZP, privándole de unos escaños que él contaba como seguros. Tampoco en su feudo de Andalucía parece que las noticias sean muy alentadoras, así como las que llegan desde Castilla- La Mancha y Baleares y, todo ello, en unos momentos en los que el control de las autonomías le es más urgente debido a que, una gran parte de los problemas de España, se derivan de los derroches que se han ido produciendo por la mala administración y los despilfarros en el gasto público de estos entes que, al contrario de lo que preveía la Constitución, al establecer el sistema descentralizado, en lugar de ahorrar gastos a la administración del Estado, han sido las causantes, con sus duplicidades de servicios; con sus incrementos de funcionarios ( de 1.500.000 en el gobierno de Aznar a más de 3.000.000 en la actualidad) y con la creación de empresas públicas para camuflar gastos y colocar a la pléyade de paniaguados, (pertenecientes a los partidos políticos integrantes del Tripartito que, de esta forma, han ido pagando los favores recibidos de sus militantes), de que los gastos de estas comunidades se hayan convertido en insoportables para el país..

La caída del Tripartit ha dado un vuelco al panorama electoral, al pasar el gobierno de la autonomía catalana a CIU, una formación que, si en cuanto al aspecto económico, a la preparación de su cúpula directiva y a la orientación de tipo más conservador de sus votantes, nos pudiera tranquilizar y darnos alguna esperanza de que se pondrá orden en las cuentas desorbitadas y los números rojos que han dejado los que se van; de que se intentará promocionar la industria y favorecer a la pequeña y mediana empresa para crear empleo; nos produce, sin embargo, una cierta preocupación en lo que respeta a su nacionalismo arraigado, en su derrota hacia el independentismo y en sus veleidades de empeñarse en seguir exprimiendo al resto de España con el famoso “pacto fiscal”. No olvidemos, y es algo que no conviene perder de vista, que en estos últimos años, la situación de la industria catalana ha experimentado un evidente deterioro a causa de una equivocada política fiscal, de un exceso de tributos municipales y de ciertas imposiciones, de carácter nacionalista y político, que la han convertido a Catalunya en un lugar poco grato para las empresas extranjeras, que han buscado otros emplazamientos en países extranjeros o en la propia capital del reino, Madrid. No hablemos de las tradicionales pequeñas empresas, comercios, etc. que han sido los que se han llevado la peor parte en cuanto a su capacidad para superar esta crisis que estamos soportando debida, en gran parte, a la falta de créditos por parte de los bancos.

El señor Mas se va a encontrar con la caja de la Generalitat vacía; con un endeudamiento autonómico, el mayor de toda España, que en el tercer trimestre del corriente ejercicio ascendía a la cantidad de 30.304 millones de euros (un 28% de del total de la deuda acumulada en el conjunto de comunidades) No es más alentadora la deuda municipal del Ayuntamiento de Barcelona que sufrió un incremento del 9’5%, sumando los 794 millones de euros. Tampoco es positivo que Moody’s haya puesto en cuestión la deuda de la banca privada (incluida La Caixa) especialmente por el lastre que acumulan de el desmoronamiento de la burbuja inmobiliaria, su retardo en regularizar los activos y la grave morosidad, sobre un 5’5%, que les viene afectando. No es pues una buena noticia para alguien, como el señor Mas, que ha de asumir una mala situación de partida si es que, su intención, es poner orden en las finanzas y no anteponer, así lo esperamos, sus ambiciones nacionalistas a las conveniencias de los españoles catalanes. No obstante, no todo son malas noticias para los que nos consideramos españoles y vivimos en Catalunya y, una de ellas, sin duda alentadora, ha sido la sentencia del tribunal Supremo en la que, como consecuencia de la sentencia del TC, ha dado la razón a unos padres de familia sobre el derecho de sus hijos de ser escolarizados en la lengua vehicular, el español. Quedará por ver si, en esta ocasión, las autoridades docentes y la Generalitat de Catalunya, se pliegan y ejecutan esta sentencia o, como ya nos tienen acostumbrados, se la pasan por el forro de los pantalones y hacen caso omiso de ella; especialmente, si los señores fiscales, como ha ocurrido hasta la fecha, se inhiben y no reclaman que sea ejecutada.

Habrá que estar muy atento a estos primeros 100 días del señor Mas, para comprobar si son ciertas sus buenas intenciones o sólo se trata de una de las fintas, tan habituales entre los políticos, que prometen y prometen y, al fin y a la postre, todo se queda entre renglones. No estamos en tiempos de experimentos y pruebas y espero que, el nuevo President, entienda que lo primero que hace falta es trabajar para sacarnos a todos del atasco. Como decía Goethe “Sin prisa pero sin descanso”.

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