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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Ayuda a una visión descontrolada

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 23 de diciembre de 2010, 07:53 h (CET)
WASHINGTON - Es una auténtica pena para Haley Barbour no estar en mi grupo de lectura.

Claro, el Gobernador de Mississippi y potencial candidato presidencial podría sentirse algo fuera de lugar. Él sería el único caballero - y, a la postre, el único Republicano.

Pero Barbour podría haberse ahorrado un montón de problemas si hubiera estado con nosotras la noche del domingo para hablar sobre "La Ayuda", la novela de Kathryn Stockett sobre mujeres blancas y sus doncellas negras en el Mississippi de la década de los 60.

Barbour es un político elocuente que parece tropezar cada vez que se topa con los temas del Sur y la raza. Cuando el Gobernador de Virginia Bob McDonnell borró la esclavitud de la declaración de la fiesta anual de la Confederación, Barbour rechazó a los críticos por "tratar de montar un escándalo partiendo de algo sin ninguna importancia". Su vaga recolección de muestras de la era de los derechos civiles hace que "Lo que el viento se llevó" parezca un robo planificado a la Antigua Confederación.

Hace unos meses, Barbour concedió una entrevista a Human Events, la revista conservadora, que vislumbraba el Sur de mangueras contra incendios e iglesias destruidas. "Mi generación", dijo Barbour, "asistió a centros integrados. Yo asistí a un centro integrado -- nunca pensé en ello".

Tal vez nunca pensara en ello porque los hechos reales son menos agradables. Barbour llegó a la Universidad de Mississippi unos cuantos años después de que agentes federales fueran obligados a escoltar a James Meredith a un campus incendiado por los disturbios. Las escuelas de su ciudad natal de Yazoo City no fueron integradas hasta 1970, momento en el cual Barbour estaba en la Facultad de Derecho.

Ahora Barbour, durante una entrevista con el conservador Weekly Standard, ha sacado su aerógrafo para pintar Yazoo City. Al explicar cómo los centros locales lograron abolir sin violencia la segregación de las aulas, Barbour dice, "La comunidad empresarial no iba a tolerarlo. ¿Ha oído hablar de los consistorios? Allá en el Norte piensan que era el Ku Klux Klan. De donde yo vengo era la organización de los líderes del municipio. En Yazoo City aprobaron una resolución que dice que cualquiera que abriera una oficina del Klan sería expulsado del municipio a patadas".

En 1970, el estamento blanco de Yazoo había llegado a la conclusión -- aunque 16 años después de la sentencia Brown vs. Junta de Educación y con auto judicial federal de por medio -- que la segregación no iba a ser la estrategia ganadora. "No tenemos más elección", decía el alcalde Jeppie Barbour, hermano mayor de Haley, al escritor Willie Morris.

Pero el retrato de Barbour omite convenientemente el papel más siniestro jugado por los consejos - "La respuesta del Sur a los mestizadores", como reza un folleto municipal (http://bit.ly/grWyEc). En Yazoo City como en el resto del Sur, los consistorios trabajaron para impedir a negros y blancos seguir la vía de la integración racial valiéndose de la intimidación.

Ello no aparece en el vago atajo de imágenes de Barbour. "Yo no recuerdo que fuera tan malo", decía de las tensiones raciales en Yazoo City. "Me acuerdo que Martin Luther King vino a la ciudad, en el 62. Habló en el viejo recinto ferial y estaba lleno de gente, blancos y negros".

No me parece que Barbour esté faltando deliberadamente a la historia ni que esté siendo insensible a propósito con esto. Estos comentarios no son de una táctica política calculada. Son mucho más perjudiciales que provechosos, como apunta la aclaración de Barbour el martes tipo ahí va, los donuts. Barbour no es idiota táctico. Por el contrario, y es aquí donde "La ayuda" entra en escena, los comentarios plasman los límites de la visión enclaustrada del mundo que tiene Barbour. Como el resto de nosotros, sus percepciones están inevitablemente marcadas por las lentes de distorsión de su educación y su experiencia.

"La ayuda" se desarrolla cerca de Barbour, Jackson, en 1962. Las mujeres blancas no son tan malas como distantes de las desigualdades que las rodean, por no hablar de las injusticias que imponen a otros. Hasta la peor, Hilly, recauda dinero enérgicamente para "Los niños hambrientos del África" mientras presiona para sacar adelante la "Iniciativa de Ayuda a la Higiene Casera", para que el servicio afroamericano tenga lavabos separados dentro de las casas de sus patronos.

Lo desagradable del movimiento de los derechos civiles es cuestión de evitarse con diligencia. Cuando una de las mujeres blancas, Skeeter, empieza a ver un reportaje en televisión acerca de Meredith en la Universidad, su madre cambia inmediatamente de canal para ver Lawrence Welk, anunciando: "Mira, ¿no es mucho más agradable?" Después de que Skeeter publique de manera anónima un libro acerca de las vidas difíciles y humillantes de las doncellas de "Niceville", sus amigas apenas se reconocen.

De manera que cuando Barbour dice no acordarse de que las cosas "fueran tan malas", sospecho que cuenta la verdad. El fallo de Barbour no está en su mala memoria. Está en su constante falta de disposición a reconocer los cimientos del mito interesado sobre el que ha levantado sus cómodas conclusiones.

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