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Etiquetas:   Antes muerto que en silencio   -   Sección:   Opinión

Adoro la Navidad

Tomás Salinas
Tomás Salinas
@tomassalinasgar
jueves, 23 de diciembre de 2010, 07:41 h (CET)
¿Y cómo no voy a adorarla? Son unas fechas maravillosas, en las que todo el mundo te sonríe, también los que no pueden ni verte, y en las que tú ofreces los mejores deseos incluso para aquellos a los que no te importaría ver colgando de una farola. Son unos días en los que nos engañamos a nosotros mismos y a los que nos conocen, y mostramos una cara llena de amor, alegría y ternura, aunque tropecemos con un bordillo del carril-bici y nos dejemos los piños en el asfalto. Son unos momentos del año en los que te gastas lo que tienes y lo que no tienes en proporcionar sonrisas y recoger besos de los que quieres y de los que te quieren ( o eso piensas tú).

Te juntas en tu casa con los tuyos y con alguno más que hace la intemerata que no ves o que no has visto en tu puñetera vida, pero que te presentan como la hermana del tío del primo de la nieta de Merceditas, la prima segunda de mi madre, ¿es que no te acuerdas de Merceditas? Aquella que se casó con el sobrino de Sofía, la que hacía los encajes esos tan bonitos. No puede ser que no les recuerdes, si estuvieron en la boda de tu hermano…Y tú acabas asintiendo, como si todos los días almorzaras con ellos. El caso es que dos más a cenar, que el marido está vivo. ¡Ah! Que no son dos, que son cuatro, que vienen con la hija y el novio, que digo yo si es que éste tío de los pendientes no tiene casa donde poner la gorra, que hay que ver qué rapidez con los langostinos. Pero no te importa, como es Navidad, todo vale...

Fuera de bromas. Me encanta la Navidad con todo lo que conlleva, con los recuerdos alegres y las tristezas por los que faltan, con sus borracheras tontas y sus indigestiones varias, con sus regalos y los nervios y las emociones de los niños esperando su Papá Noel, con las sonrisas forzadas y los hipócritas apretones de manos y no menos falsos besos en las mejillas y palmaditas en la espalda, con los maravillosos encuentros casuales con tus mejores fantasmas del pasado, con las cuatro cañas con los amigos, con la maldita lotería que nunca toca y, sobre todo, con la felicidad, y ésta sí que es real, de los niños, con el brillo de sus ojos y sus increíbles risas. Ellos son, sin lugar a dudas, lo mejor de la Navidad. Ellos son la Navidad.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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