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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Mecagüen los franquitos de toda España

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 22 de diciembre de 2010, 12:59 h (CET)
Soy un hombre subido a una duda. Es el sino de mi vida, una tortura que complica mi existencia y multiplica mis complejos. Me siento inseguro en un mundo inestable, vaya por Dios. Fuera de mi entorno me siento menor, a disgusto y desorientado. Pocas cosas he tenido tan claras como mi vocación y las reglas de ortografía, crecí y me he desarrollado creyendo que ambas cosas eran inmutables. Y resulta que ahora me cambian las normas de ortografía, ya no sé si debo escribir “rey” o “Rey”, “dios” o “Dios”, “truhán” o “truhan”.

Navidad era siempre signo de lo mismo, inmutable y tradicional hasta que España empezó a mutar y a dilapidar las tradiciones. Con lo que yo me siento perdido, a la deriva cual gobierno de Zapatero. Ya no sé si poner un belén en mi salón o montar un cirio a mis vecinos por poner un belén en las zonas comunes del edificio. Que es lo que harían los miles de franquitos que han surgido en España últimamente. Es el sino de los tiempos, no sé si debo celebrar la Navidad yendo a misa del gallo o limitarme a ponerme ciego de dulces, marisco y alcohol, pasando olímpicamente de lo que me enseñaron mis padres y de lo que intento trasmitir a mi hija. Por estar acorde con los tiempos.

A lo peor lo del musulmán que denuncia al profesor que pronuncia la palabra “jamón” es lo que debíamos hacer todos, defender con uñas y dientes legales nuestras creencias. Así no consentiríamos a nuestro lado las blasfemias en la barra del bar ni determinadas televisiones tendrían cojones para freír pública, impúdica e impunemente un crucifijo como parte de sus divertidísimos chous. O burlarse reiterada, pertinaz y obstinadamente del Papa, de los católicos o del cristianismo sin que nadie se atreva a denunciarlo, no vaya a ser que nos llamen intransigentes, fanáticos o exaltados.

Tengo más dudas existenciales que Woody Allen, no sé si debo defender mis ideas y ser por ello llamado talibán o dejar que los franquitos del todo vale impongan sus designios y su ingeniería social. Porque al final puede quedar todo entre talibanes de uno y otro signo sin masa social que sirva de colchón. Si ya uno no puede fiarse ni de la Real Academia de la Lengua ¿tengo yo derecho a impedir la libre expresión de quién hace sangre de mis creencias, tengo yo derecho a impedir que un musulmán me denuncie por comer pan con chorizo –madre, con lo rico que está- o por participar en la tradicional matanza del cerdo de los pueblos de Castilla?

Puesto que no sé si debo escribir como siempre lo he hecho o debo adaptarme a las nuevas eras ¿no debería también aceptar el inflexible signo de los tiempos y celebrar esta nochebuena una fiesta social, folclórica y familiar, con más papanoeles que botellines de cerveza hay en España y millones de lucecitas intermitentes sobre un árbol de plástico, una navidad desprovista de todo significado religioso para que no me acusen los talibanes del laicismo de ser un católico añorante de tiempos mejores? ¿Debo dejar sin protestar la actual deriva antirreligiosa, manifestando así mis valores demócratas, tolerantes y respetuosos con los que me ponen a caer de un burro? ¿O debería defender mis ideas en la comisaría más próxima como el alumno del jamón?

Porque a lo peor deberíamos replantarnos qué cosas debemos tolerar y hasta qué punto. Claro que en ese caso los varios millones de franquitos que hay en España nos llamarían talibanes.

De momento, ¿Sabe lo que digo? Que fuera dudas, mecagüen los franquitos, que yo voy a celebrar el nacimiento de Dios. Hala, a tomar.

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