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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

In péctore

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 22 de diciembre de 2010, 09:24 h (CET)
Aunque esta locución latina tiene su raíz en los nombramientos papales, pues que quienes los recibían se los guardaban en el pecho, actualmente su significado se centra en todo aquello que ya ha sido decidido pero que, por una u otra razón, se mantiene de forma reservada, lejos del conocimiento público. Por ejemplo, quienes me leen recordarán que ya hace bastantes días hablaba en uno de mis artículos que Zapatero había sido discretamente secuestrado, apartado del poder: pues ni más ni menos eso, que APR es el Presidente in péctore, el que corta el bacalao, el de facto, el baranda. Y así con todo.

No son pocos los que cuando leyeron mi novela “Sangre Azul (El Club)” me hicieron llegar su parecer acerca de lo aparentemente desquiciado de la síntesis, de lo conspiranoico y todo eso del argumento y tal, a pesar de que es una novela que, con las licencias de una trama subyacente de ficción, no hace sino relatar los sucesos a través de los titulares de los diarios. Un recorrido por la Historia reciente del mundo, y en particular de España, que hace propuestas complejas, osadas e incluso políticamente incorrectas, cual si nuestra sociedad en realidad no fuera más que un tablero sobre el que ciertos poderes juegan una tétrica partida en las que los ciudadanos somos peones prescindibles, borreguitos. Bueno, aunque los titulares que empleo a lo largo de toda la obra como hilo conductor son incontestables, queda claro que por aquel entonces, cuando lo escribí y aún cuando lo amplié en las siguientes ediciones hasta 2006, faltaban datos, o, mejor que eso, pruebas fehacientes. Cierto que bastaban con esos datos que los síntomas de la enfermedad –al menos para mí-, pero había a quien eso se le hacía poco y se quejaba de falta de pruebas.
Comencé el proceso de documentación allá por el año 2000 y esa etapa me llevó algo más de tres años. Vio la luz en el 2004, y me sentí satisfecho porque era no sólo sólida y coherente, sino también perturbadora, al menos lo suficiente como para remover algunas conciencias avanzadas, que, al fin y al cabo, son las únicas que me interesan. Que me disculpen la franqueza todos los demás lectores, pero para ellos no escribo. El caso es que, se quiera o no, hubiera quedado mucho más redonda con unas pruebas que, desde luego, ni estaban en mis manos ni en mis posibilidades, por más que contara con algunas informaciones… sensibles, digamos. El tiempo, sin embargo, lejos de haber dañado en lo más mínimo la trama (la parte imaginaria o de ficción) no ha venido sino a consolidarla, dándola visos de una clara diana. Wikileaks, en muy buena medida, ha venido a respaldar con datos concretos y ciertos buena parte de lo que argumento y sostengo en esa obra, si bien quedan cosas que respaldar todavía con pruebas: el 23F, el 11M, de dónde vienen las órdenes concretas (y de qué personas) para la desindustrialización de España, etcétera. Pero, bueno, también falta todavía que alguien explique de verdad la crisis de la que todo el mundo habla, que produce tantos daños y sobre la que nadie ha dado una explicación convincente. Lo sabremos, sin embargo, aunque no se sabe cuándo.

No quiero decir con esto que Wikileaks sea la voz de Dios o algo así, porque creo sinceramente que no es sino un proceso de información-desinformación muy propio de los Servicios Secretos, especialmente de los muy intrigantes como EEUU. A través de un fiasco aparente, sin duda están haciendo contraespionaje, inyectando en la sociedad enormes y monstruosas mentiras entre algunas píldoras más o menos relevantes o escandalosas de verdad para darlo crédito. Que los poderes den por sentado una filtración de tal magnitud, no deja de ser la prueba fehaciente de que de eso nada, porque por mucho menos invaden un país o se fumigan a medio mundo.

“Allá donde se reúnen los buitres se encuentra el cadáver”, dice la Biblia, y no hay mayor verdad. Los buitres, en realidad, hace mucho tiempo que merodean y se entrenan en guerras de barrio, haciendo ensayos de lo mismo en el mundo mal llamado civilizado: compra de países, altercados sociales, atentados incomprensibles, paces absurdas… Demasiado bien colocado todo para ser cierto o atribuírselo al azar. Hay, según mi opinión, una batuta directora en todo esto, una mano que mece la cuna. El Nuevo Orden, ese Novo Ordo Seclorum afamado, está dando sus últimos pasos, y, a medida que esa mano divide a la sociedad en segmentos, se reinstauran las clases sociales y se implanta el nuevo feudalismo que será el leitmotiv de las próximas centurias. De hecho el N.O. ya funciona in péctore.

Por ejemplo, a muchos les ha parecido tan ricamente que salga el Ejército a la calle en pleno siglo XXI para resolver un conflicto laboral; pero pocos han caído en la cuenta de que, aceptado esta aberración por un pequeño colectivo, el poder está ya legitimado para hacerlo cuando quiera y con cualquier excusa: la trampa ha sido perfecta. Las tropas, después de todo, ya han aprendido técnicas de guerrilla urbana y todo eso, se han adiestrado en los escenarios más duros y, sólo cuando lo han hecho, es cuando se han comenzado a conculcar en masa los derechos civiles en todo el mundo y a perder su independencia los países. Ya sé, ya sé que esto es muy conspiranoico, pero les invito a que vean cuándo se fundaron todas esas organizaciones que hoy están tomando los mandos, qué personas lo formaron y lo forman, y qué ideología de logia tienen. Si después de haber revisado todo esto todavía creen que la crisis existe, que los controladores aéreos son malos y que todo lo que pasa sucede por casualidad en un orden donde nada se mueve sin órdenes expresas –tanto más los intereses-, no tenga usted duda: los pájaros maman y vive usted en Nuncajamás.

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