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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

El sentido perdido de la Navidad

José Vicente Cobo
Vida Universal
miércoles, 22 de diciembre de 2010, 08:06 h (CET)
Por todas partes los comercios y las calles están ya adornados. Se intenta de una forma externa traer el ambiente navideño a los cristianos. Por cada rincón los brillos y las luces intentan invitar a las personas a entrar en los grandes almacenes y por todas partes se leen y escuchan cosas sobre la Navidad. En muchos lugares ya han comenzado los mercados navideños con los dulces tipicos de la época, los ponches, los arbolitos y muchas, muchas cosas navideñas más.

Pero, ¿cómo debería ser el correcto ambiente navideño y cual es el significado real de la Navidad? La Navidad se ha convertido ciertamente en una festividad cubierta de un halo de sentimentalismo, impregnada en muchas ocasiones con un poco de melancolia, también de alegría de reunirse con familiares y amigos.

Pero por desgracia para muchas criaturas la Navidad se ha convertido en la fiesta de la matanza más grande del año, una fiesta de muerte, dolor y millones de sacrificios de animales. ¿Cuantos gansos y pavos están siendo cebados con dolor y crueldad, cuántos corzos, jabalies y venados serán abatidos a disparos y cuántos peces asfixiados en las redes de pesca? Es posible que muchos lectores opinen que la Navidad es por excelencia la fiesta del amor, algo que no se puede cuestionar, entonces ¿por qué se actua así con las criaturas más desprotegidas, los animales?

¿Qué ha hecho la cristiandad de la noche sagrada? Dios es el amor, pero los ritos y cultos, el incienso y los dogmas no tienen nada que ver con una noche bendecida, Cristo no enseñó algo así. ¿Para qué necesita la cristiandad un padre santo en la Tierra, un supuesto representante de Dios, si el único Santo, Dios, está muy cerca de nosotros? Jesús de Nazaret nos trajo el Padrenuestro y nos enseño a dirigirnos a una camarilla silenciosa para rezar a Dios, nuestro Padre que vive en nosotros. Si Jesús de Nazaret hubiera querido iglesias de piedra, nos hubiera dicho: Id todos los días festivos a las iglesias de piedra y rezadme a Mí durante 2000 años en el pesebre. Si Jesús de Nazaret hubiera querido los dogmas, ritos y cultos con incienso y cosas similares nos habría recomendado continuar con el culto a Baal y no hubiera dicho: «Yo lo hago todo nuevo».

Todos somos capaces de poder hacer un análisis un poco más profundo de la Navidad actual en contraposición con el gran acontecimiento de Belén de hace 2000 años, por eso tomése tiempo durante estos días festivos y compare los ritos de humo del incienso de los sacerdotes con el nacimiento del Hijo de Dios. ¿Quién recuerda y siente todavia la noche consagrada? ¿Y a quién ha sido en realidad consagrada: a los sacerdotes, al consumo, a la iglesia, a las vacaciones?

La Nochebuena deberia ser una noche bendecida, una noche consagrada al gran espíritu del cielo y a la personificación del Cristo de Dios, el corregente del infinito, pero ¿dónde ha quedado todo esto y donde está el corazón para Cristo?. El, siendo Jesús de Nazaret nos prometió enviarnos al Consolador, para conducirnos a través de El a toda la verdad y ese tiempo ha llegado. El Cristo de Dios resucitado ha cumplido Su promesa dada a los hombres, pues Dios, el Todopoderoso ha vuelto a enviar en nuestra época a un gran profeta. Es Gabriele, a la que Dios, el Eterno llama Su mensajera y profeta. Y a través de ella El, el Consolador, ha derramado sobre los hombres durante 35 años toda la verdad del cielo, hasta el punto en que es posible ser captada por los seres humanos. Toda una plenitud de conocimiento espiritual dado como nunca anteriormente y El, Cristo, vuelve a llamar a todas las personas de buena voluntad diciendo: Yo, Cristo, soy el Camino, la verdad y la vida. ¡Seguidme!

Por eso los seguidores del Nazareno cuando llega la Navidad consideramos el acontecimiento cósmico sin igual que sucedió hace 2000 años que fue el nacimiento de Cristo, y su profundo sentido, el sentido interno que se ha perdido.

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