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Todos buenos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 21 de diciembre de 2010, 08:36 h (CET)
Ahora que la Navidad mueve y remueve las emociones y les hace creer a los ingenuos, los niños y los memos que el mundo está lleno de buena gente preñada de buenas intenciones, y que las compañías de deporte aventura caritativa meten los dedos en las llagas de humanidad de aquéllos que se creen que los pájaros maman y que con una limosna remediarán los males del mundo y arrinconarán a los malos, que los hay, no es un mal momento para hacer una reflexión o dos acerca del mundo y el orden real que vivimos.

Por lo pronto, y a tenor de los tozudos hechos, queda meridianamente claro para los tenían dudas todavía que democracia no es más que el pomposo nombre de moda de la Dictadura a plazo fijo o con fecha de caducidad. Renovable, eso sí. No lo digo sólo por las maneras dictatoriales del partido en el poder que nos desconsuela, sino porque se gobierna a contrapueblo a contracoherencia de tal manera que el divorcio existente entre la clase política y la ciudadanía no puede ser más aparatoso y enconado, y porque ya se ve que no importa qué se diga, quienes tienen el chupetín por el palito viven como inmortales en el Nirvana, un espacio por completo ajeno a quienes, imperfectos y mortales, estamos en el “camino”. La miserable jubilación de escasa paga y hambre segura no va con la casta política, por ejemplo, sino la enjundiosa jubilación de una o dos decenas de miles de euros por mes, así tengan una o dos legislaturas de vivir como maharajás; ni va con los allegados de sus entretelas, quienes pueden irrumpir en la Administración con derechos de rajá y obligaciones de ociosos; ni va tampoco con los prejubilados de casta, quienes pueden retirarse a los viajes privados y privativos a la dorada plenitud de los cuarenta años de edad o poco más. Los mortales que estamos en el “camino”, sin embargo, debemos trabajar la purificación de nuestro devenir paria hasta los 67 añitos, y, cuando lleguemos a esa edad, si llegamos, contaremos con una pensión que habrá promediado nuestra vida laboral hasta reducirla a una irrisión que nos mantenga en el shock de la hilaridad hasta que estiremos la pata, que es lo que tenemos los intocables desheredados. Cosa que, dicho sea de paso, le parece poco a la OCDE y ya propone los 70 como poco para jubilarse…, además de 35 años mínimos de cotización, lo cual, con el desempleo rampante existente en esta España liquidada a los camtimpalenses y dedicada en cuerpo sin alma al entretenimiento de nuestros ilustres visitantes, será poco menos que algo milagroso, si Satán lo tiene a bien. Ya se ve que la contención de los nacimientos es insuficiente para detener la explosión demográfica, y se ha decretado la extinción de los españoles… que están en el “camino”.

Sin tardar muchos meses vendrán tiempos en que estos mismos políticos, o los de la otra cuerda, que son el otro brazo de la misma bestia, pedirán nuestro voto, y se lo daremos por simpatía hacia ellos o por antipatía del contrario. Sarna con gusto…, ya se sabe. Poco importará el resultado, porque la esencia será la misma y seguirá la casta bhrámica trincando a base de bien y continuarán sin aclararse, si Wikileaks no lo remedia, los grandes asuntos del Estado: el 23F, el 11M, el Faisán, la debida obediencia al Imperio, la titiritaina del mangoneo de los afanadores internacionales en los asuntos patrios, el porqué de los hombres de paz de ETA y todo eso. Feliz Navidad, en fin.

Mientras el país se sumerge en riadas y se destruyen pueblos y haciendas, Protección Civil le pone colores al desastre generalizados, pero nadie remedia los males ni siquiera con un mal Estado de Alerta que ponga a trabajar a los militares en esos casos que están específicamente descritos en la Ley, entretanto sí que son sacados de los cuarteles para paliar los daños que producen los conflictos laborales que puede ser que impidan viajar a los que tienen una pasta gansa y quieren comerse el turrón en las Chimbambas para luego dar con su felicidad y las colitas de perdiz en las narices de los que están en el “camino”, todos estos bindundis a los que se nos ha retorcido el brazo de nuestros derechos para que paguemos con generosidad el derroche de los unos y la riqueza de los otros, además, claro, de financiar a quienes han producido el desastre de enviar a casi cinco millones de familias a la pobreza y el desempleo y han elevado a siete millones de almas a las cumbres de la riqueza. Lo uno por lo otro, en fin.

Pero, con todo, feliz Navidad, ya se sabe. Todos somos buenos, todos son buenos, y, para serlo los políticos, les basta con lanzar algún mensaje ñoño o poner carita de hombres de paz desde el Nirvana de su poderío y la abundancia de su reino. Ánimo, chicos, seguid en la vuestra que entre todos podremos solucionar esto y nosotros seguir gastando a destajo, y poniendo a buen recaudo de la miseria a nuestros devotos o parientes, dicen por lo bajini mientras se ríen dichosos en su orden sin carencias.

Y es verdad: la Navidad convierte con arte de birlibirloque en buenos a todos, todos. Incluso a los dictadores, los políticos, los mangantes y los tramposos. Feliz Navidad, pues, y feliz más de lo mismo en un 2011 lleno de más haberes para ellos y de más miseria para todos nosotros. Las cosas se van poniendo en su sitio: los pobres al Portal, y los ricos con Herodes. Y el mundo, entretanto, sigue rodando.

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