Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Regreso del ‘pujolismo’

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
martes, 21 de diciembre de 2010, 08:35 h (CET)
Con la presidencia de Artur Mas, regresa el pujolismo en la política catalana. Un pujolismo rejuvenecido y actualizado. Quizás es el mejor elogio que se pueda hacer, por ahora y tras escuchar su discurso de investidura, al discípulo aplicado del expresidente Jordi Pujol.

Mas llega, finalmente, a la presidencia de la Generalitat, avalado por una amplia mayoría en las recientes elecciones autonómicas en las que la izquierda, globalmente, y el nacionalismo separatista sufrieron una debacle histórica. Por contra, el centro-derecha españolista catalán, representado por el Partido Popular, remontó ostensiblemente liderado por una mujer, Alicia Sánchez-Camacho. En resumen, en las urnas se impuso la moderación.

Y esta moderación se impuso en el discurso de Artur Mas, que, como buen líder, ha sabido captar el mensaje electoral. Como comenta Jordi Barbeta (La Vanguardia), el proyecto político que ha presentado Artur Mas para su investidura como 129 President de la Generalitat, consiste básicamente en una invitación urbi et orbi a que todo el mundo suba a su barco y se ponga a remar.

“Lo ha planteado, añade Barbeta, como la única manera que hará posible superar las dos crisis planteadas: la económica-financiera y la crisis de relación con el Estado español” Pero Mas “ha pronunciado probablemente el discurso más precavido de su vida”. Es decir, con ambición y realismo, a la vez. Al estilo de Jordi Pujol, que basculaba entre el “sueño nacionalista catalán” y el practicismo de negaciar lo posible con el gobierno de turno del Estado.

Lo que en campaña llamaba Concierto económico, a la vasca, ahora lo formula como un “pacto fiscal”con el Estado, como objetivo prioritario capaz de suscitar más consenso político y social, como ocurre siempre que se pide más dinero. Lo cual choca con la prioridad del independentismo, que opta por la ruptura pura y simple con España.

Pese a dar prioridad casi absoluta, a corto plazo, a sacar Catalunya de la crisis económica, en la medida de las posibilidades de las competencias transferidas, propone como gran idea-fuerza, a largo plazo, un proceso de “transición nacional” en las relaciones con España, ya que cree que el Tribunal Constitucional, con su sentencia “contra el Estatut”, ha dejado sin efecto el “pacto constitucional entre Catalunya y España”, cortando toda posibilidad de que España evolucione hacia un Estado plurinacional o federal. Otra vez, por tanto, el pujolismo: la ambición nacionalista y el realismo práctico.

Con Artur Mas vuelve, actualizado y modernizado, el “catalanismo” de Prat de La Riba, y de la busguesía catalana. Y con ello, sin cerrar puertas al “sueño”, el practicismo de exprimir al máximo las posibilidades de lo que queda del Estatut y negociar como recuperar lo posible de lo que se perdió en el TC, idea motriz, hay que reconocerlo, del president socialista José Montilla.

Pujol ha hecho escuela, En las ideas de fondo y en el estilo de gobernar. Y Artur Mas es su discípulo más aventajado. Esto puede serenar Catalunya, pero también España. Los extremismos, que tanto asustan a las clases burguesas, han quedado muy marginados.

Noticias relacionadas

¿Cuándo dejará Europa de ser un vasallo de EEUU?

El fracaso de las sanciones de EEUU a Rusia

Eso de la Cuaresma ¿va contigo?

Ahora es tiempo favorable para convertirnos y creer en el Evangelio

¿El castellano en Cataluña? ¿Quién permitió que se aboliese?

La Constitución española no necesita ser interpretada respeto a la vigencia, en todo el territorio español, de la lengua que hablan más de 500 millones de personas: el castellano.

Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris