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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   España

¿Hay quien piense que España va bien?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 20 de diciembre de 2010, 08:30 h (CET)
Los ciudadanos de a pie nos preguntamos ¿en qué va a acabar todo esto de la deuda pública? Y algunos más curiosos quisieran también que se les informara de lo que va a ocurrir cuando, algunos países como Alemania o Francia, se cansen de seguir aportando euros al Banco Central Europeo, para que vaya comprando la deuda pública de aquellos países que no tienen forma de colocarla entre los inversores o, si lo hacen, es a cuenta de tener que pagar intereses desorbitados y primas de garantía que se convierten o se convertirán en prohibitivas para quienes la emiten.

Y es que nos cuesta, a los simples ciudadanos, poder entender cómo, para evitar que quiebre un banco, una entidad financiera o un nación, por no poder pagar sus deudas, cumplir dentro de un plazo determinado sus compromisos de pago tal como se convino; se recurra a que la nación se vaya endeudando cada vez más, con sucesivas renegociaciones de su deuda, hasta que la bola que se va formando, engrandecida por los costes adicionales de cada renovación, se haga tan importante que al país, entidad o grupo financiero, le llega un momento en el que es incapaz de hacer frente a sus compromisos y debe declararse en quiebra. O sea, que para evitar una quiebra de menor importe, se corre el riesgo de que, al cabo de un tiempo, se llegue al “default” y, por añadidura, en peores condiciones y más difícil solución.

Estoy seguro de que los expertos, los economistas y los versados en estas cuestiones, me darían mil explicaciones técnicas y argumentos numéricos para demostrarme las ventajas de una política semejante y los inconvenientes de dejar que se vayan a hacer gárgaras todos aquellos que fueron los causantes de esta macro crisis que estamos soportando; pero, a mí se me ocurre que, si en una familia hay alguno de sus miembros que se niega a ajustarse a sus posibilidades y lleva una vida que le obliga a gastar más de lo que gana, es posible que el padre le llame la atención recomendándole que cambie de vida y se ajuste a lo que le permite su sueldo; y si, a pesar de todo, el sujeto sigue extralimitándose y por añadidura le pide dinero a su progenitor para seguir malgastando, lo lógico sería que le prestase una cantidad para pagar sus deudas y luego le anunciara que, a partir de aquel instante, se las apañara como pudiera para subsistir. Sé que es un ejemplo muy simple, pero a mi se me ocurre que el caso de España y del resto de las PIIGS, tiene un paralelismo muy parecido al ejemplo anterior. Veamos. El señor ZP quiso aparentar que España no sufriría los efectos de la crisis económica y persistió en su política “social” consistente en repartir dinero a manos llenas sin escuchar a quienes (Solbes, por ejemplo) le advertían de que era un gravísimo error. Así, nuestro país ha ido trampeando a base de irse endeudando con emisiones de deuda pública, negándose a hacer las reformas precisas para poner en orden nuestras finanzas y nuestro mercado laboral. Europa, a través de Bruselas, nos ha ido advirtiendo hasta que, en los primeros días de mayo de este año, la situación se hizo tan extrema que estuvimos a punto de no poder atender nuestros compromisos de pago, poniendo en peligro, no sólo a España, sino que también en entredicho la estabilidad de toda la zona euro, con las nefastas consecuencias que de ello se hubieran derivado para toda la UE. Bruselas acudió en nuestra ayuda, EE.UU. nos leyeron la cartilla y hasta la lejana China, que también tiene deuda española, se interesó por el problema. Resultado: obligaron a ZP a dar un vuelco a su política, tuvo que recoger velas y olvidarse de sus veleidades socializantes, para cumplir con el mandato que recibió de la CE.

Consecuencia: seguimos endeudándonos hasta el punto de que ya rozamos el 60% del PIB y vamos, cada vez más, camino de tener que seguir en la misma línea porque, las circunstancia internas del país, no permiten hacer otra cosa. Por ejemplo, tenemos un desempleo que dobla la media europea, lo que significa que el Estado tiene que dedicar una importante tajada de su presupuesto a subvencionar a los ciudadanos sin trabajo; continuamos con un PIB que está en cifras negativas y, según dicen los entendidos, no se genera nuevo empleo hasta que alcanza cifras superiores al 2% o el 2’5% lo que, por el momento, no nos permite albergar ninguna esperanza de una recuperación rápida del empleo. Existen dos puntos en los que tampoco se ha avanzado, a pesar de que son básicos, si queremos cumplir con el mandato de Bruselas. El primero, hace referencia a la reforma, en profundidad, de nuestro mercado de trabajo; para lo cual se precisa una flexibilización de las plantillas; un aumento de la productividad; una moderación salarial y una especialización, cada vez más urgente, de nuestros trabajadores; para poder competir con las empresas de Europa y del resto de los continentes, sin lo cual difícilmente podremos exportar. El segundo lugar, se debe acometer, mejor dicho, se debiera de haberlo hecho hace ya dos años, una reforma de nuestro sistema de pensiones que, a día de hoy, resulta obsoleto e insostenible un sistema basado en el reparto; en una situación en la que las cotizaciones han disminuido radicalmente ( a causa de los que están en paro) y en el que, por otra parte, los cálculos actuariales no consiguen hacerlo cuadrar, cuando el envejecimiento de la población ha aumentado las perspectivas de seguir percibiendo la pensión muchos años más de los que, inicialmente, se calcularon.

Es obvio que, la reciente reunión de Bruselas, intentara vender a los mercados que había una unión de todos sus integrantes; que España (el ojo del huracán especulativo) estaba haciendo las cosas bien; que Alemania no se empecinaba en sus posturas radicales y que, como consecuencia, se “acordaba” el mantenimiento de un Fondo de Apoyo a las naciones en apuros, para cuando finalizase la vigencia del actual fondo de rescate, que será en el año 2013. ¿Coincide la realidad con tal escenario? Mucho me temo que no. En primer lugar España no va bien, nuestras CC.AA, a diferencia de lo que quiso indicar la señora Salgada, están cada vez más endeudadas, en concreto, más de 107.000 millones de euros (un 10% del PIB) y los ayuntamientos, en el tercer trimestre, ha alcanzado los 36.226 millones de euros. En total, entre la deuda pública y la privada, España debe la friolera de 611.198 millones de euros, el 57’7% del PIB. Habrá alguien diga que hay países más endeudados que nosotros y puede ser cierto pero, lo preocupante de nuestra deuda es que, en el año 2007 la deuda de las CC.AA era de 57.196 millones de euros y, en septiembre del corriente año, ha alcanzado la cifra de 107.622 millones de euros o sea ha tenido un crecimiento del 88%.

Cuando ZP se muestra tan tajante (obligado desde Bruselas) respecto a la necesidad de contener el gasto de las CC.AA, afirmando, categórico, que “a quien no lo cumpla
( programa de austeridad) el Gobierno le va a hacer cumplir”; nos produce cierta sensación de que está tirándose piedras sobre su propio tejado debido a que son, precisamente, las comunidades gobernadas por los socialistas las que se llevan la palma en cuanto a aumento del gasto; de tal forma que, las comunidades de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Cataluña y Extremadura, suman un total de endeudamiento de 56.528 millones de euros ( con un incremento del 108’96% sobre sus situación del 2007); mientras que, las comunidades regidas por el PP, Castilla León, La Rioja, Madrid, Murcia, Navarra y Valencia suman una deuda de 36.907 millones de euros (con un incremento respecto al año 2007 del 52’06%). Veremos como se las compone el señor ZP para poner orden en su propio corral. Otra cosa será ver como acaba el tema de la compra masiva de deuda pública por el BCE, que trataremos en otra ocasión. En esta turba multa económica, velis nolis, todos estamos implicados.

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