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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde hablamos de ministras lenguaraces

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 17 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
No es que los ciudadanos queramos pedir peras al olmo ni que los niños nazcan conociendo latín, no, no señores, nos acomodamos con poco, en realidad, desde que ha entrado en funciones el gobierno socialista del señor Zapatero, prácticamente, nos estamos conformando con nada, nos bastaría que nos dijeran la verdad.

Veamos si dejamos las cosas claras: conforme con la equiparación de derechos entre hombres y mujeres (siempre en las mismas condiciones y sin que el sexo sea un plus añadido); estamos de acuerdo en que las mujeres puedan entrar en el Ejército y ocupar la presidencia de las sociedades y, aceptamos que compitan con los hombres para alcanzar cargos políticos, si están convenientemente preparadas para ello. Sin embargo, pedimos que, tanto hombres como mujeres, para poder representar los intereses de una colectividad, asumir la responsabilidad de tomar decisiones y corresponder a la confianza de quienes los eligieron y pusieron, en ellos, la esperanza de una gestión honrada y eficaz; sea preciso que tengan una formación, unos conocimientos y una inteligencia determinada que los haga aptos para el puesto para el que fueron elegidos.

Queremos decir que, si en este país en el que nos ha tocado nacer, tenemos una Ley Electoral que permite, por mor del sistema D’Hont, que pequeñas formaciones políticas, con un escaso número de votos, puedan convertirse por causa de la aritmética electoral en la llave de la gobernación de autonomías y del propio Estado central; si existe una práctica, impuesta por voluntad de los partidos políticos, consistente en obligar a votar listas cerradas de candidatos y, por la presión del feminismo, se ha impuesto por medio de una ley ad hoc la obligación de que, por cada hombre que sea elegido lo ha de ser una mujer, para establecer una paridad absurda; si se tiene en cuenta que, el establecer cuotas, sin que se tengan en cuenta factores como: la capacidad, la preparación, la inteligencia,.y la idoneidad, para el cargo en cuestión, como condiciones básicas; es lo mismo que negar a los ciudadanos que sean las personas más capacitadas, fueren hombres o mujeres, las que ocupen, por merecimiento propio y no por cuestiones de género, los lugares de responsabilidad en las Administraciones públicas y en el propio gobierno de la nación o de las comunidades autónomas.

Será por mala suerte, por pura casualidad o porque el PSOE anda escaso de mentes brillantes de las que meter mano, para cubrir los altos cargos que le tocaron en suerte en la últimas legislativas; pero resulta que, este ramillete de señoras que han ido ocupando cargos de importancia en el mismo Gobierno o en las Administraciones, no han sido una muestra de que sea, precisamente por ser mujeres y por machismo, el que a algunas se las hubiera de excluir automáticamente de las listas electorales y de las candidaturas a puestos importantes, como por ejemplo, el de ministro, no por su condición femenina sino por su falta de preparación, su inoperancia y por su estrafalaria manera de entender sus obligaciones como un miembro del Ejecutivo o por su extremado sectarismo que la incapacita para gobernar adecuadamente para todos los españoles. Los ejemplos han sido abundantes porque, si recorremos el elenco desde la señora Magdalena Álvarez, Mª Antonia Trujillo, Bibiana Aído o la vice de la vogue, señora De la Vega; del primer gobierno de Zapatero y seguimos la saga de las recién incorporadas, o aquellas que han cambiado de ministerio, según la última reestructuración del Gobierno; tendremos que convenir que ninguna de ellas, salvo la ignorada Garmendía, se ha caracterizado por su discreción, sus aciertos políticos, su aceptación por la ciudadanía y su capacidad para resolver los problemas a los que han tenido que enfrentarse. Claro que, entre la mediocridad, siempre hay quien destaca entre las otras por su especial incompetencia, por su imparable verborrea o por sus formas inconvenientes, que hacen que uno tenga necesidad de prestarles más atención.

Últimamente, después de que a la niña bonita de ZP, la señora Bibiana Aído, el “alma mater” de la campaña en defensa del aborto y la eutanasia, fuera defenestrada por el mismo que la colocó en su puesto; hemos tenido ocasión de encontrar parecidos perfiles, iguales signos de prepotencia y las mismas carencias en algunas de sus sucesoras. Porque, si tenemos a la nueva ministra de Asuntos Exteriores, la señora Trinidad Jiménez, una de las que mejor se desenvolvía en su antiguo ministerio de Sanidad; ha demostrado su falta de cintura, su escasa serenidad y su balbuceante discurso, cuando ha tenido que bregar –a medias, porque el resto se le dio ZP a Moratinos ( el incombustible para que se plegase ante Rabat como es su habitual costumbre – con el tema del Sahara y los problemas surgidos en el campamento protesta de El Aaiún; dando la muestra más patética de indecisión, de impotencia y de vano intento de engañar a los españoles, con mentiras y medias verdades, que nadie aceptó y que, lo único que logró, fue ponerse en el más espantoso ridículo. Es evidente que, la sin par, Leire Pajín, ha entrado en el ministerio de Sanidad como un elefante en una cacharrería. Ya tiene gracia que ZP la eligiera, siendo una indocumentada en la materia y en muchos otros aspectos, para un puesto de tanta responsabilidad, que supone unos amplios conocimientos administrativos y una especial habilidad para moverse dentro de un colectivo, muy corporativista, que suele ser reacio a imposiciones y dogmatismos.

Lo que sucede, cuando se es inexperto, engreído y se tienen ganas de destacar, sin tener la prudencia, la paciencia y la más elemental autocrítica; es que es muy fácil meter la pata hasta el corvejón, práctica a la que se ha aficionado la señora ministra que, en solo dos ocasiones, ya ha sido capaz de dejar claro que le viene ancha la poltrona y que mejor sería que hubiera permanecido callada hasta que, de verdad, tuviera algo inteligente que decir. Primer lapsus: la señora ministra informa sobre la inminente aplicación de la Ley del Tabaco y de las prohibiciones inherentes y afirma que “tiene estudios serios de otros países” en los que las restricciones no han causado perjuicio alguno al turismo y gremio de bares y hoteles. El Instituyo de Estudios Económicos, por el contrario, ha calculado que tal medida puede comportar un paro de 50.000 empleos y 7.500 millones de pérdidas ¿a quién creer? Segundo lapsus: la señora ministra se congratula de la disminución de los abortos en España y presume de que, la causa ha sido la aplicación de la píldora “del día después”, no obstante, vean por donde, desde el mismo ministerio de Sanidad se dice que, en realidad, los abortos han subido en un 3% y que lo que ha producido la confusión ha sido un incremento de mujeres inmigrantes que han distorsionado las estadísticas.

¿Recuerdan la frase, exquisitamente “diplomática y mesurada”, con la que Leire Pajín contesto a una pregunta de una senadora del PP sobre la amiga de la ministra, Nuria Espí de Navas, designada para el cargo de delegada del Gobierno para el Plan Nacional de Drogas? La respuesta fue “a ver si la ministra no puede nombrar a quien le salga de los cojones”, pues bien, la criatura que salió de aquella pudibunda parte de la señora ministra, ha resultado no ser consecuente con su obligación y ha aparecido en un bar de copas fumando como una descosida. Y es que a esta señorita, también la podemos ver en una foto, apoyada en un cartel, convertida en una activista, pidiendo al gobierno valenciano que impida que la gente grite en las fallas aquello de “maricón el que no bote”. Evidentemente, su preocupación por el buen hablar, se la debería traspasar a su mentora que, por lo visto, no es tan remilgada como ella, por lo que se ve y se oye.

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