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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Leonor de Castilla

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 17 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Lo primero que uno asocia con Londres es el reloj del Big Ben, el parlamento, el puente de torres que se abre, los guardias inmóviles con sombrero parado negro, los buses de dos pisos, el estadio de Wembley o la nueva rueda.

No se menciona a una Plaza de Armas, las cuales son en el mundo hispano el inicio del sistema vial de un país. Los ingleses, que no construyen este tipo de plazas, sin embargo, si tenían una cruz que marcaba el comienzo del millaje de todas las carreteras nacionales.

Este monumento que no es muy conocido, no obstante, es algo que tiene que ver con nosotros. Se trata de la ‘Charing Cross’, una alta cruz que estaba considerada como el kilómetro cero de Gran Bretaña.

Si en una Plaza Mayor se erigen monumentos a los fundadores de la ciudad o a los padres de la patria, esta cruz no se ha construido en honor a ninguno de ellos. Fue edificada por un rey inglés (Eduardo I) en honor a su difunta esposa hispana Leonor de Castilla.

Eduardo I y Leonor tuvieron una relación muy amorosa en una época en la cual los matrimonios se arreglaban por conveniencias. Se cuenta que ella acompañó a su marido a las cruzadas donde le salvó de una flecha envenenada succionándole la sustancia letal.

Cuando ella se murió en 1290 a la edad de 49 años su viudo hizo construir 12 cruces, una en cada una de las paradas en las que descansó cada noche su ataúd en el trajín en que éste viajó desde Lincoln a Londres.

Este 17 de diciembre se cumple el 820avo aniversario del entierro de esta reina consorte en la abadía de Westminster, el principal lugar donde yace la realeza inglesa.

Esta historia real, que se da en la Inglaterra siglos antes de que allí se escribiera Romeo y Julieta, en cierta manera nos atañe.

Una es porque el corazón de la urbe que creó el mayor idioma de la globalización late en honor a una castellana; es un símbolo de amor entre ingleses e hispanos.

Dos, porque, por una extraña casualidad, el barrio que se dice ha sido nombrado en honor a ella y a otras infantas castellanas (Elephant and Castle, debido a que los ingleses no podían pronunciar bien la palabra Infanta de Castilla) es hoy el corazon de la comunidad hispanoamericana de Londres, urbe donde reside entre un cuarto a medio millón de iberoamericanos.

Tres, porque es una muestra más de la constante interrelación que hubo entre el mundo hispánico y el anglosajón, la misma que intentó ser relegada debido a que la actual corona anglicana se consolidó hace 4 siglos en lucha contra la Armada Invencible y los católicos pro españoles.

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