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Fernando Lugo, entre el Narcofascismo y protestas suicidas

Luis Agüero Wagner
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
viernes, 17 de diciembre de 2010, 09:48 h (CET)
En un artículo publicado en un diario de Buenos Aires, Atilio Borón advertía con respecto al Paraguay que la derecha velaba “sus armas esperando dar el zarpazo que lo libre de la molesta presencia de (Fernando) Lugo y restablecer el imperio del narcofascismo”.

La realidad y la sucesión de los acontecimientos terminaron dando la razón a Borón, pero fue el mismo guardián quien abrió de par en par las puertas.
Mientras el cura Fernando Lugo asume una institución supranacional que combate el lavado de dinero, en el plano local su gobierno aparece salvado y sostenido por la narcocracia y el "narcofascismo", como los mismos seguidores del cura calificaron por mucho tiempo al militar retirado Lino Oviedo. Eso además de matón temible, amenaza fascista y asesino de los jóvenes en la plaza, durante el marzo paraguayo.

“La gente no debe olvidar las incoherencias del presidente Fernando Lugo, quien hace unos meses acusaba a Lino Oviedo de golpista y ahora se sienta a negociar con él”, indicó un diputado crítico al gobierno.

El partido del general retirado logró, gracias a Lugo, recuperar el espacio en el Consejo de la Magistratura. Con ayuda del Presidente, Lino también ubicó a su correligionario como ministro del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE). Los legisladores que responden al Ejecutivo tienen además la instrucción de votar por un oviedista para la Contraloría General de la República.

Protesta suicida
Mientras el gobierno del cura Fernando Lugo pacta con el narco-fascismo y se desvive auto-promocionándose y auto-elogiándose, y repartiendo sobornos a la prensa amiga a diestra y siniestra, la desesperación lleva a los paraguayos al borde del suicidio, como lo demostró ayer un asegurado de una previsional social.
Sebastián Romero, un viejo luchador contra la dictadura de Stroessner de 65 años, trepó ayer a una antena ubicada en el octavo piso del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). Desde ese lugar exigió a las autoridades un compromiso para mejorar la atención.

Tras más de tres horas de tensión, Romero accedió a firmar una carta de compromiso con las autoridades del IPS, ante una asistente fiscal, en la que exigió respuestas a varios reclamos. Entre estos, mencionó la prohibición de consultar con cédulas vencidas, la limpieza de los pabellones de internación y los baños, el arreglo de todos los calefones del nosocomio, la puntualidad de los médicos y la designación de reemplazantes cuando estos se ausentan.

También solicitó mejorar el mantenimiento del hospital, los asientos, la realización de audiencias con el presidente del Instituto, y revisar la resolución relacionada a la cobertura de los anteojos.

Luego de desistir de suicidarse en protesta por la mala gestión del IPS bajo el gobierno luguista, Romero relató que su esposa falleció hace 10 meses de cáncer, y que a él le diagnosticaron la misma enfermedad hace dos meses. “Me detectaron un tumor maligno y me tienen que cortar el brazo. Entonces, para mí la vida no tiene más significado”, expresó.

De igual modo, deploró la indiferencia del cura Fernando Lugo insensible a los reclamos del pueblo. “Me defraudó, porque no se presentó en un lugar que era de vida o muerte”, manifestó expresando una opinión generalizada de la ciudadanía.

Aquejado de un cáncer linfático avanzado, Fernando Lugo recibió trato privilegiado en los mejores centros oncológicos de la región, una suerte que no cuenta la inmensa mayoría de sus compatriotas, condenados al precario sistema de salud que día a día se deteriora, a pesar de encontrase bajo la tutela de USAID.

Las actuales autoridades de IPS responden al sector del principal operador en el Parlamento del ex presidente Nicanor Duarte Frutos, Carlos Filizzola, hoy al servicio del mandón de turno Fernando Lugo.

En tanto estas tragedias se suceden cotidianamente, el gobierno arzobispal pretende que los paraguayos se conformen con las cifras del “crecimiento económico” morotizado sobre todo por los agroexportadores, que implantan en el país el modelo que las transnacionales contaminantes como Monsanto imponen al mundo, al costo de la marginación de las mayorías y la expulsión y aniquilación de la agricultura familiar campesina.

Decididamente, continuar la historia y repetirla son dos cosas bien diferentes.

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