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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

El último bailarín de Mao: Un biopic correcto pero sin alma

Alejandro Alonso
Alejandro Alonso
viernes, 17 de diciembre de 2010, 09:02 h (CET)
El “biopic” o biography-picture ha alcanzado tanta popularidad en los últimos años que ha pasado a convertirse en un género cinematográfico en sí mismo con sus propias reglas y clichés. La sobrecarga de relatos audiovisuales basados en vidas de personajes célebres ha llegado a saturar de tal manera las carteleras y parrillas televisivas que ya llegan a empechar hasta hacerse indigeribles de tanto aplicar la misma fórmula una y otra vez.

En este caso, le ha tocado el turno a una estrella del ballet: Li Cunxin. Se trata de un bailarín chino formado por una delegación del gobierno maoísta que, tras convertirse en la estrella más joven del balet de Pekín, fue tachado de traidor por las autoridades del régimen comunista cuando contrajo matrimonio con una ciudadana americana y decidió quedarse a vivir en Estados Unidos. Este trayecto biográfico, muy interesante en principio, ha sido reducido a la clásica historia de superación personal de un héroe del tercer mundo que logar expandir su talento gracias al mecenazgo yanqui.

Con este esquema, “El último bailarín de Mao” se convierte un producto típicamente hollywoodiense que obedece al prototipo de cine con sed de óscar (aunque en este caso se queda sólo con la sed). Los productores han reunido a un elenco creativo premiado por la academia, el director Bruce Beresford (“Paseando a Miss Daisy”) y el guionista con experiencia en biopic oscarizado, Jan Sardi (“Shine”), con la intención de hacer una película épica de aire clásico.
En principio no se le pueden hacer grandes reproches a la cinta: posee un guión correcto, una dirección elegante (su mayor valor) y unas interpretaciones acertadas (excepto la del protagonista, cuyo talento como bailarín ha sido antepuesto a sus dotes interpretativas, bastante dudosas). El problema de la película es la sensación que transmite de haber sido realizada con una plantilla maniquea. Todo en ella es tan correcto que resulta intrascendente y carente de vida. En algún momento, incluso, llega a irritar la visión auto enaltecedora del pueblo americano como adalid de la libertad humana y creativa.

A pesar de la carencia de imaginación que suele mostrar al cine basado en vidas reales (siendo “El último bailarín de Mao” un claro ejemplo), también se han dado casos recientes de obras excepcionales que aplican a este “género” una visión innovadora y original. En este sentido, se puede destacar otra cinta con sed de óscar como es “La red social” (en este caso la sed parece que será satisfecha) que explora la complejidad de una mente creadora alejada del sistema al que sueña con pertenecer o la última película de Todd Hynes “I’m not there”, que rompe con los tópicos del biopic para presentar un acercamiento innovador y vanguardista hacia todos los personajes que conviven bajo el nombre de Bob Dylan.

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