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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Por la desaparición de las fiestas cristianas en España

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 17 de diciembre de 2010, 07:53 h (CET)
Si el lector recuerda decía yo en mi columna de ayer que Zapatero debería suprimir la Navidad como celebración religiosa y sustituirla por la celebración del solsticio de invierno, eliminando de esa forma todo rastro de la añeja civilización cristiana y sustituyéndola por unas formas sociales de convivencia laicas, mucho más modernas y progres, acordes con un Estado propio del siglo XXI.

Para ello aportaba las enormes modificaciones introducidas ya en la sociedad española, que va perdiendo el recuerdo del origen confesional de estas fechas, celebrando cada año reuniones familiares o sociales sin referencias religiosas, como no sea la adoración del consumismo desenfrenado y del alcoholismo descerebrado. Que en la iluminación navideña de nuestras calles no quede rastro de símbolo religioso es ya un primer paso afortunado.

Pero igualmente habría que hacer con las fiestas locales. Buena parte de España, especialmente la España marinera, celebra en el mes de julio, es sólo un ejemplo, la fiesta de la Virgen del Carmen. ¿Qué hace un alcalde o el presidente de una cofradía presidiendo una procesión de ese tipo o asistiendo a misa mayor? ¡Imposible en una España laica! Sustituyamos la fiesta religiosa antediluviana por la moderna Fiesta Veraniega del Turista. Instituyamos la figura de la Reina Turista y el Rey Turisto para que presidan todos los actos y arrinconemos curas e imágenes.

En vez de celebrar por media España la Virgen de Agosto, otro ejemplo de la España más cañí y anticuada, deberíamos celebrar la fiesta del fin de la cosecha. Ahora con la maquinaria moderna las labores del campo son más livianas pero no por ello debemos dejar de celebrar su fin y adornar con flores y ramos las oficinas y delegaciones del ministerio de Agricultura y de las cámaras agrarias locales. Una ligera postración de cabeza y una leve genuflexión en el acto de entrega de ofrendas aportaría algo de solemnidad al acto.

¿Y qué decir de las fiestas de septiembre? Hombre, por Dios (con perdón), eso está muy claro: se trasladan todas las fiestas de ese mes a un lunes, pongamos, para poder hacer puente, y celebramos las Fiestas de la Vendimia, con previa disposición municipal de un terreno baldío o un polideportivo municipal para celebrar unas orgiásticas bacanales en las que corra generosamente el alcohol hasta dejar en ridículo los botellones universitarios que se celebran actualmente.

Además a Zapatero le vendría muy bien para distraernos de otras cosas
perjudiciales para nuestra salud mental. Los carcas de Intereconomía y otras gentes de mal vivir armarían algo de polémica y levantarían algo de polvareda, pero eso nos sería útil a todos, venderíamos más periódicos durante un tiempo y las tertulias de televisión y radio estarían otra vez muy animadas. Si Zapatero se propusiera y consiguiera semejante objetivo, ¿quedaría algo más por lograr en España? ¿Tendríamos que preocuparnos por las pensiones, por los puestos de trabajo, por la subida de la luz? ¿Alguien hablaría de la posibilidad de que nuestra economía sea intervenida por la Unión Europea? ¿Acaso los sindicatos estarían enredando con la posibilidad de otra huelga general?

Con semejante nivel de laicismo no cabríamos de gozo, se acabarían nuestras preocupaciones, España sería la Arcadia, habría que disolver el gobierno y la utopía anárquica se instalaría definitivamente entre nosotros, declarando públicamente el estado de felicidad universal.

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