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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

Respeta y te respetarán

Pascual Mogica
Pascual Mogica
jueves, 16 de diciembre de 2010, 12:47 h (CET)
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, ha denunciado que “vivimos la cristianofobia del laicismo beligerante y la barata facilidad con que la Iglesia es sometida a befa y mofa”. Resulta difícil de creer que una persona como el obispo de Oviedo, con toda su preparación intelectual, no se haya dado cuenta de que cuando alguna persona o institución se convierte en la befa y la mofa de muchos es porque no ha guardado la debida consideración hacia los demás. La conclusión a la que se llega es la de que si quieres que te respeten, si quieres que tus cosas sean tomadas en serio comienza por respetar y tomarte con una cierta prudencia y no en un tono desabrido, aquello que hacen los demás.

Se dice que llegará un momento en que Dios nos juzgará a todos. Juzgará lo que hemos bien y lo que hemos hecho mal. Dicho esto, hay que añadir que el Papa no es quien para juzgar a nadie, creo que su papel no es ese y en caso de que lo fuera lo primero que debería hacer es juzgar y criticar todos aquellos actos poco edificantes que muchos de los que le rodean suelen cometer con mucha frecuencia. De ahí, de esta actitud del Papa, arranca toda acción de protesta y disconformidad, que no de befa y mofa, contra muchas de las cosas que hacen y dicen los que con tan poca fortuna aseguran que representan a Dios y a su Iglesia. Una Iglesia, la actual, en la cual yo no veo reflejado a Dios por ninguna parte. Esto me sucede a mí que soy creyente y a otros muchos, muchísimos, que cada día se ven aumentados.

Lo primero que tiene que hacer la Iglesia, en el caso de España, es respetar las leyes que emanen de un Gobierno o de un Parlamento muy legítimo y democrático elegido por los españoles y no presentarse, por muy Papa que se pueda ser, criticando, cuasi insultando y alzando el tono de voz con frases peyorativas contra los no creyentes. No, no hay befa ni mofa, se equivoca el obispo de Oviedo. Aquí solo hay una cuestión que no es otra que la de que si quieres que lo tuyo se tome en consideración has tú lo mismo con lo de los demás.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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