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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Cuestión de confianza

Mario López
Mario López
jueves, 16 de diciembre de 2010, 07:58 h (CET)
Decían hace unos meses, y aún siguen diciéndolo, que esto de la crisis tiene mucho que ver con la confianza, y que los mercados la han perdido en muchos gobiernos. El caso es que la desconfianza se ha extendido a toda la sociedad y ya nadie se fía de nadie. Es absurdo que los controladores aéreos ahora prometan por Snoopy que no volverán a las andadas si les desmilitarizan; ya no les cree ni el pequeño Emilio. Ayer nos despertamos con la noticia de los crímenes de Olot. Nuevamente la desconfianza. ¿Un humilde trabajador que necesita dar el callo ocho horas al día para sacar todos los meses el dinero justo con que pagar la comida de los suyos, hasta dónde puede aguantar viendo cómo pasan los meses sin ver un duro, mientras a su jefe, impasible, sigue dando órdenes sin que le tiemble la voz, y sigue paseando en su despampanante Mercedes sin que se le caiga la cara de vergüenza?

Los mandamases de Estados Unidos quieren hacer escabeche con Julian Assenge por todos esos documentos filtrados que ponen a la administración americana y a sus aliados en la picota de la más absoluta infamia. Otra cuestión de confianza; en este caso, de confianza traicionada. En Atenas y Roma están a tortas, por causas varias y diversas, pero con un denominador común: ya no se fían ni del ministro de Transporte ni del transporte de caudales de las cuentas de Il Cabaliere a las de ciertos congresistas que le salvan de la defenestración en el último minuto.

En nuestro país, ni el gobierno se fía de lo oposición ni la oposición del gobierno; la ciudadanía, mucho más ecuánime, no se fía ni del uno ni de la otra. De hecho, la oposición no presenta una cuestión de confianza contra el presidente del Gobierno por falta de confianza en el resultado de la misma. ¿Y quién se puede fiar de nuestros deportistas que, algunos de ellos, más parecen camellos de andar por casa que consumados atletas. Puestos a perder la confianza, ya no me fío ni de mí mismo, que soy incapaz de remontar esta deriva mía que me va a llevar a la ruina.

Así que, en estas Navidades, mi deseo es que seamos felices comiendo turrón y poniéndonos calentitos con la estufa de picón, en la desconfianza de que nos vaya a tocar la lotería o alguien, en un gesto de buen gusto, nos regale un goloso aguinaldo.

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