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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Norteamérica es también Latinoamérica

Isaac Bigio
Isaac Bigio
jueves, 16 de diciembre de 2010, 07:48 h (CET)
La gente de EEUU se denomina así mismo como “americanos” mientras que a todos los países que están al sur de su frontera les caracterizan como “latinoamericanos”. Como muchos de estos últimos no quieren llamar a los estadounidenses con el nombre de todo su continente, a ellos les denominan como “norteamericanos”.

Sin embargo, como veremos en esta nota, todo ello es equivocado. El territorio de EEUU contiene a 9,8 millones de kms2 lo que constituye menos de la cuarta parte de los 42,5 millones de kms2 de América y menos de la mitad de los 24,7 millones de kms2 de Norteamérica.

Canadá supera a EEUU como el país más grande, tanto de Norteamérica como de Occidente. Estos dos gigantes del norte son considerados como la parte ‘no latina’ de América, lo cual, a su vez, es errado.

Los portugueses llegaron al Canadá en 1497, cuando Colón estaba por llegar en su tercer viaje a conocer el subcontinente suramericano. Labrador, la gran península canadiense que le une al Atlántico, se llama así en honor al navegante lusitano João Fernandes Lavrador, quien le ‘descubrió’ en esos años.
En 1513 Juan Ponce de León, el gobernador español de Puerto Rico, llegó a Norteamérica bautizando a la nueva colonia hispánica como ‘La Florida’, actual Estado de EEUU cuya mayor ciudad es Miami.

Los británicos solo llegaron a Norteamérica un siglo después: en 1607. En 1620 fundarían su colonia en Plymouth, en lo que llamarían la ‘Nueva Inglaterra’. Un siglo y medio después, sus 13 colonias de la costa este en 1776 crearían los Estados Unidos de América. Este país al fundarse solo agrupaba a una décima parte de su actual área y a un 1/25avo de todo el territorio norteamericano.
Las 13 colonias británicas estaban rodeadas por la ‘Nueva Francia’ y la ‘Nueva España’. La ‘Nueva Francia’ era un territorio que entre 1534 a 1763 llegó a extenderse desde todo el oeste del actual Canadá hasta el golfo de México pasando por la mayor cuenca fluvial norteamericana (el Mississippi), los grandes lagos, la actual urbe de Chicago y todo el centro de los EEUU de hoy.

La ‘Nueva España’ era el virreinato liderado por la ciudad de México y que iba desde Centroamérica y el Caribe hispánicos hasta gran parte del sur y del oeste de los actuales EEUU. Los castellanos incluso llegaron a reclamar Alaska y aún hoy allí hay lugares como Valdez, Córdova y otros que evidencian su presencia.
Cuando Canadá se fundó, la mayoría de su población hablaba francés. Hoy esta sigue siendo una de las dos lenguas oficiales de dicha nación y es, además, la más empleada en su principal región (Quebec). La mayor población de idioma materno francés fuera de Francia no está en Suiza o Bélgica sino en Canadá. Haití y otras islas ‘latinoamericanas’ influidas por Francia no hablan la lengua de dicha potencia sino idiomas criollos creados por los esclavos que mezclaban sus raíces y gramáticas africanas con vocabularios galos.

EEUU tiene 50 millones de hispanos, un número mayor al de la población de España o de cualquier nación hispana sud o centro americana. EEUU tiende a adquirir un carácter bilingüe, al igual que Canadá, mientras que su Estado más rico (California), está muy próximo a tener una mayoría latina.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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