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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

El tío de la rebaja

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 15 de diciembre de 2010, 08:03 h (CET)
No hace muchas semanas que Mariano Rajoy nos prometía que si ganaba la presidencia del Gobierno crearía cinco millones de puestos de trabajo. Lo dijo y no lo repitió más, al parecer alguien le dijo: “Mariano, te has pasado siete pueblos” y por lo visto dejó aparcada tan seductora propuesta a ver si al personal se le olvidaba para después retomar la promesa pero eso sí, rebajada. La verdad es que mucha gente pensaría, yo si lo pensé, que con esto de los cinco millones de puestos de trabajo el paro se acababa en España, porque si tenemos cuatro millones de parados y Rajoy creaba cinco millones de empleos la cosa estaba clara, se acababa con los parados y aún sobraba un millón para los que querían y quieren acceder a un primero empleo. Mejor imposible.

Pero mira por donde nuestro gozo en un pozo. Ahora resulta, que muy posible sea porque alguien de su equipo de asesores le pudo decir aquello de te has “pasao” Mariano, Rajoy ha rectificado y ha dicho que si gobierna reducirá la tasa de paro a la mitad, lo cual equivale a decir que ya no son cinco millones si no dos los empleos que Rajoy va a crear, digo yo que será así porque no habla de cifras concretas sino de porcentajes.

Pienso que de aquí a abril o mayo de 2012 en que se puedan celebrar las elecciones generales la cosa puede ir bajando y que Rajoy se encuentre con el mismo cachondeo que se armó con lo de los ochocientos mil puestos de trabajo que la gente se preguntaba si eran “ochocientos o mil”, faltan aún muchos meses y puede que Rajoy vaya rebajando sus promesas o intenciones, pero eso sí, siempre será bonito mientras duró.

Me refiero a la zanahoria cogida de un palo que Rajoy nos pone delante, porque aunque a usted, querido lector, le cueste creerlo en el PP nos han tomado por burros, sí, como suena, por burros, y como muestra de ello reproduzco unas declaraciones del alcalde de Játiva (Valencia) y presidente provincial del PP, Alfonso Rus, que en las elecciones municipales de 2007 dijo según publicaba El Plural en 22 de mayo de dicho año: “Les dije, traeré la playa a Játiva…¡y se lo creyeron! “Si yo gano traeré la playa y van y se lo creen todos… ¡Serán burros!” Fácil es pensar que Alfonso Rus que ganó las elecciones, lo dijo riendo a mandíbula batiente, y por si alguien no lo ha entendido muy bien le aclaro que Játiva está en el interior de la provincia de Valencia, o sea que no está en la costa. No es que no tuviera una playa natural aunque hubiera estado en la costa, es que no linda con el mar.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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