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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Jesús: Dios y hombre

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 15 de diciembre de 2010, 07:46 h (CET)
José Antonio González Casanova en su escrito “El Dios presente” dice:”Cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad…le desagrada no saber por qué y para qué está en el mundo. La Navidad cristiana pretende dar respuesta a este interrogante con un mensaje que muy pocos se toman en serio”. El señor González Casanova sigue diciendo: “Lo primero que se debe esclarecer es la divinidad de Jesús de Nazaret, explicado por la moderna cristologia en términos más razonables y comprensibles”. Explicar la cristologia en términos más razonables y comprensibles se consigue cuando se presenta a Jesús como un revolucionario que no soporta la injusticia y la opresión. Este Jesús que se interesa exclusivamente por los problemas temporales del hombre y que no afecta a la responsabilidad humana que los provoca, es muy admirado. El Jesús que alimenta a multitudes hambrientas y que cura enfermedades diversas, pero que no exige responsabilidades, es vitoreado. Pero cuando se le acusa de proclamarse Dios y es denunciado a las autoridades religiosas, el populacho vocifera el conocido “crucifícale, crucifícale”.

Cuando José y María subieron al templo para presentar a Jesús al Señor, Simeón que por inspiración del Espíritu Santo reconoció en aquel niño la Salvación anunciada, refiriéndose al infante le dijo a su madre que ha sido puesto”para señal que será contradicha” (Lucas 2:34). El Jesús que presenta el Nuevo Testamento no es el Jesús en el que creen las multitudes de nuestros días, ni el que describen los villancicos que durante las fechas navideñas se cantan a todo pasto.

El autor de “El Dios presente” dice: “Siempre se ha hablado de la divinidad de Jesús. Ahora se destaca la divinidad en Jesús”. Este destacar la divinidad en Jesús aparentemente no tiene importancia . Tiene más de lo que parece a simple vista. Esta declaración manifiesta la infiltración que han hecho las filosofías orientales en el cristianismo. Estas doctrinas afirman que cada persona es un dios y que con la meditación centrada en uno mismo se debe descubrir al dios que se esconde en el interior. Esta no es la divinidad de Jesús de la que nos habla la Biblia.
La primera profecía que proclama la venida del Salvador la encontramos en Génesis 3:15 en donde se anuncia la simiente de la mujer que herirá la cabeza de la serpiente. En aquella simiente no intervendría para nada el semen masculino. Es el primer indicio del nacimiento sobrenatural del niño que salvaría al mundo de su pecado.

La profecía que proclama de manera más clara el nacimiento del niño anunciada en el inicio de la Historia, el nacimiento del cual se recuerda en Navidad, dice: “Porque niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro, y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre bueno, Príncipe de paz” (Isaías 9.6).Estos títulos dan a entender la divinidad del niño que nacerá.

Al niño nacido de María en Belén, por revelación de un ángel se le llamará Jesús”porque salvará a su pueblo de sus pecados”. El nacimiento sobrenatural de Jesús es el cumplimiento de la profecía que se encuentra en Isaías 7:14 que anuncia que el niño que tenía que venir se le llamaría Emmanuel que significa “Dios con nosotros”. En cierta ocasión en que Jesús afirma que tiene poder para perdonar pecados, los judíos lo consideraron blasfemo porque únicamente Dios tiene este poder. Para acreditar que lo poseía le dice al paralítico: “Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa” (Mateo 9:6).

González Casanova dice de Jesús: “La verdad es que era un hombre normal, cada vez más consciente de su vocación a llamado divino: que brota de las entrañas de cualquier ser humano, el que de Dios tenemos todos por el simple hecho de estar vivos”. Este Jesús que nos pinta González Casanova no es el Jesús que ha sido puesto “para señal que será contradicha”.

Ya en vida de Jesús no se podía entender que en “Él habitaba corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). A finales del siglo I la plena Deidad y humanidad de Jesús fueron motivo de acaloradas discusiones en las iglesias. Al principio de su evangelio Juan hace esta declaración de fe: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (1:1,14). En sus epístolas Juan sigue tratando el controvertido trema de la plena Deidad y de la plena humanidad coexistentes en la persona de Jesús. Únicamente por fe, que es regalo de Dios, se puede aceptar esta realidad que está fuera del alcance de la razón.

Unos dirán que Jesús es un dios tal como lo somos nosotros. Los verdaderos cristianos iluminados por el Espíritu Santo hacemos piña con el apóstol Pedro que a la pregunta de Jesús: “Y vosotros, ¿quién decís que soy b yo?, respondemos: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (Mateo 16:15,16).

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