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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Mismo perro, distintos collares

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 13 de diciembre de 2010, 08:34 h (CET)
Que los nacionalistas apoyen a Zapatero y su Gobierno en lo que muchos entendemos como un golpe de Estado encubierto es natural, porque debilita al enemigo al abrirle un duro frente interior; pero que en una sociedad supuestamente democrática la oposición lo apoye también, a sabiendas que de que ni se dio la catástrofe, inundación, pandemia o falta de productos de primera necesidad que exige imperantemente el artículo 4 de la Ley correspondiente para proclamar el Estado de Alarma, sólo puede significar una cosa: son el mismo perro con distinto collar.

En realidad, y aunque parezca mentira, no es nada nuevo. Es un argumento tan viejo para mí casi como mi uso de la razón, y, por más que pasa el tiempo y cambian los escenarios, la parábola viste a la realidad como un traje a la medida. Poco importa que en las próximas elecciones –si las llegare a haber, que ya lo dudo- gane el partido en el poder o el que está en la oposición, porque en realidad son el mismo. Que se desengañen los votantes virtuales de la oposición si creen que de ganar su partido se ilegalizará el aborto, si los parados creen que tendrán algún derecho de los que ahora les han quitado, si los sin hogar o con todos los miembros de la familia en el desempleo y sin prestación piensan que se les dará un euro de los que ahora les niegan, si los que fuman se creen que podrán hacerlo en otro sitio que a escondidas, si los ancianos piensan que les va a corregir el desafuero de las pensiones, si los trabajadores creen que se derogará la jubilación leonina en ciernes o, en fin, si alguien llega a pensar que todas esas leyes que nos han parecido barbaridades variarán en lo más mínimo. No lo harán, seguro. Ítem más, den por cierto que a la Seguridad Social le quedan dos días, que a las pensiones, cuatro, y que a la universidad pública, uno. El mundo se empobrece a marchas forzadas, y no sólo España; ahí tienen a los ingleses, a cuyas familias más humildes ya les está vetada la universidad, porque no pueden soportar un gasto de casi diez mil euros anuales de gastos.

España es, obviamente, un país que no aprende de su propia Historia, y una vez y otra, por ello, está condenada a repetirla. Los partidos son caras de la misma moneda, siervos del mismo poder o el mismo perro con distinto collar, como el infausto Fernando El Deseado apuntó cuando pasó revista a las milicias y comprobó que las realistas de hoy eran las mismas que conformaron las liberales de ayer. Todo cambia sin variarse nada en absoluto.

Queda claro que sólo mediante eso que se llaman acuerdos de Estado –que es una forma de cometer un atropello en connivencia de impunidad-, pudo hacerse lo de Rumasa, lo de Banesto, lo de Galerías Preciados, lo de Altos Hornos del Mediterráneo y mil gracias más por el estilo. Un acuerdo de Estado que ahora ha caído con todo su peso sobre los controladores, y, como artificio de esto, sobre el Estado de Derecho, casi extinguiéndolo de un plumazo con la promulgación del Estado de Alerta. Ahora entenderán lo de la UME, y ahora entenderán algunos la crisis que nadie ha sabido explicar, si es que tiene luces para ello.

Poco a poco van filtrándose datos, y ahora resulta que los controladores no hicieron una huelga salvaje ni se ausentaron de sus puestos, sino que el espacio aéreo lo decidió cerrar AENA por órdenes de no sabe quién que todo el mundo con dos dedos de frente lo sabe; va siendo de conocimiento público que antes de ahora, sucedió algo parecido en las vísperas de la Semana Santa y después en vísperas de las vacaciones de agosto, aunque en aquellos casos los controladores no picaron; y se va conociendo que de salarios de cientos de miles de euros nada de nada, sino apenas dos mil mensuales, los controladores que menos cobran, y cinco mil, los que más. Quien tenga entendimiento para entender, que entienda.

La crisis ha sido y es el artificio de los G-lo-que-sea, de las patronales paternalmente condescendientes y de los sindicatos cuyos líderes se marcan viajes por los exóticos países del recóndito mundo. Pero, en fin, se prestan ayudas económicas a los países para superar crisis inexistentes que, sin embargo, son la coartada para que los prestamistas se apropien de esos países, se devuelve a las clases humildes al arroyo y se emplean ardides para empujar a los colectivos sensibles al desquicio y tener argumentos para implantar hoy el Estado de Alarma y mañana el de Sitio o Excepción. Entretanto, la UME, con una careta solidaria tan innecesaria como falsa (para eso están y deben estar los bomberos), y las tropas de elite que reparten mantas a los damnificados de las huelgas provocadas, van ocupando puestos entre el tejido social, listos para cumplir con lo que “la superioridad ordene” cuando la “superioridad” dé la orden, que quién sabe si será algún Elefante Blanco.

Crisis, campañas de satanización (literalmente), pactos de sangre, división social, pérfido adoctrinamiento escolar, conflictos inducidos en el “teatro de operaciones” merced a la manipulación de los “actores” sociales, medidas estructurales dolorosas para paliar los daños que “alguien” o ellos mismos (siguiendo instrucciones de la superioridad) han producido, etcétera, parece que van dibujando un paisaje tétrico que tiene demasiado que ver con el Nuevo Orden y nada en absoluto en común con la democracia, el Estado de Derecho y el del Bienestar.

Y el pueblo, en la inopia, linchando controladores.

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