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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Trichet dixit

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 13 de diciembre de 2010, 08:24 h (CET)
Nadie piense que las palabras del señor Trichet, pronunciadas aprovechando su presencia en el “ V Seminario de Alto Nivel del Euro Sistema y los Bancos Centrales de América Latina.”, al menos en lo que concierne a aquellas en las que “apoyaba” las reformas llevadas a cabo en España, tuvieran la más mínima intención de dar por resuelta la situación española y, mucho menos, que los tibios cambios llevados a cabo por el Ejecutivo en estos últimos días justificaran, ante la Unión Europea y el ECOFIN, que nuestro país está llevando a cabo con efectividad aquellas medidas de austeridad que, en el mes de Mayo pasado, tanto la UE como otros países de fuera de la Zona Euro, le impusieron para que el BCE, indirectamente, a través de la banca, le siguiera comprando deuda tóxica, para evitar que tuviera que declarar la deuda soberana, cosa que hubiera sucedido si, nuestra deuda pública, no hubiera podido ser renegociada en los mercados mundiales. Nadie puede poner en duda que, al señor Trichet, por la cuenta que le trae al BCE, no le interesa que nuestra nación continúe generando desconfianza ya que, cada vez que, el diferencial con el bono alemán sea mayor y la carga del seguro de garantía, por la deuda a largo plazo, se vaya encareciendo; más le va a costar a nuestro Gobierno colocar sus emisiones de deuda y más caros tendrá que pagar los intereses para que nos la compren; en cuyo caso, más se va a tener que implicar el banco de la CE en acudir en auxilio nuestro y, mayor será la cuantía de deuda tóxica que va a tener que acumular en sus arcas; una cuestión que, evidentemente, no puede satisfacer a aquellos países, como Francia, Alemania e Inglaterra, que más peso específico tienen en dicha entidad financiera y que, por tanto, más euros tienen comprometidos en este famoso Fondo de Rescate para los países en crisis.

Suena a grito de socorro el que, el señor ministro de la Presidencia, señor Ramón Jáuregui, ha lanzado para convencernos de que, cuando el señor Rodríguez Zapatero nos habla de que estamos en “ la última curva”, lo que quiere indicarnos es que, nuestro Presidente, “sabe mejor que nadie” que España “está subiendo la montaña todavía” para superar la crisis económica. Yo pienso que el señor Jáuregui ha pecado de optimista al querer parafrasear a su superior directo y le ha atribuido a ZP un sentido común que al resto de ciudadanos nos cuesta mucho reconocer en él. No, señores, el señor Zapatero ha repetido, por enésima vez, lo que nos viene diciendo desde que comenzó la crisis y que, de tanto repetirlo, es posible que se haya auto convencido de que está en lo cierto. Esto de la última curva siempre ha acabado por ser “la última” antes de que viniera la siguiente, más empinada y difícil de superar, de toda una serie de ellas que comenzó cuando admitió que estábamos en crisis y empezó a tomar medidas absurdas para enfrentarse a ella y ha seguido, en un empinado y zigzagueante Via Crucis, hasta este momento en que, nos las vemos y nos las deseamos, para poder seguir la estela del resto de naciones europeas, con el handicap de que, además de la crisis general, tenemos otras crisis particulares que han contribuido a que, España, venga generando la desconfianza de nuestros vecinos, en especial en la figura de Rodríguez Zapatero.

Hablamos de que se ha iniciado la reforma laboral y puede que algunos piensen que ha sido así, pero no olvidemos que la realidad de este despido con indemnización de 20 días, no ha sido más que un remake de lo que ya estaba recogido, desde hace años, en el Estatuto de los Trabajadores y que, si bien se han modificado y han allanado algunas condiciones, como la posibilidad de utilizar este despido cuando la empresa prevea que manteniendo su plantilla puede tener problemas o llegar a tener pérdidas; no deberemos de perder de vista que, esta facultad, no se le concede al empresario para que la puedan aplicar con un simple trámite administrativo, sino que, si no se pone de acuerdo con los trabajadores deberán acabar, en última instancia, como ocurría antes de esta medida, a la jurisdicción laboral; que será quien dicte la resolución pertinente. Hasta ahora este sistema nunca ha tenido efectividad ya que, un 90% de los casos han sido fallados en contra de las empresas. Por otra parte, como ha remarcado el señor Trichet, tenemos otro tema, donde el Gobierno todavía no ha hincado el cuchillo, y se trata del de la reforma de las pensiones. Sin una reforma laboral en profundidad donde, aparte de una mayor facilidad paras flexibilizar las plantillas, tenemos el problema de la ubicación de las plantillas para redistribuir el personal en distintos puestos de trabajo en los que fueren necesarios, dentro de una misma empresa y, lo que quizá fuera el más importante y decisivo, el que hace referencia a la productividad de las empresas, que abarca la modernización de sus elementos de producción, para lo cual precisarían de un sistema de créditos más libre, menos burocratizado, más flexible y, por supuesto menos restrictivo del que, hoy en día, están aplicando las entidades financieras, que han cerrado sus puertas a la mayoría de las empresas que los solicitan y se han encerrado en la compra de deuda pública del Estado, que acapara la mayoría de sus disponibilidades y en favorecer a aquellas empresas privilegiadas, en muchas de las cuales tienen participaciones; y, en segundo lugar, la concienciación de las plantillas de la necesidad de mejorar sus rendimiento, esforzándose para ponerse al nivel de las naciones con las que debemos competir, si es que queremos hacernos con el mercado mundial.

El otro escollo que ha puesto sobre el tapete el señor Trichet, es algo más que un hueso difícil de roer para los socialistas y, en especial, para el señor Zapatero, que no ha encontrado el modo de hincarle el diente sin que los Sindicatos o la masa obrera le salte a las narices. Y es que la supresión de los 426 euros para los parados; el premio de natalidad; el aumento de los impuestos, especialmente el IVA; la inseguridad en el trabajo; la inaplicación de parte de la Ley de Dependencia, etc., ha acabado con la paciencia del ciudadano al que nada más le falta que le digan, probablemente con toda la razón, que deben retrasar su edad de jubilación hasta los 67 años y, con el añadido de que, esta medida irá acompañada de un nuevo sistema de cálculo, que aumentará la base de cálculo de la pensión de jubilación de los 15 años actuales a 25; como primer paso al sistema de otros países, donde la pensión se calcula sobre el promedio de cotizaciones de toda la vida laboral. Por ello, cuando el señor Jáuregui nos habla de que España “está subiendo la montaña” le faltaría decirnos en qué tramo de este Himalaya de la crisis, nos encontramos y si, el campamento base, todavía está situado en la falda del monte y queda la mayor parte del recorrido de las ascensión por realizar o si, de verdad, está convencido de que vemos los “brotes verdes” de la cima.

Se ha puesto de moda criticar a Alemania y a Francia, porque se están cansando de apechugar con el mayor coste de la crisis y, por si les faltara poco, han tenido que exprimir sus arcas ( con gran disgusto de sus ciudadanos) para salir en apoyo de una serie de países que no quisieron aplicar las medidas de austeridad oportunas porque sus gobiernos, casi todos ellos regidos por socialistas, no aceptaron poner en peligro sus intereses electorales; imponiendo medidas poco agradables para la ciudadanía, como ha hecho el señor Cámeron en Inglaterra, pero que era ineludible aplicarlas. En efecto, si en lugar de esperar tanto tiempo y, aún así, a regañadientes, el Gobierno hubiera tomado el toro por los cuernos, es muy posible que, a estas alturas, ya empezaríamos a notar los primeros síntomas de una recuperación que, en todo caso, va a ser lenta y durará varios años.

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