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Etiquetas:   Comentario poltico   -   Sección:   Opinión

Fragilidad vigorosa

Federico Abascal
Redacción
lunes, 17 de enero de 2005, 22:38 h (CET)
EN pol tica, la fuerza y la fragilidad suelen ser apariencias, pues hay gobiernos aparentemente frgiles que duran mucho tiempo y gobiernos parlamentariamente mayoritarios que pierden las elecciones siguientes. Ahora se escucha un incesante murmullo, y hasta cierto griter o, sobre la debilidad del Ejecutivo socialista, cuyos criterios en asuntos esenciales, como el 'plan Ibarretxe' o el referndum sobre la Constituci n Europea, son diametralmente opuestos a los sus apoyos polticos, ERC e IU (IV).

ERC votar probablemente en el Congreso a favor del proyecto de Ibarretxe, lo que dejara al Gobierno en minor a, es decir, vencido en un grave problema de Estado si no existiera su adversario ms sa udo, el PP, cuya responsabilidad poltica le har votar contra el secesionismo vasco, formando con los socialistas una mayora parlamentaria en torno al 90%. No pretenden obviamente los 'populares' sacar a Zapatero de un mal trance; se limitar n a coincidir con el Gobierno en un asunto de Estado, como es el desafo de Ibarretxe a la Constituci n, a los hbitos democr ticos, a la sociedad espaola y a la mitad de la vasca.

Al carecer de una garant a sellada de estabilidad parlamentaria, al no haber firmado ningn compromiso con sus andariveles pol ticos, el Gobierno socialista no da sensacin de fortaleza sino, m s bien, de cierta fragilidad, lo que desde el PP y un sector meditico se denuncia incesantemente, d a a da. Pero hasta ahora s lo ha perdido el grupo parlamentario del PSOE una votacin en el Congreso, y no por culpa de sus llamados socios sino por el abstencionismo de sus propios diputados. ERC e IU-IV parecen as apoyos de fidelidad creble, aunque sin verse obligadas por el menor documento contractual. Zapatero hab a preferido los acuerdos a pie de obra, es decir, en los pasillos del Congreso y a medida que la ocasin se presentase, en vez de uno de esos pactos circunstanciados de legislatura, que tanta apariencia de estabilidad transmiten.

Pero la irrupci n del 'plan Ibarretxe' en la arena poltica nacional, tras su gestaci n en Euskadi, aconseja a las dos partes interesadas, Gobierno y ERC, que refuercen sus entendimientos no escritos, pero ms que t citos, en un acuerdo de legislatura, anualmente renovable. Lo haba propuesto inicialmente ERC, tal vez para borrar la imagen que el dirigente Puigcerc s, con sus amenazas de cortar apoyos al Gobierno, imprima a su partido como fuerza voluble e inestable. Por otra parte, un acuerdo anual sobre una serie de puntos concretos, en los que se reflejen el progresismo del PSOE y los intereses econ micos de ERC, rebajara el dramatismo de las discrepancias que, en otros asuntos, como el tratamiento al secesionismo de Ibarretxe, mantienen ERC y el Gobierno.

Se ir precisando cada vez ms, en la acci n parlamentaria del da a d a, la proyeccin del modelo tripartito de la Generalita catalana sobre la gobernaci n desde Madrid. En Catalua, y al a o de rodaje, el tripartito parece haberse vigorizado, tras la superacin de varias tribulaciones iniciales, y nada parece entorpecer, ni siquiera el independentismo pro-Ibarretxe de ERC, un acuerdo similar en el parlamento espa ol, donde Zapatero habr de vivir en cualquier caso sobre el filo de la navaja, mientras dure la legislatura, que podr a agotarse a pesar de su aparente fragilidad, o por esa apariencia.

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