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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Reino bananero de Escoña

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 10 de diciembre de 2010, 23:00 h (CET)
Es de felicitarse por la enorme repercusión que tiene entre los escasos cerebros pensantes del país una humilde columna en un diario independiente, en un rincón de la propia web o en una nota de Facebook. Sólo algunos pocos, muy pocos, hemos denunciado argumentalmente que el Estado de Alarma decretado por el Gobierno ha sido y es absolutamente ilegal, incurriendo por tanto el Ejecutivo en un acto no sé si de cohecho o como legalmente se llame, pero desde luego extremadamente peligroso, inconstitucional y propio de dictadorzuelos bananeros como ésos que tanto le gustan a este Gobierno. Es más, tiene el todo el aspecto de ser casi, casi, un golpe de Estado por cuanto asienta un siniestro precedente que tiene su continuidad con los Estados de Excepción y Sitio, preámbulo a la persecución de disidentes y todo eso, además de que durante el tiempo que esté promulgado el Estado de Alarma se blinda contra elecciones anticipadas esta manga de incompetentes. Vaya, que aunque se ponga a asaltar a punta de navaja a la gente en las esquinas, nadie podría hacerles nada. Eso es lo que han hecho, en realidad.

Ahora que se levantan algunas voces muy cualificadas que también redundan en estos argumentos que hemos utilizado, viendo en ese acto algo no sólo un peligroso hecho inconstitucional, sino probablemente constitutivo de delito muy grave, es hora de mostrar determinante firmeza ante ellos y ante algunos grupos sociales. Sin embargo, y lejos de eso, en el Congreso se constataron varias cosas en la comparecencia del señor Presidente: una, que no se pone colorado aunque perpetre el mayor de los desatinos (lo normal en él, vaya); segundo, que en el Congreso no hay democracia alguna, sino servidores de intereses de ausentes, pero comunes a todos los grupos, dando la impresión de que todos ellos son podencos que pelean por el mismo hueso; y tercero, que el teatro está en alza.

Adempero, los que creemos que esto es un acto ilegal e injusto y que en absoluto nos sentimos representados por ese parlamento uniformado por los euros ajenos, consideramos impostergable lo siguiente para los distintos estamentos sociales: Primero, respecto del Gobierno,le exigimos no sólo que derogue el Estado de Alarma injusta e ilegalmente proclamado –sólo es legal en casos de catástrofe natural, pandemia y/o desabastecimiento-, sino que inmediatamente, en virtud de la promesa que hicieron al jurar su cargo, se pongan a disposición judicial para que se depuren las responsabilidades a que haya lugar. Algo que también cursa para esos leguleyos que han apoyado este despropósito a sabiendas de que es ilegal e injusto, y que las atribuciones del Gobierno han sido desbordadas por intereses ocultos, espurios o inmorales, pero en todo caso contrarios a la ley, que ha de ser igual para todos, incluidos Gobierno, fiscales y jueces.

Segundo, exigimos la retirada inmediata del Ejército a sus cuarteles (de donde jamás debieran haber salido), y la apertura de expedientes a quienes de entre sus mandos han vulnerado la Constitución ya que taxativamente se le prohíbe al Ejército que acceda a predios civiles si no hay declarado un Estado de Excepción o Sitio. Los militares deben tener muy presente que en España y en nuestra Constitución no cabe la figura de Obediencia Debida, y, por lo tanto, que son responsables de haber violado la Constitución. Juristas no les faltan, y, por ello, su acción es dolosa.

Tercero. Rajoy, y por extensión el PP, ha demostrado una vez más su absoluta incapacidad y su manifiesta incompetencia para manejar situaciones complejas (lo del Prestige se repite, a falta sólo de los hilitos), y este partido precisa una catarsis que desubique a ese señor el poder antes de que pueda convertirse en Presidente, por la cuenta que nos tiene a todos; pero, por favor, que ni piensen en Gallardón, que ya estamos de friki-presidentes hasta el colodrillo, y todo pueda ser que sea peor el remedio que la enfermedad.

Y cuarto, debe reorientarse a los verdes (por la envidia) respecto de la dirección que han tomado sus odios, alentados por los poderes y sus medios de comunicación al satanizar a este colectivo de trabajadores, y saber, primero que nada, que ningún controlador cobra más allá de cinco a nueve mil euros mensuales (más horas extraordinarias), y no los cientos de miles que algunos medios han difundido falazmente. Si estas horas extraordinarias han proporcionado que sus salarios alcancen cifras que a algunos les pueden parecer astronómicas, sería bueno que supieran estos verdes de envidia que las tales han sido posibles porque el Gobierno no tiene más profesionales para cubrir esas horas, que los controladores han sido obligados a realizarlas y que de ninguna manera han obtenido sus haberes a punta de pistola, aunque ahora les hagan trabajar precisamente a punta de pistola. Si estos verdes de envidia quieren enfocar sus resentimientos hacia inmoralidades verdaderamente insultantes, les recomiendo que se fijen en los salarios de algunas ministras, que si bien los controladores tienen excelente formación, éstas lo único que tienen es una carencia absoluta de ella además de serios problemas para hacer la O con el culo de un vaso; o que se fijen en lo que cobran los futbolistas, que eso sí que duele, y quienes además tienen exenciones tributarias preferentes; o en los bancos, que son parte de quienes han producido la crisis, pero quienes a cambio reciben cantidades inmorales de dineros; o en las constructoras, que han hecho sus inmorales fortunas en base a una especulación tal que hoy esas propiedades que vendieron a precio de otro no lo tienen ni de hojalata; o en las grandes empresas que se hacen con las licitaciones públicas, cobrando varias veces el presupuesto aceptado; o al derroche injustificable de las Comunidades Autónomas y sus televisiones (6 en Baleares, por ejemplo); o en los especuladores de bolsa, que a la gente normal ni le va ni le viene, pero se llevan cada día miles de millones como si tal cosa; etcétera.

Todo lo sucedido en los últimos días, que evidentemente ha sido una sucia maniobra del Ejecutivo para cubrir los objetivos espurios que ya mencioné en su artículo correspondiente, no es sino un desvarío más de este partido que, o se le aparta enseguida del poder (cosa que no se podrá hacer estando en un Estado de Alarma), o es más que probable que nos conduzca a un enfrentamiento más serio de lo que muchos imaginan. Sin embargo, todo esto no sería tan malo si aprovecháramos la circunstancia para analizar paso a paso lo que ha sucedido y que todo el que haya delinquido por acción o por omisión, así como todos éstos que ya sabemos que se han creído propietarios de España y de los españoles, sean convenientemente juzgados y, en su caso, condenados, expropiados y encarcelados. Y, si no hubiera suficientes cárceles, no hay problema, con la cantidad de parados que han producido con su aberrante incompetencia, se hacen más. De no hacerlo y echarles del poder, y en vista de cómo este Gobierno ha perpetrado tan ignominiosos daños dentro y como nos ha humillado fuera, arrodillándonos ante vecinos y siendo el mozo sube y baja pieles del Imperio, no nos quedará más remedio que rebautizar a España y ponerle el nombre de Reino Bananero de Escoña: capital, Manguncia.

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