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Opinión
Etiquetas:   Sonreir a la vida  

Hablar

F. L. Chivite
Redacción
lunes, 17 de enero de 2005, 22:38 h (CET)


Estamos en la parte privilegiada del planeta. Vivimos con bastante bienestar en un mundo repleto de calamidades. Muchas veces atroces. No queremos mirar demasiado pero no podemos dejar de verlo. Y es algo que, en cierto modo, nos hace culpables. Pero tenemos que vivir, no es cierto? Es preciso, pues, sacudirse la culpa como sea. Y para eso nos hacemos correctos e irnicos. Occidente ha segregado los discursos de la correcci n y la irona (los dos filos del racionalismo) para librarse de la mala conciencia. De lo que no podemos librarnos ahora es de nuestros discursos. La correcci n atae a la formas. Es individual. Es lo m s importante. Porque ahora perder las formas es perderlo todo. Hola, buenos das, sonrisa afable, apret n de manos ante las cmaras, vamos a dialogar civilizadamente. La iron a est por encima de los individuos. Es la mayonesa de la ensaladilla. La atm sfera en la que respiramos. Constituye el tono general de la obra. De manera que aunque un personaje aislado suelte su frase con la mayor solemnidad, el efecto es ya inevitablemente irnico. La gente se r e. De hecho, cuanto mayor es la solemnidad pretendida, ms estruendosa resulta la carcajada del p blico. Porque los ciudadanos ahora somos, por encima de todo, eso: pblico. No hay que olvidarlo. Por eso, la pol tica interna de los pases occidentales (de los de la parte privilegiada del planeta) ha acabado adquiriendo ese aspecto tan teatral. En el buen sentido, si es que lo tiene. Pero sobre todo en el malo. Porque la correcci n y la irona son finalmente las trampas en las que hemos ca do. Ahora parece que todo debe resultar suave y poco serio. Huyendo de la culpa, hemos desarrollado un pnico atroz a la seriedad. Los aspectos dolorosos y tr gicos se han convertido en tema tab. En algo innombrable. Por eso, todo se puede decir, sugerir, opinar, discutir y debatir sin ponernos desagradables. Porque estamos atrapados en la correcci n. Y se puede hablar de tortas, porque debe, naturalmente, suponerse que se trata de una posibilidad inverosmil. Ser an, como mucho, tortas de teatro, bofetadas de payaso. Qu risa. Hablar ya no es lo que era. Ya casi hasta parece que no tiene ninguna importancia. Hay una frase de Schopenhauer (que de ir nico no tena nada) en la que viene a decir que cuanto m s se habla ms se confunde todo. Y sa tambin puede llegar a ser una estrategia. La de la confusi n. Afortunadamente, por lo mismo, la patria tampoco es ya lo que era. La nacin, la patria: todo eso empieza a sonarnos un poco a m sica antigua. Hace no mucho, eran asuntos por los que la gente se erizaba y se pona montaraz. Ahora incluso podemos ironizar sobre ellos sin temor, no es cierto?

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