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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Marruecos y la debilidad

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 10 de diciembre de 2010, 08:34 h (CET)
“El débil siempre pierde dos veces”, “no hay nada peor que un idiota con iniciativa” o “vomito a los tibios de mi boca” son asertos sobradamente contrastados como rigurosamente verídicos que se podrían aplicar al ridículamente flébil gobierno de Zapatero. A este señor (y a su cohorte de ineptos) le viene demasiado ancho de sisa el traje del poder y no tiene la menor cualificación o altura política para ostentarlo y representar a España, según gritan las evidencias en no importa qué aspecto del gobierno y la realidad de España nos fijemos. Es más, dudo sinceramente que esté cualificado ni para dirigir una reducida comunidad de vecinos. No sé qué está pasando con mi país, que ya cualquiera puede alcanzar la presidencia y conducirnos a todos a la ignominia, saltando de un desastre a otro mientras se despedaza España y es sumida en el estercolero del concierto internacional y desconcierto nacional. Y, lo peor, es que a nadie parece importarle, por más que algunos otros tibios reniegan mientras no mueven un dedo porque a éstos sólo les interesa reemplazarle a Zapatero en el poder.

La debilidad, la estupidez y la tibieza sólo conducen a dobles problemas: el de la propia relación con supuestos iguales (que finalmente se devela como vergonzante servilismo) y el de recoger los frutos de cuanto se sembró (que no son nunca otros que derrotas y humillaciones). Cualquier estadista debiera pasar varios exámenes antes de alcanzar el poder: el de una cualificación mínima (ya está bien de que para ser un simple asalariado haya que tener títulos universitarios y que para ser Presidente baste con gustarles a las señoras de la pelu), el una mínima estabilidad psicológica (para que el ejercicio del poder no le vuelva tarumba y, una vez con el poder, no delire y nos conduzca derechitos al desastre) y otro de Historia. Historia, sí, porque todo cuanto somos o sabemos está fundamentado en el ayer. Incluso nuestros genes no son otra cosa que el resultado del devenir… al tiempo que la base del futuro.

España se equivocó con Marruecos de forma permanente. Lo hizo cuando huyó miserablemente del Sahara, lo volvió a hacer cuando consintió que nuestros pesqueros en el Mediterráneo o el Atlántico fueran reiteradamente hostigados por las turbas de la marina marroquí y pagaba rescates un día sí y otro también, lo sigue haciendo cuando permite sin actuar con mano de hierro la impunidad con que presiona a nuestras ciudades de esa orilla del Mediterráneo y lo hizo cuando permitió la desradicación de las industrias de nuestros tiburones industriales para hurtar el trabajo a los españoles y dárselo a los bereberes en el sagrado nombre de los beneficios a como dé lugar. Una cosa es bueno, y otra bien distinta, tonto. Los distintos gobiernos españoles que ha habido desde la llegada de la democracia se equivocaron por débiles, por escasez de inteligencia y por tibios, cuando debieron plantar sus reales desde el principio fumigándose a la Marcha Verde y protegiendo con sangre y fuego a aquellos ciudadanos españoles y a aquella provincia española del Sahara, haciendo harina a la marina alauita para hacer lo propio con nuestros pescadores, acallando las presiones a nuestras ciudades con razias de firmeza acerada y obligando a nuestras empresas a que, primero que nada, dieran trabajo a los españoles, y, sólo cuando aquí no hubiera desempleados, permitiera que se radicaran en otro país. Sin embargo, lejos de todo esto, los diferentes gobiernos de España desde la llegada de la democracia (¿será que no estamos preparados para la libertad o que hemos confundido respetar con humillarnos?) sólo han estado engordando a un enemigo que hoy es más fuerte y al que, o sí o sí, deberemos enfrentarnos más pronto de lo que muchos imaginan, si es que no queremos regalarles hasta Asturias mientras huimos acobardados a no se sabe dónde que podamos escondernos.

Decía que la carga genética tiene mucho peso en nuestra conducta, porque, aunque las circunstancias cambien, la esencia se mantiene. Las tribus bereberes alauitas de hoy son las mismas a las que puso firmes el Cardenal Cisneros porque era la única manera de mantener seguro el Mediterráneo y a España, las mismas que por debilidad de España perpetraron la barbarie de Annual, los que asesinaron mediante torturas a los españoles vencidos en los muchos blocaos durante la Guerra de África, los que degollaron y quemaron vivos a los españoles vencidos, quienes se habían rendido y se había acordado que respetarían sus vidas, de Nador, Zeluán y Arruit (más de 8000), y los que, cuando se apropiaron violentamente del Sahara tras la penúltima cobardía española, han estado haciendo eso mismo contra los españoles saharauis. Ningún gobierno de España desde la llegada de la democracia ha comprendido en absoluto qué es Marruecos ni que no se conformará con nada, ni con el Sahara, ni con las ciudades de Ceuta y Melilla, ni siquiera con la reconquista de Andalucía. A los marroquíes, como a cualquier enemigo, sólo se le puede tratar con acerada firmeza: jamás serán amigos, y la inocencia de creer lo contrario sólo nos costará más vidas y mucha, mucha más sangre. Al enemigo hay que destruirlo antes de que se haga fuerte: es ley de vida, ahí está la Historia. Recuerden el aforismo taoísta que reza que no se debe despreciar a la serpiente porque hoy no tenga cuernos, porque mañana se convertirá en dragón.

Esto es lo que dicta la Historia y el precio que, por ignorarlo, tendremos que pagar: el de nuestra debilidad, el de la incompetencia o estupidez de nuestros gobernantes y la tibieza de una clase política que sólo se afana en alcanzar el poder para expoliar a España. Ahí están los resultados: no sólo nos han desindustrializado, sino que además han vendido cuando podía hacer de España un país orgullosamente fuerte e independiente, y han convertido a nuestro Ejército en una especie de botijeros sometidos al Imperio y sus chanchullos. Nuestra desgracia de hoy y de mañana la han perpetrado nuestros gobernantes de ayer y de hoy. Nos han hecho débiles, estúpidos y tibios, y se engañan radicalmente quienes creen que el enfrentamiento armado con Marruecos es evitable: tal vez no pagaremos esa excesiva cuota de sangre nosotros, pero, si el mundo aguanta, como que hay Dios que la pagarán nuestros hijos o nuestros nietos, con la única diferencia de que el reptil insignificante de hoy, mañana será un dragón.

El mundo es el que es y no el que nos gustaría que fuera, y, en este orden, sólo se entiende la firmeza y la fuerza. La fuerza es la continuación de la política cuando la diplomacia fracasa, no conviene olvidarlo. Creer otra cosa es engañarse, y, como podemos comprobar cada día, ser permanente humillados por cualquiera, incluida por ésta nuestra clase política corrupta que sólo sueña con el poder para enriquecerse a sí mismos y a los suyos. Y así nos va, claro. ¿Se conduciría Marruecos igual si fuéramos una potencia nuclear o tuviéramos un Ejército con una capacidad destructiva colosal?..., ¿lo haría nuestro “aliado” británico y su Simpática Majestad?... La respuesta, naturalmente, es no. Pero como somos un país débil dirigido por flébiles morales, intelectuales y físicos, no podemos ser otra cosa que el hazmerreír del mundo, los botijeros o los limpiabotas de quien nos amenace porque nos conducimos como cobardes. La paz se defiende con la fortaleza moral, intelectual y, si llega el caso, la fuerza militar. Las buenas palabras sin respaldo ni solución de continuidad, la tibieza y la debilidad, sólo sirven para ser lo que somos, y no somos nada gracias a esta casta de políticos frikis.

Triste del país que no aprende de sus fracasos, porque está condenado a repetirlos. Y España no aprende. A la vista está que no es hoy España otra cosa que el pelele de Marruecos, el títere del Imperio y la risión del mundo. ¿Qué, por el amor del Cielo, hay de raro en que unos bereberes se nos suban a las barbas y nos amenacen?..., ¿acaso no es lo que están favoreciendo nuestros políticos?... Sin duda, si llegara el caso –inevitable- de enfrentarnos con Marruecos, estos incompetentes pondrán al frente de las tropas a una Ministra de Defensa pacifista que, a imagen de aquel infausto Silvestre de Annual, les diga a las tropas mientras son diezmadas por los bereberes: “¡Huid, huid, que viene el coco…!”

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