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Etiquetas:   The Washington Post Writters Group   -   Sección:   Internacional

Charlie Rangel no sabe cuándo largarse

Jonathan Capehart
Redacción
viernes, 10 de diciembre de 2010, 08:02 h (CET)
Casi se me atragantan las sobras del pavo al leer la conveniente filtración (no, esa no) de que el Representante Charlie Rangel (D-N.Y.) tiene intención de solicitar al Comité Deontológico de la Cámara una "amonestación" en lugar de la apertura de un "expediente" más grave. El tipo está decidido a destruir lo poco que queda de su dignidad hecha jirones.

Hay bastante diferencia entre amonestación y expediente, siendo el expediente la medida reservada a los delitos más graves. Rangel, siempre pletórico de autoestima, sostiene que no merece estar en el mismo saco con delincuentes y criminales. Y aunque hasta la acusación del comité le echaba un capote retórico diciendo que ni se le pasaba por la cabeza que el congresista de Harlem fuera corrupto, el comité sí destacaba que "la naturaleza total de sus delitos" lo obliga a abrir expediente al antiguo secretario del Comité de Asignaciones. Se tomó la decisión correcta.

La maniobra más reciente de Rangel es otro intento de aplazar lo inevitable. El expediente está a una votación y probablemente a una cabecera de los informativos de la jornada siguiente. Pero el expediente exige que el acusado comparezca en el estrado de la Cámara mientras es amonestado por el presidente y que la resolución en su contra reciba lectura en sesión. A Rangel le encanta la Cámara y su papel en una democracia que él ayudó a defender. Es por eso que el expediente sería la humillación definitiva para el caballero que ocupó un pedestal tan elevado en su seno. Pero no se eche a llorar. Él es el único culpable.

Rangel tuvo la oportunidad a principios de este año de llegar a un acuerdo para evitar su bochornoso espectáculo. En lugar de eso, optó por jugar al gato y al ratón con la comisión. De hecho, durante una rueda de prensa en agosto, Rangel afirmaba audazmente, "No estoy pidiendo clemencia". Estas tácticas le funcionaron en el pasado. Ya no. El gato es ahora el ratón, atrapado en un cepo que se fabricó él mismo.

*Jonathan Capehart es periodista del Washington Post Writters Group, del que SIGLO XXI tiene los derechos de publicación en exclusiva para periódicos digitales españoles.

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