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Etiquetas:   La isla de Willigan   -   Sección:   Música

Destrozando canciones ajenas

Guillermo Navalón
Guillermo Navalón
jueves, 9 de diciembre de 2010, 09:25 h (CET)
Hacer un disco de versiones es una labor más complicada de lo que parece, especialmente cuando el artista cuyas canciones se están reinterpretando tiene un estilo tan único e irrepetible que una adaptación fiel se torna casi imposible. En esos casos, la opción más plausible para salir airoso del engorro es transformar el tema de tal modo que parezca propio, conservando los mínimos elementos para que el material de base permanezca reconocible. Otra posibilidad, muy utilizada aunque menos recomendable, se encontraría en la posición intermedia: mantenerse fiel al original y a uno mismo en la misma proporción, conservando la esencia intacta sin perder la propia impronta. Sea como sea, hay ocasiones en las que la sombra del material primigenio es tan alargada y su huella es tan reconocible para el gran público que cualquier intento por tratar de ponerse a su altura o, simplemente, igualarla es inútil. No se me ocurre mejor ejemplo de esto último que los dos recientes tributos a Antonio Vega y Bunbury/Héroes del Silencio.

El homenaje discográfico al que fuera miembro de Nacha Pop era inevitable, aunque para lo que han hecho, y por respeto a su memoria, más vale que se lo hubieran ahorrado. Un artista de este calibre se merecía un tributo digno en el que intervinieran varias de las figuras más grandes de nuestra música. Por el contrario, basta con echar un vistazo a los finalmente escogidos (Lori Meyers, Love Of Lesbian, Sidonie, Los Planetas, etc.) para darse cuenta que “El alpinista de los sueños”, que así se llama el álbum, parece hecho por y para modernos y “gafapastas”, salvo honrosas excepciones. En ello no habría problema alguno si el resultado general mereciera la pena, y no es así. Hay muy poco de la emotividad y fragilidad de Antonio en esta colección de experimentos sonoros a costa de su obra. El crimen perpetrado contra algunas de sus canciones más conocidas es atroz: la intensidad rockera de Sidonie echa por tierra “Se dejaba llevar por ti”, la versión en inglés de “La chica de ayer” por parte de Irma La Dulce parece una broma sin gracia, y Marlango comete un error garrafal al intentar darle un aire distinto a “El sitio de mi recreo”. Tan sólo se salvan los que más se ciñen al guión (Lori Meyers, Love Of Lesbian y Zahara, L.A. y Nena Daconte) y algunos de los que consiguen hacer suyo el material original con más o menos acierto (Amaral, Iván Ferreiro).

De “Hechizo”, el tributo a Bunbury y Héroes del Silencio, apenas se puede rescatar algo. El listado de artistas es apabullante (Loquillo, Andrés Calamaro, Raphael, Quique González, Pereza, etc.), pero ninguno puede conseguir que nos quitemos de la cabeza ni por un momento el particular estilo del aragonés y su antigua banda, cuyo hermetismo y peculiaridad apenas admite una interpretación abierta. Cuanto más tratan de innovar y salirse de la línea fijada, más ganas te entran de acudir a las grabaciones originales. Para colmo de males, este disco se edita sin motivo alguno, ya que no conmemora ninguna efeméride ni nada por el estilo. Tampoco se trata del homenaje a Héroes que nos vendieron en un principio, pues el repertorio da un claro protagonismo a las canciones de Bunbury en solitario. En definitiva, un lanzamiento totalmente innecesario desde cualquier punto de vista.

De todos modos, no todos los recopilatorios de versiones son horrendos. Un buen ejemplo actual es el último álbum de Celtas Cortos, “Introversiones”, en el que los vallisoletanos consiguen hacer pasar canciones ajenas por propias sin dificultad aparente (por ejemplo, su versión de “Lucha de gigantes” de Antonio Vega es excelente). Otro que salió bastante bien fue “Bajo la corteza”, con temas de Leño, aunque el hecho de que la mítica banda madrileña se implicará en su realización tuvo mucho que ver en el resultado.

En verdad, hacer buenas versiones es posible, pero siempre será mejor y más seguro concentrarse en componer canciones inéditas, de ese modo no habrá purista alguno que pueda quejarse.

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