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Un teatro: ¡marchando!

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 9 de diciembre de 2010, 08:43 h (CET)
Cuando escribí “Sangre Azul: El Club”, denuncié todo esto –y mucho más- que ahora desvela Wikileaks, si bien no tuve más remedio que ampararme en el formato de novela porque como simple escritor no podía tener acceso a pruebas documentales como las que esa web ha publicado gracias a la inestimable colaboración de “fuentes anónimas” de mucho peso. A la trama negra del poder le di formato de novela, sí, y utilicé, para dotarla de la necesaria veracidad que le sirviera de guiño al lector, el recurso de la crónica, empleando los titulares de los diarios como hilo conductor, sugiriendo por consecuencia de síntomas, la enfermedad que adolecía la sociedad no sólo española, sino la internacional, cómo se jugaba con la verdad, cómo los sucesos iban conformando el mapa de una dolencia muy concreta y cómo para que todo ello sucediera, debía haber, forzosamente, una mano negra que moviera los hilos de la cuna. Conjeturas noveleras, en fin, al modo y manera como para diagnosticar una enfermedad es en muchos casos innecesario observar directamente el virus o la bacteria que lo produce, sino que basta con la observación de los síntomas para colegir el mal. Verbigracia, no estuve presente ni tengo amigos entre quienes participaron en la reunión de los “Taytantos Magníficos” con el Gobierno el otro día en la Moncloa, pero ya anticipaba en mi artículo de hace unos días que “reunión de pastores, ovejas muertas”, y ya vieron ustedes que en el Congreso el martes nos delató el señor Zapatero de viva voce qué borreguitos como el de Norit habían sido sacrificados y qué joyas de la abuela regalados a algunos de los intervinientes en esa reunión de matadero: en los próximos días nos enteraremos de qué les corresponderá a los otros participantes que por ahora parecen que no han sacado nada: estén atentos. Ya ven, la simple observación de los sucesos a veces confiesa con prístina luz lo que sucede en lo oscuro.

Y es que hoy, todo es teatro. Las personas somos educadas, cada cual en su país grande o pequeño, en base a un concepto de identidad patriótica que le hace miembro de una tribu; pero, según sea su inteligencia y su grado de poder pensar por sí mismo, alimentándose de distintas fuentes, puede ser que termine por comprender que toda esa Historia no deja de ser pienso para tontos, y que de independencia o de tribu, nada de nada, sino que el pueblo al que pertenece es tributario de otro pueblo o tribu mayor, y que sus líderes todopoderosos son simples servidores a sueldo de otra potencia. Un teatro, en fin.

A muchos nos costó amargos lloros la ignominia y la cobardía perpetrada con el Sahara, cuando sin presentar batalla siquiera salimos corriendo ante un ejército enemigo y cedimos a sus futuros verdugos el porvenir de quienes eran al menos tan españoles como los ciudadanos de Salamanca o Segovia. Y no fue, ni mucho menos, un caso único, sino que esto mismo se ha venido repitiendo de esa forma y de otras al menos tan humillantes para quienes consideramos a España nuestra patria. Por eso escribí “Sangre Azul: El Club”, porque los partidos políticos y los gobernantes de mi país, parecían actuar contra mi país y en beneficio de terceros. Demasiado perturbador, excesivamente contrario a toda lógica, pero las evidencias (síntomas) cantaban como un soprano. Hoy, con Wikileaks, aunque todavía no hemos entrado en esos episodios concretos, queda prístinamente claro que di en la diana. Léanla, desentiéndanse por un momento de las vestiduras de novela que tiene, y díganme si aquello no fue todo un ejercicio de clarividencia.

El teatro de la realidad se extiende por calles y plazuelas, asolándolo todo y ofreciendo al ciudadano farsa por verdad y gato por Garza. Según desvela con documentos incontestables Wikileaks, y suponiéndole por un momento la verdad que ni tirios ni troyanos niegan (incluso el exdirigente de la OTAN, Javier Solana, ha dicho que “lo que dicen esos documentos es algo que ya todos sabíamos”), lo que queda de manifiesto es que las máximas autoridades españolas trabajaron (y tal vez sigan trabajando) para una potencia extranjera, y que pueden manipular estamentos, personas e Instituciones que no debieran legalmente poder manipular o manejar... a no ser que todo sea una farsa para tontos. Y esto, señores, es grave, gravísimo. Nuestros gobernantes son sumisos a otras potencias, y eso es renunciar tácitamente a la independencia de España… o directamente traición, así, con todas sus letras.

“Sangre Azul: El Club” es, ciertamente, una novela muy perturbadora, pero no lo es menos la realidad. El artificio de la crónica en esa ficción tiene mucho más de lo primero que de lo segundo, al modo e imagen como la ficción parece ser que casa mucho mejor con la realidad nuestra de cada día, cual si estuviéramos presenciando un teatro. Ya se ve que, según Wikileaks, nuestro concepto de patria se ha desmoronado como si tuviera la lepra, y que “casualmente” tres días después de la reunión de los pastores, algunos de esos pastores se alzan oficialmente y de forma casi gratuita con una buena tajada de lo poco que nos queda como país. España, en fin, da la impresión de que está liquidación, nuestros gobernantes parecen trabajar para el enemigo y los ciudadanos somos simples esclavos que les proveen a todos ellos de fondos para saciar los inagotables intereses de tirios y troyanos. Teatro, todo es teatro. Y debe ser así, porque, a pesar de las evidencias, ya ven que no pasa nada. Aquí, ya se sabe, nunca pasa nada. Basta con que algunos nieguen las evidencias con voces y actitudes impostadas, y listo. Todo, todo, es teatro, y la ciudadanía, simples espectadores.

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