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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De la economía y la oprtunidad de sacar los sables

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 9 de diciembre de 2010, 08:39 h (CET)
Resulta sumamente desesperanzador para el ciudadano de a pie el comprobar que Europa sigue sin encontrar su nexo común, que permita que la UE funcione sincronizada, con una sola voz y con un programa económico y político que sea capaz de dejar a un lado las individualidades de cada uno de sus miembros, para encontrar un vínculo común capaz de hacer frente a la complicada situación económica y financiera que ha hecho tambalear a la economía mundial y ha conseguido trastocar no pocos de los tabús en los que muchas naciones habían quedado instaladas como grandes expresiones de la riqueza y del poder económico y financiero. Aparte del hecho innegable de que muchas naciones como China, la India o Brasil, como nuevas potencias emergentes, han hecho valer su reciente aparición como nuevos monstruos de la producción mundial, para situarse en los primeros lugares de influencia, desbancando de sus puestos privilegiados a no pocos países tradicionalmente considerados como primeras potencias; no cabe la menor duda de que la llamada crisis de las sub-prime ha presentado factura a naciones que, como los mismos EE.UU. de América, están pasando por momentos delicados que les están obligando a apretarse los machos y a tener que apechugar con una situación de ajuste de su sistema bancario al que, para evitar su derrumbe, la FED ha debido movilizarse para comprarles sus activos tóxicos; lo cual ha conllevado que, el señor Bernanker, haya tenido que insuflar 600.000 millones de dólares al sistema financiero lo que, como no podía ser menos, ha provocado una inmediata devaluación de la divisa americano; algo que parece que no le ha sentado muy bien a su principal tenedor de bonos americanos y rival económico, la China.

Sin embargo, en Europa, no se puede decir que vayamos muy boyantes ya que hay un grupo de naciones, entre las que se encuentra España, que no hicieron sus deberes y ahora estamos sufriendo las consecuencias de una política gubernamental equivocada, insostenible, derrochadora y, evidentemente, deslavazada; que las ha situado al borde la “quiebra soberana”, un concepto que nadie conocía pero que se ha popularizado en los últimos tiempos. Si la primera en caer fue Grecia y fue la UE, después de no pocos intentos de que se recuperase por sí misma, la que tuvo que acudir en su ayuda para salvar el euro; no han tardado en seguir su camino naciones como Irlanda, a la que se le han tenido que prestar 85.000 millones de euros para que no se hundiera, y le sigue Portugal que está, ahora mismo, en el filo de la navaja, pendiente de un hilo, siendo lo más probable que también tenga que acudir Europa en su rescate. Pero es que, señores, parece que la siguiente pudiera ser España, algo que, tanto para los españoles como para el resto de Europa, ya serían higos de otro costal. Es obvio que nuestro país es la octava o novena nación industrial y el tamaño de nuestra economía es seis o siete veces superior, el volumen, al del resto de las naciones a las que ha tenido que rescatar la UE.

Lo que está sucediendo es que hay algunas naciones, con Alemania a la cabeza, que por la parte que les toca en la obligación de aportar fondos para contribuir a la tarea de intentar sacar a flote a aquellos países que no supieron negociar, con acierto, la crisis; ya han declarado su intención de no contribuir más a sacarlos de sus problemas financieros y han decidido que no hay que seguir incrementando el Fondo de Ayuda a las PIIGS, actualmente fijado en 750.000 millones de euros. La ministra Salgado, por pura necesidad política y para no despertar, en la naciones europeas más recelos de los que ya abrigan, respecto al futuro de nuestra nación, el resto de naciones europeas, más recelos; se a unido a la postura alemana como si no fuera España, una de las causantes de que Bruselas, intente aumentar la cuantía de aquel fondo. Un fondo que podría alcanzar una cifra superior al billón o los dos billones de euros.

Por cierto, por si no nos bastara la mala imagen del señor ZP en el resto de cancillerías europeas y americanas, ahora resulta que, el Financial Times, ha colocado en la penúltima posición de la lista anual de valuación de los ministros de Finanzas europeos, a la vicepresidenta, señora Elena Salgado. Este estudio tiene en cuenta varias facetas de las personalidades que analiza; y así observamos que, en la evaluación económica, se tiene en cuenta: la recuperación del PIB con respecto al nivel anterior a la crisis; el déficit público en el 2010, con exclusión del estímulo fiscal; la previsión de reducción del déficit para el 2012; la evolución del desempleo desde el 2010 al 2012 y el desequilibrio por cuenta corriente. La credibilidad, se juzga por la rentabilidad de los bonos a diez años y su evolución. En esta faceta es donde, la señora Salgado, sale peor parada ya que, el FT, la ha situado en la posición 19 o sea, el último lugar de la lista. Como información adicional, podemos decir que, el primer lugar de la lista, es ocupado por el ministro alemán, señor Shäuble, cuya política económica se puede considerar como la antítesis de la que se ha puesto en práctica en España; por ejemplo: se ha caracterizado por “el firme control del gasto” a lo que ha acompañado una “política expansionista” lo que ha contribuida a la fuerte caída del desempleo en su país.

La falta de mano izquierda del Gobierno y del señor Blanco, han acabado de redondear la aureola de ineficiencia que se han ganado ante el resto de la CE cuando, seguramente, por un arranque incontrolado del señor Blanco, en un acto autoritario propio del señor Hugo Chávez de Venezuela, apresuró la promulgación de un decreto que sabía que iba a levantar chispas entre los controladores; aunque es posible que fuera necesario el dictarlo en otro tiempo, en un momento en el que la reacción de los interesados no hubiera podido causar los daños colaterales que, la extemporánea y desmesurada contestación de los controladores, han producido en la economía de toda la nación y, en especial, en el sector turístico. Un gobernante debe saber cuales son sus límites; debe medir los tiempos y, obviamente, calcular los efectos de sus decisiones aunque, como en el caso que nos ocupa, fueran acertadas en cuanto a su contenido. La inoportunidad y la “chulería” con la que se ha producido el castigo del Gobierno a los controladores, en vísperas de uno de los puentes más largos del año; como menos, debe considerarse como una grave falta de cálculo y una evidente pifia del ministerio de Fomento.

En todo caso, el declarar el estado de Alarma es una medida de gran calado que comporta el reconocimiento de la incapacidad para conseguir un acuerdo entre las partes afectadas. Y aquí es donde, tanto el artículo 28/2 como el 37/2 de la Constitución en relación a lo dispuesto en el Art. 4-c de la Ley Orgánica 4/1981, del mes de junio, nos indica la necesidad de que se determinen con claridad los límites y ámbitos de lo que se consideran “servicios públicos” y, la evidente e inaplazable, promulgación de una Ley de Huelga que establezca con claridad los límites de este derecho de los trabajadores y los casos en los que debe ceder, en cuanto se enfrenta a otros derechos fundamentales que pueda vulnerar los derechos del resto de ciudadanos, a los que les pueda afectar el conflicto. No vemos muy claro como, en el caso de la huelga salvaje que tuvo legal en el Metro de Madrid, el Gobierno se desentendiera, a pesar de que se daba un claro caso de estar gravemente afectado el servicio público de cientos de miles de ciudadanos, y ahora, en una ocasión claramente inoportuna, el Gobierno se ha liado la manta a la cabeza para atajar, manu militari, el conflicto de los controladores aéreos. La Biblia dice: “todas las cosas tienen su tiempo oportuno” y, como siempre, acierta.

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