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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La resaca del plante de los controladores aéreos

Mario López
Mario López
jueves, 9 de diciembre de 2010, 08:36 h (CET)
La huelga encubierta de los controladores y su solución final con la declaración del estado de alarma por parte del gobierno me ha dejado una amarga resaca como si me hubiera sentado mal alguna bebida. Tengo que agradecer al doctor tinerfeño José Manuel González-Posada su carta al director del diario EL PAÍS del día 7 del corriente, que me ha servido para aliviar esa desagradable secuela. En pocas líneas describe con claridad la diferencia que existe entre unos ciudadanos privilegiados y otros que no lo son.

Cómo los primeros son capaces de abandonar sus puestos de trabajo, comprometiendo la seguridad de todo un país, por una especie de estrés colectivo simultáneo y los segundos son capaces de aguantar lo que le echen sin que en ningún momento se les pase por la cabeza abandonar sus responsabilidades. Los primeros cobran cinco veces el sueldo de los segundos, trabajan un máximo de 1400 horas al año, ochocientas menos que los segundos. Un trabajador que no tiene asumido el valor de su compromiso con el resto de la ciudadanía debería cambiar de trabajo.

Médicos y controladores son profesionales vitales para un país. Deben estar bien remunerados, gozar de unas condiciones laborales dignas, pero, también deben ser capaces de aguantar en su puesto por adversas que sean determinadas circunstancias que puedan sobrevenirles. Los médicos, y el personal sanitario en su conjunto, lo vienen haciendo con un sentido de la responsabilidad, una honorabilidad y una entrega encomiables. Los controladores aéreos, no.

Es muy triste constatar que determinados profesionales necesitan jarabe de palo para cumplir con sus responsabilidades. La huelga encubierta de los controladores, a mí personalmente, me ha provocado una enorme vergüenza ajena y una indignación mayúscula. Pero también me ha servido para valorar especialmente a un grupo de personas que atesora las mejores virtudes morales y son un ejemplo de ciudadanía: los profesionales sanitarios. A ellos deberíamos hacerles un homenaje, al menos una vez al año. Propongo que se institucionalice el Día de la Salud dedicado a ellos.

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