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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Todos nos pisan con el informe PISA

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
jueves, 9 de diciembre de 2010, 08:26 h (CET)
El informe Pisa vuelve a poner a España en la picota de la Educación. Volvemos a ocupar lugares por debajo de la media de la OCDE en cuestiones tan importantes como lectura y matemáticas. En cambio figuramos en cabeza en número de alumnos repetidores.

Nuevamente nuestros más consagrados cerebros educativos (recuerdo a los lectores que no lo sepan que Alfredo Pérez Rubalcaba es un reconocido especialista en este terreno, aunque ahora pueda sonar extraño o improcedente) se dedicarán a elaborar sesudos razonamientos y profundos informes para explicar algo que cualquier profesional sin demasiada experiencia conoce.

Hay muchos problemas en la Educación pero quizá el primero de todos ellos sea la falta de educación. Así de simple, por encima de pizarras digitales, por encima del número de ordenadores por alumno, por encima de aspectos importantísimos como la formación de los maestros y profesores está la falta de educación de los alumnos. Quizá los demás problemas sean más fáciles de solucionar, pues son cuestión de dinero, aún en estos tiempos económicamente atribulados. El de la educación, con minúscula, es sin embargo un problema, gravísimo porque afecta no sólo a las escuelas e institutos sino a la sociedad entera.

No sabría decir cuándo pero en algún momento de la historia reciente se impuso la idea del colegueo más miserable en España: puesto que todos teníamos los mismos derechos alguien dedujo la absurda idea de que todos éramos iguales, todos entendíamos de todo, todos teníamos los mismos méritos y usté no sabe con quién está hablando, usté no sabe quién soy yo. Esa idea es sólo una faceta de un conjunto de problemas que rodean a una sociedad consentidora, que entiende que todo vale, que impide el desarrollo de la responsabilidad de niños y chavales por el procedimiento de la híper protección. Cualquier exigencia está prohibida no vaya a ser que los chavales se nos "traumen", pobricos.

Por una parte los alumnos más burros y desastrados se sienten "colegas", en el más chabacano y barriobajero de los sentidos, de unos profesores que de esta manera pierden toda autoridad, siendo a veces mindundeados por padres pedestres que se olvidan a conveniencia de que además de tener derechos propios tienen deberes para los demás, que es una terrible consecuencia de vivir en sociedad. Y hablo en definitiva de confundir la autoridad necesaria e imprescindible para que la sociedad funcione con dictadura, antidemocracia y otras monsergas semejantes que han sido atizadas desde sectores interesados.

Por otra parte no es posible que un profesor exija esfuerzo y trabajo a unos alumnos a los que en su casa nadie les reclama el menor trabajo, la más mínima cooperación, a los que nunca la sociedad les demanda algo de responsabilidad. Se nos ha llenado la boca hablando a los chavales de derechos, pero qué pocas veces se les ha explicado que esos derechos conllevan necesaria e inseparablemente unas obligaciones. Esta segunda parte se les escaquea, no vaya a ser que el nene se enfade y no trabaje, se enfade y rompa algo, se enfade y... ¿y qué?

Lamentablemente estos dos problemas, el de la falta de autoridad y el de la falta de cultura del esfuerzo, son problemas que no sólo afectan al sistema educativo sino a toda la sociedad, si alguna institución midiera otros parámetros sociales nos encontraría también en la cola de Europa. En todo menos en el número de repetidores, evidentemente, asunto este que queda claramente explicado por la deriva social que acabo de exponer.

Eso sí, somos campeones del mundo de fútbol, oigausté.

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