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De la prosapia aznareña
Mario López
Nuestro exorbitado y desbordante héroe de Perejil, José María Aznar López, ha amenazado con volver a la política. En ella lleva atrapado desde hace años, pero supongo que él se refiere a la política desde el poder. Es decir, que si ve a España desesperada, le hará un favor.
¿Qué favor se le puede hacer a una señora desesperada? Por no caer en un lenguaje sicalíptico y procaz, habrá que colegir que el presidente de la FAES aún alberga la esperanza de volver a la Moncloa, y entiendo que para algo más que invitar a comer al Gran Wyoming. Pues no sé yo. El electorado no anda fino, pero de ahí a devolver la confianza al hombre que de forma más flagrante y continuada la traicionó, va un abismo. Ya no es lo de "Pujol enano habla en castellano" matizado con un "hablo el catalán en la intimidad", o los hilillos del chapapote, o aquel "créanme, en Irak hay armas de destrucción masiva", o lo de las montañas y desiertos no tan lejanos. No.
Lo que verdaderamente desacredita a este provecto metrosexual es su permanente campaña de descrédito contra el Gobierno de España durante estos últimos siete años y que ha cercenado el crédito de nuestro país en los círculos internacionales en los que el ex presidente puede ejercer alguna influencia, entre otros, el de su caro amigo Berlusconi o el de la insigne lumbrera tejana Mr. Buch. Eso, la traición a España es lo que el electorado de este país no le podrá perdonar jamás.
Se haría un favor, y a nosotros también, manteniendo sus hábitos deportivos alejado de todo aquello que tenga que ver con la administración de la cosa pública. Y si no es capaz de resignarse a la discreción, que se alíe con Rosa Diez, que también ella está dispuesta a darles una segunda oportunidad a los catalanes.
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