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Etiquetas:   Los 5 sentidos   -   Sección:   Cine

Cuando alguien se va…

Mariña Camba
Mariña Camba
@maritcamba
martes, 7 de diciembre de 2010, 09:10 h (CET)
En mis manos estuvo a punto de caer este domingo en el Rastro madrileño una copia del original cartel de Bienvenido Mr Marshall. Al final, como pasa siempre que algo te gusta pero no sabrías muy bien dónde colocarlo en casa, lo dejé bajo el toldo del chiringo. Estaba lloviendo como pocas veces llueve en Madrid, así es que me consoló pensar que habérmelo llevado habría sido un homicidio dudosamente premeditado. Pero de algún modo, muerto Berlanga, tuve esa sensación, quizá incoherente y superficial, de adquirir algo en su memoria y vestir así las paredes de mi salón. Muchos dirían “Oh, qué grande era Berlanga”. Sin embargo la idea se esfumó también cuando, pasando página, me encontré con carteles de El Apartamento, Amarcord, Al final de la Escapada y La Gata sobre el tejado de Zinc. Oh! ‘¡Qué grandes Wilder, Fellini, Godard y Tenesse Williams! Siempre hay alguien que se va dejando en la historia (del cine en este caso) un legado que muchos agradecemos.

Primero fue el irreverente y genial Berlanga. La pasada semana Mario Monicelli, monstruo de la comedia italiana y experto en las historias agridulces de valor humano, también nos dejaba. Leslie Nielsen hace unos días… y me encuentro de nuevo con esa sensación amarga de saber que la vida está llena de paradojas. La primera que encuentro es que desde el preciso instante en que uno nace sabe que se va a morir. La segunda es la amarga sensación de saber que ha muerto quien te ha hecho reír. Y, la tercera, es esa empatía causada con una noticia tan triste sobre alguien que una no ha conocido y con quien no ha compartido más que momentos virtuales entre pantalla y sofá.

Es difícil hacer el imbécil tan bien. Y lo digo con todos mis respetos y admiración. Sin Leslie Nielsen la comedia del absurdo se queda sin esa mirada de complicidad boba del teniente Frank Drebin. Y el público sin ese humor blanco con el que tantos nos hemos identificado y que forma ya parte del imaginario colectivo y universal.

Como decía al comienzo de esta columna siempre hay alguien que se va. Así es que el mejor homenaje que podemos hacer a aquellos que nos han dado buenos momentos es el de la continuidad. Hagamos que su obra perduren en el tiempo no dejando que sea el mismo el que las oculte llegada la posteridad.

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