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La huelga es cosa de ricos
Mario López
Como vino a decir el gran periodista y escritor Rafael Torres, las huelgas de hoy en día son cosa de ricos. Antiguamente lo era de obreros; pero, de la misma forma que antiguamente los porros se los fumaban los hippies y hoy lo hacen los ejecutivos agresivos, antes la calle era del movimiento obrero y hoy del Concilio de Trento, perdón, quería decir de la Conferencia Espiscopal.
Una huelga general obrera hoy tiene menos repercusión que la última separación o coyunda de Belén Estaban. En cambio, y se ha visto recientemente, una huelga de ricos es capaz de movilizar al Ejército. Antes a los obreros les quedaba al menos el derecho a la pataleta. Hoy ni siquiera eso. Los ricos se han hecho con todo, desde la miseria más absoluta a la más glamurosa y rutilante holganza. A los pobres nos han robado hasta la bohemia. Los ricos saben vestir de pobres y vivir como marajás. Los pobres visten con sudaderas y zapatillas de marca, parecen pijos cutres y lo único que se pueden comer son los propios mocos. Lo más lacerante de todo esto es que nadie ofrece resistencia a este brutal proceso de cosificación de la clase obrera. La verdad es que lo único que apetece es ponerte de cerveza hasta las trancas.
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