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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La hora de la Justicia

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 8 de diciembre de 2010, 09:58 h (CET)
Ha dicho el Ministro de Fomento, refiriéndose a la supuesta huelga ilegal de los controladores del pasado viernes, que “ahora le toca a la justicia”; pero, por haber sido una manifestación verbal, nos quedamos con las ganas de saber si esa justicia a la que se refiere tiene una J minúscula o mayúscula. De ser la segunda, y, sin que sirva de precedente, no puedo estar más de acuerdo con él, aunque no sólo en este caso, sino también en los que ha desvelado Wikileaks, que no menores ni deben quedar impunes tampoco.

La impunidad debe terminarse, y nada mejor para ello que el que se esclarezca en todos sus extremos (y con absoluta ceguera de a quién afecta) qué ha sucedido en este caso tan importantes, y qué en aquéllos tan extremadamente capitales. Si la Fiscalía se ha mostrado de una diligencia encomiable en abrir diligencias a los controladores que supuestamente han perturbado las comunicaciones aéreas españolas, no ha sido así de célere con los casos que ha denunciado Wikileaks, los cuales se refieren a la manipulación o maniobras que lindan con lo ilegal (si es que no están inclusos en ello) por parte de algunas personalidades sobre casos muy concretos y ciertos intereses muy espurios, además de investigar bien a fondo los cantos del Faisán y qué hay de espurio en realidad con Marruecos que tanto apesta, cuando España no sólo es la potencia responsable de la descolonización, sino que los daños que perpetró este país los cometieron contra ciudadanos españoles en El Aaiún y contra personas bajo nuestra protección y tutela. En todos estos casos la Fiscalía ha sido más bien lerda, y parece haberse dado por satisfecha con la negativa de los supuestos incriminados, cuando a los incriminados en el caso de los controladores no se les ha dado el menor crédito, se les ha satanizado hasta el punto de acaecer con ellos algo parecido a un linchamiento (de hecho a punto estuvo de ser en algunos casos algo más que una simple metáfora), y se ha maniobrado desde diarios personalistas y políticos, así como desde los medios de comunicación propios para acicatear en su contra la opinión pública como si fueran los responsables de todos los males de España y no hubiera otros, y sí que los hay: Zapatero, su gobierno y su partido.

No sé hasta qué punto han podido cometer alguna falta o delito estos controladores que se retiraron de sus puestos de trabajo en una supuesta defensa de sus intereses laborales, pero tampoco sé con certeza (ni nadie que no esté en el meollo mismo de los intereses que se mueven) cuánto ha habido de maniobra para empujarles a esta descabellada acción que era evidente que tantos daños les podía causar, precisamente cuando la empresa a la que pertenecer éstos había sido vendida en parte unos días atrás a ciertos tiburones de los que se reunieron en la Moncloa con el Presidente, y cuando el mismo Presidente, en un acto sin antecedentes, contra todo pronóstico y sin una crisis real que lo justiciara, faltó a una cumbre a la que nunca ningún presidente español había faltado, y cuando ante crisis mucho mayores no tuvo el menor inconveniente en darse los garbeos por esos mundos de Dios que quiso, hasta el punto de que incluso la Ministro de Exteriores ha llegado a estar regalando jamones en un hospital boliviano cuando España ardía de ignominia por los acontecimientos que se estaban dando en el Sahara.

Esto apesta, y es bueno que entre a saco la Justicia y no la justicia ésa que está bajo sospecha, y no sólo en este asunto, sino en todos los mencionados, además de en otros muchos en los que los gusanos de la corrupción afloran por doquier, esquilmándonos a todos. La hedentina que tiene el caso de los controladores, sin embargo, va a requerir una acción algo más que transparente, o volveremos a encontrarnos ante otro caso Couso, ante otro caso Guantánamo o ante cualquiera de los otros que vuelan y sobrevuelan nuestra cotidianidad con absoluta impunidad. Ya sabemos que aquí en muchos procesos basta como prueba de cargo el testimonio del acusador, y que en otros basta para aplicar la eximente completa la negativa del acusado; pero también esto debe terminar. A mucho nos da el tufillo de que aquí hay busilis, y que lo que se ha hecho con los controladores, echando sin piedad a las turbas contra ellos, es una maniobra que, o bien pretende limpiar la empresa de inconvenientes a demanda expresa de los nuevos compradores, o una doble maniobra de eso mismo y de correr una tupida cortina de humo que desvíe la atención ciudadana del meollo de los males que nos afligen, a la vez que una artera forma de intentar dar una imagen al mundo de fortaleza un gobierno que ha demostrado una vez y otra y otra y otra que se pliega con todo servilismo y sin ningún rubor a los intereses de los tiburones nacionales e internacionales, de especuladores y del Imperio, entretanto se muestra particularmente agresivo y desalmado con los nacionales más débiles y con los desfavorecidos, y con quienes tienen una conciencia recta o una fe distinta de su credo.
Que intervenga la Justicia, sí, con J mayúscula, y que nos cuente por qué se ha podido decretar un Estado de Alarma cuando el texto oficial dice:

“CAPÍTULO II. El estado de alarma. Artículo 4.

El Gobierno, en uso de las facultades que le otorga el artículo 116.2, de la Constitución, podrá declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzca alguna de las siguientes alteraciones graves de la normalidad:

a) Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud.

b) Crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminación graves.

c) Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, cuando no se garantice lo dispuesto en los artículos 28.2 y 37.2 de la Constitución, y concurra alguna de las demás circunstancias o situaciones contenidas en este artículo.

d) Situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad.”

Como se puede leer en el extracto del texto oficial, aunque parece que sí se cumple la primera parte del apartado “c”, no se cumple en absoluto el “…, y concurra alguna de las demás circunstancias o situaciones contenidas en este artículo”, razón por la cual NO se dan los requerimientos básicos para proclamarlo, o, lo que vale lo mismo, es ilegal. Para los que no se enteran o son iletrados, la conjunción copulativa (que ata, liga y junta) “y” implica la necesidad de que cumplan todas las partes de la oración para estar competo. Distinto hubiera sido que figurara la conjunción disyuntiva (separar, desunir) “o”, en cuyo caso bastaría para que el sentido estuviera completo con que diera una parte de la oración, cosa que no sucede. En definitiva, no se puede aplicar el Estado de Alarma invocando una parte de un artículo, sino que tiene que estar obligatoriamente completo.

Que intervenga la Justicia, sí; pero que lo haga de verdad y en todos los casos. En todos, Y, por ahora, da la impresión de que es simplemente el poder del Ejecutivo el que está maniobrando. A los hechos nos atenemos.

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