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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Los tres satélites rusos y Zapatero

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 7 de diciembre de 2010, 09:51 h (CET)
Poco después de ser lanzados tres satélites rusos han caído al mar, al Océano Pacífico concretamente, constituyendo un clamoroso fracaso de las autoridades rusas. Tres clamorosos fracasos. Conociendo cómo se las gastan por esos lares seguramente rodarán cabezas. No se puede ser tan necio tan impunemente.

En el PSOE el zar Zapatero encamina sus huestes a un fracaso tan contundente como el de los científicos espaciales rusos, el ridículo que anuncian las encuestas es igual de espantoso; más de un militante socialista sentirá deseos de no salir de casa, prefiriendo aguantar a la suegra y a tres cuñadas con seis churumbeles cada una antes que aparecer a tomar café por el sitio de costumbre con sus amigos habituales. Las chanzas que tendría que aguantar sólo podrían compararse a las que deberían aguantar los madridistas si el cinco cero pasado hubiese tenido lugar en el Santiago Bernabeu. Y sí, ya sé que en el pasado se dio, porque a mí entonces, mísero e infeliz, me gustaba el fútbol y hasta era seguidor del Real Madrid. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor.

Nunca el PSOE había estado 18'8 puntos por debajo del PP. El asunto ya es de por sí suficientemente grave y por sí mismo plantearía dudas acerca de las condiciones síquicas de los barones socialistas que callan miserablemente sobre la situación en que Zapatero va a dejar al PSOE y a España, pero adquiere infinita mayor gravedad si tenemos en cuenta que no se trata de que el PP suba considerablemente de voto, sino que se trata sólo de decadencia zapateril.

Pura decadencia zapateril, fin de ciclo, agotamiento, senectud prematura, incapacidad... escojan ustedes la palabra que consideren más adecuada, da igual. Zapatero lleva muchos años negando la crisis, paralizado sin tomar medidas para combatirla, regalando subvenciones, arriesgando nuestro futuro y el de varias generaciones posteriores, comprometiendo nuestros ahorros, tomando impulsivamente, quizá cuando ya no hay más remedio medidas impopulares que, de haber sido tomadas anteriormente, no habrían significado tanto dolor ni sacrificio semejante. Y aunque hubo un tiempo en que España asistía a sus caóticas predicciones de manera dubitativa hace mucho que los votantes tienen las ideas claras y la encuesta del "El País" lo demuestra.

Más de un 18% de desventaja es mucha desventaja para vivirla en silencio, disciplinada, mansa e inactivamente como están haciendo en el PSOE. La reflexión a la que quiero llevar a mis lectores es el silencio, la mansedumbre, tal vez la resignación, con que en las filas socialistas se vive este momento. ¿Tal vez a la espera de una recuperación? Dado que enfrente está Mariano Rajoy, alguien de quien ni Aznar se fiaba, no cabe duda de que esa distancia en las urnas sería considerablemente menor, pero... nunca lo suficiente, a no ser que le descubran a Rajoy diez hijos secretos o diez millones escondidos, nunca lo suficiente, decía, como para reparar los muy graves daños sufridos antes de las elecciones.

Ese silencio es silencio de miedo o de complicidad, en cualquier caso es silencio culpable. EL PSOE, otro PSOE, no el de Zapatero, es imprescindible para la democracia pero nadie en su partido parece decidido a ponerle el cascabel al gato ni mandar al zapatero a sus zapatos leoneses. La debacle socialista, en el caso de que se produjera, no sería beneficiosa para el PSOE ni para España. Al PSOE se le han estrellado más de tres cohetes, pero no parece que vayan a rodar cabezas: todos temen por la suya propia.

El episodio vivido con los controladores aéreos puede ser un buen primer paso en la senda de la recuperación socialista, pero Zapatero tiene por delante una maratón casi imposible de completar a tiempo. Muchos españoles jalean a los controladores por el simple hecho de haberse plantado ante el gobierno y haberle echado un pulso al gobierno, aunque haya sido en la cabeza de seiscientos mil inocentes pasajeros, lo que a mi modo de ver indica el grado de malestar, disgusto, impaciencia, preocupación, inquietud y agitación social que se está viviendo en España. Somos el hazmerreír del medio mundo civilizado y nos vale si eso sirve para meterle un dedo en el ojo al Zapa y sus ministros de gominola.

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